Mostrando entradas con la etiqueta copyright. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta copyright. Mostrar todas las entradas

miércoles, enero 18, 2012

Stop SOPA / PIPA / Ley Sinde

O Internet quedará así:

domingo, julio 03, 2011

Sobre la detención de la "cúpula" de la SGAE

Desde el punto de vista del copyfight (es decir, de la lucha contra el copyright abusivo) que detengan a la "cúpula" de la SGAE por lucrarse ilegalmente es totalmente irrelevante (otra cosa es que los hubieran detenido por lo que se lucran de forma inmoral aunque sea actualmente legal). Ni se cuestiona el modelo de derechos de autor y de explotación imperante, ni el modelo de recaudación de entidades de gestión privadas, ni se plantean modelos distintos de compensación de autores, ni nada de nada.

No se ha avanzado un milímetro. Lo único que ha ocurrido es que se nos ofrecen unos chivos expiatorios para aplacar nuestro enfado, pero pasando de largo por el meollo de la cuestión. La gente aplaudirá con las orejas (y tiene todo el derecho a hacerlo), pero la LPI sigue como estába. La Ley Sinde no ha sido revocada. Y pronto se votará ACTA, y todo lo que ello conlleva, en los parlamentos nacionales de Europa.

Distintos perros con el mismo collar.

sábado, enero 09, 2010

Librecreadores

Profundizando en lo expuesto en Las guerras del siglo XXI serán las guerras del copyright, ha llegado el momento en que es necesario empezar a "distinguirse del enemigo". La palabra "creador" están tan sobada y manoseada que es necesario empezar a marcar distancias con ella. Así que se me ha ocurrido que, lo mismo que librepensador tiene una connotación distinta y separada de pensador, podríamos crear un término análogo: el librecreador.

El librecreador sería aquél creador que, además de crear, es consciente de que el que recibe una creación necesita de una serie de derechos de libre difusión y reproducción de la misma, derechos explícitamente otorgados por el creador, de forma que le garantice al receptor de la obra que dicha obra creada no va a ser utilizada posteriormente como "arma legal" a través de una denuncia por infracción contra la propiedad intelectual.

El librecreador sabe que sus creaciones necesitan de una licencia de libre distribución (ojo, no he dicho una licencia libre, una licencia libre otorga aun más derechos que la mera libre distribución y yo aquí me refiero en exclusiva a la libre distribución) y consciente de ello, proporciona sus obras bajo un marco jurídico (una licencia) que otorga a los destinatarios de la misma una serie de derechos respecto a la difusión y distribución de la obra, con los que éstos pueden disfrutar de la creación sabiéndose al amparo jurídico de poder hacerlo sin problemas legales posteriores. Un ejemplo bastante bueno puede ser emplear en sus creaciones cualquiera de las licencias Creative Commons (incluyendo las cláusulas "no comercial" y "no derivados"), aunque también me gustaría señalar que las CC no son las únicas licencias que existen con la capacidad de garantizar la libre distribución, sólo una de las posibilidades (aunque por otro lado son las más extendidas).

Ahora mismo, con los paquetes legislativos que los zelotes del copyright están logrando que aprueben los distintos gobiernos e instituciones, la inseguridad jurídica en Internet es total. Caminar por Internet es como caminar por un campo sembrado de minas de "Propiedad Intelectual", esperando a activarse en cuanto un incauto ponga sus pies sobre ellas. Con la nueva legislación en la mano, se pueden dar casos como que poner un enlace a una página web que tenga la claúsula estándard "© Todos los derechos reservados" puede considerarse una infracción de la propiedad intelectual y llevar al cierre del sitio web que proporciona el enlace. Sí, es absurdo, dantesco y desproporcionado, pero es el marco legal que ahora mismo se está construyendo para Internet.

Sin garantías que le salvaguarden y protegan de cualquier arbitrariedad que un creador pueda realizar, cualquier usuario está jurídicamente indefenso ante la trampa del "Extreme Copyright" y en las manos de los creadores. Y aquí es donde los creadores sensibilizados deben posicionarse del lado del indefenso, y acudir en ayuda de los usuarios, proporcionándoles de la seguridad necesaria, de las losetas sobre las que caminar sin que estallen o se hundan a sus pies. Y los usuarios —las personas— deben poder distinguir un tipo de creador de otro. Deben poder distinguir los librecreadores de los que no lo son, para separar el grano de la paja. Empezando por el lenguaje. Empezando por distinguir a los librecreadores de los creadores en general.

La librecreación necesita impulso. Necesita promoción, darse a conocer. Necesita que la gente sepa apreciar la diferencia, y porqué de esa diferencia. Necesita también de canales de distribución fiables, por los que la gente sepa que pueden caminar sin peligro. Es un trabajo ímprobo, largo y difícil, pero necesario. Me gustaría discutirlo. Me gustaría hablarlo con otros que compartan estas inquietudes. Me gustaría lanzar tormentas de ideas acerca de qué se puede hacer para fomentar la cultura libre. Por todas estas razones he abierto un Wave público en Google Wave llamado Librecreadores, en el que me gustaría que participárais si estáis interesados en estos temas. Lo podéis encontrar buscando 'with:public title:librecreadores' (sin las comillas). El enlace al wave es éste, y el wave ID es googlewave.com!w+J9V5T-LrA.

lunes, noviembre 30, 2009

Las guerras del siglo XXI serán las guerras del copyright

El tema del copyright es un tema recurrente en este blog, así que pido disculpas de antemano si me repito o resulto pesado. Si lo soy, es porque el tema tiene una enorme transcendencia e importancia, y el tiempo nos está dando la razón a quienes opinamos así.

Como si se tratara de un plagio del argumento de "El imperio contraataca", en estos momentos los grandes intereses económicos de la mal llamada industria de los contenidos —en todo caso sería la industria de los contenedores— están presionando a través de sus lobbys a los parlamentos, gobiernos e instituciones de todo el mundo y en toda jurisdicción, para establecer leyes, normas y sanciones de todo tipo contra la violación de los que ellos llaman "derechos de autor" —y que en realidad estrictamente hablando son derechos de explotación—. La ofensiva es de tal calado, que han conseguido que se aprueben leyes de los "tres avisos" en países como Francia o Reino Unido, y aspiran a mucho más, envalentonados por sus logros.

En España, la batuta de esta guerra por el bando de los zelotes del copyright la ha tomado la llamada Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, coloquialmente "la Coalición", en la que se agrupan tanto los viejos conocidos de las entidades de gestión o la patronal de la industria musical, como nuevos "viejos negocios" ahora desahuciados por la venida de lo digital (editoriales, libreros, medios de comunicación). Esto es bueno porque por fin tenemos un enemigo definido y uniformado que se ha quitado la careta y presenta un frente claro y abierto. Y porque —lo sé, en el fondo soy un romántico— por fin tienen un nombre de villano ("La Coalición") digno de las organizaciones malvadas de novelas, seriales y películas.

¿Cual es el juego de la Coalición, y del resto de organizaciones equivalentes? Utilizar su dinero e influencia para convencer (o tal vez "convencer") a los legisladores que el copyright es un derecho fundamental, sacrosanto e intocable, que debe ser defendido a toda costa. ¿Por qué? Porque la única manera real de frenar que los contenidos digitalizados fluyan en todas direcciones sin control es nada más y nada menos que socavar un auténtico derecho fundamental, tal y como entendemos las libertades en el mundo occidental: el de la privacidad e intimidad.

En una cultura como la occidental donde los derechos y las libertades individuales son piedra angular desde hace 2.500 años, el hecho de someter a un espionaje contínuo y sistemático nuestras comunicaciones para "comprobar que no hay violaciones de los derechos de autor" no sería nada bien recibido. La capacidad de "cachearnos" digitalmente (nuestros pen drives, tarjetas de memoria, discos duros y cualquier dispositivo de almacenamiento), de monitorizar nuestras actividades en nuestros ordenadores y restos de dispositivos de computación (incluyendo teléfonos, PDAs, consolas, e-readers y quién sabe qué más) y la imposición obligatoria de dispositivos de coherción de derechos digitales (DRM) en los mismos, serían sistemáticamente tumbados judicialmente por nuestros derechos a la intimidad y privacidad, así que su primer objetivo es lógicamente renivelar la balanza a su favor y "sacralizar" sus derechos de explotación como un derecho de primer orden equiparable al de privacidad, y así conseguir sus propósitos, aun a costa de convertir a nuestra sociedad en un remedo de "1984".

Ahora ya sabemos lo que nos jugamos en esta guerra. Nos queda saber cómo combatir en la misma. Hace poco, hablando con Pedro Jorge sobre estos mismos temas, le decía que "las verdaderas batallas se van a librar en sitios que no son los juzgados". Y no, no creo que se libre en los juzgados, principalmente porque si fuera a librarse en los juzgados, hace ya tiempo que a los zelotes del copyright los hubieran puesto en su sitio de una vez por todas. Hay libros enteros[1] con argumentos históricos, jurídicos y de sentido común, que tratan el tema con la suficiente profundidad como para que me extienda aquí repitiendo lo que ya ha sido explicado por expertos en el tema con toda profusión de detalles.

La verdadera batalla se va a librar, por un lado, en los bolsillos de los ciudadanos, que son los auténticos objetivos de todo este movimiento de rapiña. Y que no va a estar por la labor de que les expolien sus maltrechos bolsillos con no se qué excusas "morales" sacadas de la manga. Pero si bien los ciudadanos no se van a dejar desplumar tan fácilmente como los zelotes piensan, esa va a ser una batalla de fondo, una guerra invisible que se librará implacablemente, detrás de la cortina. Mientras tanto, hay una batalla visible que librar, que transcurre en el plano público, y que es de la que realmente me interesa hablar aqui.

En la desobediencia civil de Henry Thoreau, que ha servido de inspiración a movimientos pro-derechos como los liderados por Gandhi o Martin Luther King, subyace la misma idea: emplear las propias herramientas que el sistema nos otorga para luchar desde "la legalidad" contra él. Richard Stallman fue pionero en dar forma a este principio con relación al copyright: fue el primero al que se le ocurrió "circunvalar" el copyright utilizando las propias leyes del copyright. Y esa idea la aplicó a los programas de ordenador, creando la licencia GPL y con ella los conceptos de software libre y "copyleft". Posteriormente, lo que inicialmente fue pensado para el software, se extendió a todo tipo de piezas de información que no fueran necesariamente programas de ordenador: textos, música, imágenes, ... dando con ello nacimiento a un concepto más global que se pasó a denominar cultura libre.

Y la cultura libre es nuestra auténtica arma para ganar las guerras del copyright. Porque allí donde la cultura libre prospere, estrangulará con su exhuberancia la avaricia de los zelotes del copyright. Y todo, desde la más estricta legalidad.

No quiero insistir en los conceptos de la economía de la abundancia y la economía de la atención[2]. Me limitaré a señalar algunas obviedades:

  • Mientras se "consume" cultura libre (si es que la cultura debería ser "consumida", pero eso es otro debate), no se "consume" cultura privativa.
  • La cultura de libre distribución, por su carácter, se expande con más facílidad que la que no lo es.
  • Si no se "consume" cultura privativa, no hay ganancias. Si no hay ganancias, los actores interesados económicamente en la pervivencia de la cultura privativa, dejan de estarlo (ya no es un negocio).

Así que, resumiendo, para defender nuestros derechos y libertades básicas de la amenaza de un control totalitario con la excusa de la salvaguarda de los derechos de copyright, lo que hay que hacer es reventar el interés económico en el copyright, a base de ahogarlo creando y extendiendo obras culturales libres, o al menos de libre distribución.

Es importante entender que no basta con el mero concepto de cultura libre para acabar con la amenaza. Es imprescindible que esa cultura libre exista, y en abundancia; sea real. De la misma manera que el software libre ha obtenido importantes victorias en el campo de las libertades, pero no por el mero hecho de que exista la licencia GPL. No estoy haciendo de menos la obra de Stallman, que además, aparte de la GPL, se ha dejado la salud programando software libre para todos nosotros. Pero es importante entender que el software libre es lo que es, porque muchos programadores lo han comprendido y abrazado sus principios, y han desarrollado infinidad de programas de todo tipo bajo su filosofía, lo que nos permite tener ahora mismo alternativas con las que defendernos de las imposiciones arbitrarias y/o aberrantes con que los agentes del software privativo nos pudieran intentar amenazar (por eso se han pasado al etéreo campo de las patentes, o a la amenaza del cierre de datos de la nube). Así como el software libre nos sirve de trinchera en el campo del software, la cultura libre también debe servirnos de escudo. Alcanzando la misma masa crítica en el resto de las áreas culturales estamos además protegiéndonos de la amenaza de los zelotes del copyright, aparte de contribuir con una cultura universal de verdad, accesible a todos, sana —no adulterada por intereses ajenos—, tal y como debería haber sido siempre.

La buena noticia es que, para lograr este objetivo, no necesitamos cambiar nada de lo que ya estamos haciendo. Porque ya estamos generando todo tipo de obras y material cultural en grandes cantidades y de libre distribución, sin darnos cuenta. Todos los días. Y el asunto es tan preocupante para los zelotes del copyright que, dándose cuenta de su debilidad, arremeten con lo que pueden para tratar de desviar nuestra atención del que debería ser nuestro objetivo: hacer más y más.

Ésta no es una tarea para gigantes o superhéroes. Habrá quien aporte más, un plus especial, porque son buenos en lo suyo. Pero una red es robusta cuando el hecho de que fallen nodos ni se nota, dado que hay muchos otros para reemplazarlos. Y ese es un trabajo de "hormiguitas", no de gigantes, en el que cualquiera puede participar, y participa. Tal vez te parezca que escribir una entrada en tu blog muy de vez en cuando, o hacer y compartir una foto, o un video, o cualquier otra cosa, no vale para nada. Y vale, tal vez su valor sea en muchos casos infinitesimal. Pero la suma de todas esas aportaciones no es infinitesimal. Una entrada en un blog puede no marcar la diferencia, pero las cientos de miles de entradas de blogs que se escriben sobre mil y un temas, todos los días, sí que la marcan. Y lo mismo podría decirse de otras muchas áreas. Y para conseguir ese efecto red en realidad no se necesita ninguna "organización", ni "plan de batalla", ni grandes manifiestos o alharacas. Sólo seguir haciendo lo que ya hacemos todos los días, si cabe con un poquito más de intensidad y convicción.

Yo desde luego lo voy a intentar. ¿Te apuntas? Si es así, bienvenido, amigo, al ejército de hormigas de la cultura libre.

--

[1] como "Cultura Libre" de Lawrence Lessig (disponible en español aquí) o "Moral panics and the Copyright Wars" de William Patry.

[2] algunos ejemplos ya han sido tratados aquí en artículos como "¿Está la edición (como industria) obsoleta?" o "Funciona porque es gratis"

lunes, julio 20, 2009

El fiasco del DRM

El reciente despropósito de Amazon consistente en borrar de los Kindle libros* ya comprados por sus clientes [2] aun con devolución del dinero, vuelve a poner sobre el tapete el fiasco que es el DRM (Digital Rights Management, gestion digital de derechos). La defensa de Amazon de que se trataban de ediciones no autorizadas de los libros en cuestión no pasa de ser una mera excusa que sólo sirve para desviar la atención del verdadero problema: la "gestión de derechos —supuestamente de autor—" no pasa de ser un eufemismo de "restricción de derechos del lector" (me voy a centrar en el DRM de los ebooks, pero es extrapolable a cualquier otro contenido).

Hablando de derechos de autor**, da la falsa impresión de que estamos hablando del control por parte de su creador o autor, cuando el que realmente posee los derechos de explotación de una obra es el editor (la editorial)***. El autor crea, pero el que realmente publica y hace de vender libros —sean de papel o electrónicos— su negocio es la editorial. Así que lo primero es que el DRM o gestion de derechos digitales es un mecanismo de control hecho para la defensa del modelo de negocio de distribución digital de contenidos de las editoriales, no para la defensa de los derechos de autor.

El problema fundamental del DRM es que, por intentar defender a una de las partes, se olvidan y restringen fuertemente los derechos de la otra: los lectores y compradores. En la pifia de Amazon es flagrante, pero no es el único caso que se da, como nos recordaba recientemente Cory Doctorow en una discusión sobre el DRM [round 2]. Hay multitud de casos de derechos que antes eran plenamente asumidos en el formato de papel (el más habitual: prestar un libro a tu pareja/familia/compañero de habitación/...) que cuando el DRM entra en escena, se pierden completamente con la excusa de "defender los derechos del autor".

El DRM proporciona el control discreccional del contenido en exclusiva a una de las partes —el vendedor— y deja indefenso al comprador ante los intereses económicos de éste. Es el problema de siempre: ¿quién vigila al vigilante? Porque los editores y distribuidores de contenido se erigen, con el DRM, en vigilantes de los derechos de los mismos, pero nadie les vigila a su vez que éstos no atenten contra los derechos de los lectores. Y cada vez restringen más los derechos que antes se tenían con un ejemplar en papel. O al menos derechos que tradicionalmente se han asumido con las obras de papel, porque si uno lee las notas de copyright actuales, hasta el prestar un libro a un amigo aparece como constitutivo de violación de copyright:

"Todos los derechos reservados. Queda prohibido la reproducción total o parcial de ésta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler, o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito de los titulares del copyright".
Además, la aparición de los ebooks, separando contenido y continente, ha planteado incómodas cuestiones de derechos que el DRM pone aun más en la picota:
  • ¿Por qué no puede alguien que ya posee un libro en papel transformarlo a un formato digital? ¿No abonó en su día los correspondientes derechos de explotación?
  • Asimismo, ¿en base a qué no va a poder un comprador de un ebook imprimir una parte o todo del mismo por su comodidad o conveniencia?
  • ¿En virtud a qué derecho de autor se le niega al comprador de un ebook la posibilidad de transformarlo a otro formato digital, para su disfrute en otro dispositivo, ya sea ahora o en el futuro cuando el formato actual no esté soportado?
  • ¿Quién nos garantiza que la plataforma de DRM no cierre/quiebre/fracase y nos quedemos sin poder acceder a los contenidos legítimamente adquiridos? (atención, esto no es una hipótesis, ya pasó con el antiguo servicio de música de Microsoft)
Paradójicamente, el tradicional libro de papel de toda la vida, está libre de cualquier tipo de DRM: es perfectamente posible fotocopiarlo, escanearlo, incluso teclear su contenido sin que haya ninguna restricción tecnológica que lo impida. Es posible prestarlo a cualquiera, sin que haya ninguna manera de controlar a quién o cuantas veces. La única "protección" es la declaración de copyright que he transcrito más arriba, unas cuantas palabras disuasorias. Esas palabras son más que suficientes para los editores en el caso de papel, pero en el caso del formato electrónico, exactamente las mismas palabras les resultan inconcebiblemente insuficientes. Señores editores: el que quiera saltarse las leyes, lo va a hacer de todas, todas. El DRM sólo sirve para fastidiar a los usuarios legítimos, y como tales son éstos los que más lo detestan.

El DRM presenta ese gran efecto disuasorio de cara al consumidor. Los derechos que adquiere son, merced a la tecnología, 'revocables' (controlados desde fuera), así que en realidad el comprador no lo percibe como una compra (transacción imposible de deshacer) sino como un alquiler temporal. Esa desconfianza provoca un gran rechazo, lo que provoca a su vez que el consumidor busque copias de las que se sienta 'propietario' para hacer con ellas lo que quiera, y si legalmente no existen, recurre, como en tantos casos, al mercado negro, en este caso a la —mal llamada— piratería. O sea, el efecto contrario al que se pretendía. Por eso, hasta la propia RIAA reconoce ya que 'el DRM está muerto'. ¿Cómo podría ser de otra forma, si la tienda que más música vende ha dejado de usarlo?

La única "gestión de derechos" aceptable es la que sea garante de los derechos de todas las partes. Es decir, la gestión ejercida por las leyes y los tribunales. Y para eso, no hace falta ningún dispositivo electrónico ni esquema criptográfico. Lo único que hace falta es un corpus legislativo justo y equitativo para todos.

No me extraña que en ThePublicDomain.org se pregunten si no éramos más inteligentes (con respecto a las leyes del copyright) hace 100 años.

--
*para más inri, se trataba de ediciones de los libros de Orwell '1984' y 'Rebelíón en la granja'.
** se mezcla interesadamente los conceptos de derechos de autor o morales (al reconocimiento como autores y a la inalterabilidad de la obra, que son derechos irrenunciables de los autores de una obra y que no expiran nunca) con derechos de explotación, que son los que son negociables y vendibles (reproducción, interpretación, obras derivadas) y que tienen un periodo máximo de validez tras el cual pasan al Dominio Público.
*** excepto en los casos en los que el autor se autopublique, que actualmente siguen siendo minoritarios.

domingo, abril 06, 2008

Tomar apuntes, una violación de los derechos de autor

(Via Slashdot): Es lo que cuenta este artículo de Wired: Lawsuit Claim: Students' Lecture Notes Infringe on Professor's Copyright. Al parecer, un estudiante estaba recogiendo los apuntes de clase, empaquetándolos y vendiéndolos a sus compañeros de la universidad de Florida, y su profesor junto con el vendedor de e-books del mismo, lo han demandado.

Esto me recuerda a una historia que ya conté por aquí sobre el "Economato del apunte" en Podcasting en las aulas. Cuando tomar apuntes se torna en una finalidad en sí misma, y no es algo connatural a estar recibiendo una explicación, el siguiente paso lógico es la "mercantilización" de una actividad inútil y poco gratificante. Y si quien la suministra oficialmente (el vendedor de e-books) trata de distorsionar el mercado artificialmente, es normal que se genere un mercado negro paralelo.

Pero volviendo al asunto de la "propiedad intelectual", sería lógico pensar (al menos desde mi humilde punto de vista) que si uno recibe una lección, por la cual ha abonado un dinero (caso normal de los estudios universitarios) adquiera derechos sobre ese "material intelectual" recibido. Pues parece ser que no, según los demandantes: las ideas que él transmite son sólo un "préstamo temporal" sobre los que aun se reservan los derechos de explación. Me parece que susodicho profesor no se percata de la espiral en la que puede entrar: dudo que sus conocimientos sean totalmente originales suyos, adquiridos de forma autodidacta. Si sus profesores empiezan a reclamar sus derechos, y los profesores de sus profesores, y los profesores de los profesores de sus profesores, ¿a qué situación surrealista nos lleva todo eso?

Es espeluznante asistir a cómo, poco a poco, centímetro a centímetro la (horriblemente llamada) "propiedad intelectual" se asienta en el ideario colectivo sin contestación alguna (o al menos con una contestación débil y frecuentemente acallada). Tal vez lo primero que habría que hacer es cambiar la terminología, como proponían en algún artículo (que no encuentro), y de esa forma empezar a desenmascarar estos términos más propios de la neolengua orwelliana. "Propiedad imaginaria" es, por ejemplo, una buena propuesta.

viernes, octubre 12, 2007

Promo cinematográfica

De los guionistas de "Dos tontos muy tontos" y los productores de "Quitate tú pa'ponerme yo" , llega a nuestras pantallas "Los señores de los tonillos" (The lords of the ring rings), una comedia romántica costumbrista existencial con toques de drama, terror y aventuras.

Sinopsis: "Una joven madre soltera descubre en el fake de un fichero mp3 un complot de una organización criminal, conocida como los riianos, que pretende dominar el mundo. Pero es atrapada, torturada y esclavizada hasta que un día consigue escapar. En su huida, liberará a un gafapasta de su tortura --ver la filmografía completa de Pajares, Ozores y Esteso--, y juntos intentarán ejecutar un plan de venganza: encontrar la Fuente de la Eterna Riqueza de los riianos y destruirla, objetivo en el que contarán con la inesperada ayuda de un adolescente al que un virus riiano borró sus 100 terabytes de porno. Pero la tarea no será sencilla, ya que la Fuente está vigilada por una bestia mítica: el Canon Cerbero..."

Más información sobre cine en "Estamos rodando (cuesta abajo y sin frenos)"

Advertencia: esta es una obra de ficción, cualquier parecido con personas o hechos de la realidad es pura coincidencia.

martes, noviembre 14, 2006

El mismo rasero


Lo dicho aquí: cada vez que me veo en la misma lista que Calvino, Cortazar o el Coronel Ignotus es que me da la risa floja. Alguien debería revisar su criterio a la hora de "compartir cultura". :-P

La verdad que ese texto en concreto hace poco lo estuve revisando (habrá más novedades sobre esto en un futuro cercano) y la verdad es que, siete años después, me parece de una candidez extrema. xD

Aunque tampoco se puede decir que ahora haya recuperado la vergüenza y no siga diciendo tonterías...

domingo, octubre 29, 2006

Hagamos un Calvo

Esta ministra de cultura que sufrimos y padecemos cual plaga bíblica, va a conseguir que cambie el significado de tan castiza expresión. Después de la ley del cine, a esta señora no se le ha ocurrido otra cosa que prepararnos la ley del libro. Y todavía amenaza con una ley de la música*, con lo cual ya tendríamos el triplete (las tres marías: la caca, la mierda y la porquería).

¿En qué cabeza cabe que el problema con la lectura en este país provenga de que "las grandes superficies" hagan un descuento en los libros? Ojo, estamos hablando de un 5%. Es lo máximo permitido por ley, excepto el día del libro, que se permite un 10%. Reconozco que yo (y no sólo yo) soy capaz de darme un paseo por ahorrarme ese 5%. Incluso que algunos años me he esperado al día del libro para surtirme en abundancia, sólo por el descuento.

Tal vez a la señora ministra le parezca una mezquindad, pero únicamente estamos optimizando nuestros recursos dedicados a la lectura (con el mismo presupuesto conseguimos leer más ¿no es eso acaso "fomento de la lectura"?). Lo mismo que cuando recorremos interminablemente puestos de libros viejos, en rastros o ferias, revolviendo entre volúmenes mohosos, en busca del santo grial de la ganga de quinta mano, o cuando nos tenemos que esperar uno o más años a que salga ese título tan interesante en formato bolsillo a un precio más asequible**.

El canon de las bibliotecas, cuya aplicación parece ya inevitable, supone en la práctica una transferencia desde la partida destinada a bibliotecas del presupuesto del ministerio de cultura a las sociedades de gestión de derechos (empresas privadas). Dinero que se tendrá que privar de otra parte (lo más probable, de la adquisición de nuevos libros). Yo nunca he sido muy amigo de usar las bibliotecas públicas (vena fetichista y también acomodaticia de leer un libro cuando y durante el tiempo que me de la gana), pero a partir de ahora, ni agua. Que sirva como derecho al pataleo, y para que al estado le cueste lo menos posible.

Irónico es que, como decía alguno, yo también he donado libros a la biblioteca pública más cercana. Libros por los que ahora el estado tendrá que pagar, ¡incluso si soy yo el que los leo!, a pesar de haber pagado mis correspondientes gabelas de "propiedad intelectual" en su día. Un despropósito, sólo entendible desde la óptica de la voracidad crematística del grupo de amiguetes que controlan las entidades de gestión de derechos y se reparte ese dinero entre ellos.

¿Qué hacer?

Personalmente cada vez estoy más convencido de que, cuando lo público falla, es lo privado el que debe tomar la iniciativa. Y por privado me refiero tanto a las empresas, como a particulares y organizaciones y no provenientes del estado.

Teniendo la red, que es un inmenso almacén de consulta muchísimo mayor que cualquier biblioteca, encima ampliado con proyectos como Google Books, pudiendo comprar en librerías virtuales como Amazon, con precios más que competitivos y un inmenso catálogo incluyendo lo último de lo último de cualquier tema que se nos ocurra, popularizándose cada vez más los e-books, sobre todo en los libros técnicos que son obras fundamentalmente de consulta y muy fungibles, teniendo proyectos como Bookcrossing, e incluso pudiendo editar nuestros propios libros, lo que yo me pregunto es cómo, en el nombre del MEV*** , se atreven a pensar que nos van a hacer comulgar con ruedas de molino.

El mercado editorial está en el filo de la navaja, y lo único que le puede servir es apelar a la "responsabilidad" del consumidor para mantenerlo. Basta con que estos consumidores perciban que se les está tomando por el pito de un sereno para que todo el montaje corra el riesgo de venirse abajo con estrépito. No existe el monopolio cultural que algunos se cree, y si no consumimos SU "cultura", ya consumiremos la de otros. Y a algunos ya se nos están hinchando bastante las pelotas...

--
* Ley de la música me daría igual si no fuera porque estoy seguro que pagará directamente sus desmanos de mi bolsillo.
** Basado en hechos reales --y cotidianos--.
*** Monstruo Espaguetti Volador.

sábado, noviembre 26, 2005

iTunes ya vende más que las tiendas de CDs

Al menos en EE.UU., según cuenta The Guardian. Que el modelo tradicional de distribución de productos culturales (arrggg, perdón por el oxímoron) está más que agotado lo saben hasta las propias productoras, aunque aun sigan jugando el juego del gato y el ratón (otro ejemplo: AOL ofrecerá gratis --con publicidad-- en su portal más de 100 series clásicas de TV)

Dentro de no mucho tiempo, veréis como se envolverán en la bandera de ser los máximos impulsores de la distribución de contenidos en Internet. Si no, al tiempo...

(vía Slashdot)

martes, junio 07, 2005

Extendiendo el copyright

Los norteamericanos no son los únicos que aumentan y aumentan los periodos de copyright, en un desesperado intento de seguir sacando leche de la misma ubre. Ahora son los británicos los que quieren extender el copyright de la música popular hasta los 100 años, duplicando el periodo actualmente estipulado. En la nota ponen como ejemplo dos canciones de los Beatles, que en vez de pasar al dominio público en el año 2013, lo harían en el 2063.

Se puede estar a favor o en contra de las leyes de la mal llamada "propiedad intelectual" (*), pero lo que no se puede rebatir es que la extensión indiscriminada del periodo del copyright no sólo es un abuso del espíritu de dichas leyes, sino una ruptura de la ley en toda regla: ¿es que nadie ha oido hablar del que las leyes no se pueden aplicar retroactivamente? Señores, un poco de seriedad jurídica. Los Beatles o quien sea ya sabían cual eran sus derechos de copyright (que al fin y al cabo es análogo a un contrato con el resto de la sociedad), y no hay ningún derecho jurídico a que se los cambien, ni para más, ni para menos (imaginaros a qué altura pondrían el grito si la ley se cambiara para dejarla no en el doble, sino en la mitad).

Si a partir de ahora el copyright es de cien, doscientos o quinientos años, pues vale. Los propios autores decidirán si merece la pena o no tal "protección", y se acogerán a ella. Pero esto de la "extensión" de lo que ya va a expirar, es el timo del tocomocho en versión (C).

Ahora, que sigo pensando que la única manera de acabar con estos abusos es mediante la promoción del contenido libre (la música libre, los libros, textos y artículos libres, etc). Lo mismo que el software libre ha demostrado ser la única respuesta posible al software privativo (y no el software pirateado, que lo único que hace es perpetuar el esquema), el contenido libre va a ser el único que nos permita dejar obsoletas no sólo estas leyes, sino estas actitudes sobreprotectoras.

Es más: hoy por hoy hay sobreabundancia de ocio. Hay ocio para consumir en la red como para no darte tiempo a hacer nada más --al menos yo no doy a basto a leer blogs y escuchar podcast, por ejemplo O:-)--. Dentro de poco habrá que perseguir e implorar a los usuarios que te lean o te escuchen. Por desgracia, los que están en el pedestal no quieren entenderlo. Más dura será la caída.

---------
(*) "propiedad intelectual" es un oxímoron, puesto que las ideas no pueden tener propietario. No, al menos, mientras no exista Policía del Pensamiento.

miércoles, junio 01, 2005

Sobre el derecho a cita

Como dije, voy a hablar del derecho a cita, y de paso le respondo a Hector.

Aclaración: voy a hablar de la legislación española, que es la que me atañe directamente. Esto quiere decir que deberíais consultar las leyes de vuestros respectivos paises (si no son España) para verificar que efectivamente es así. Lo normal es que estas leyes de propiedad intelectual sean transversales entre países, pero siempre puede haber excepciones o detalles que cambien.

Aclaración 2: Como dicen en las news, IANAL, es decir, I Am Not A Layer (no soy abogado), así que tomense mis palabras con las cautelas necesarias.

El artículo 32 del actual Texto Refundido de la Propiedad Intelectual dice:

Artículo 32. Citas y reseñas.
Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico, fotográfico figurativo o análogo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico. Tal utilización sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada.

Las recopilaciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revistas de prensa tendrán la consideración de citas.
La ley no define lo que entiende por cita, pero yo entiendo que una cita es una parte (generalmente reducida) de un trabajo mayor. Quiero decir que yo no puedo tomar una obra entera (un libro) y ponerlo en la web con el pretexto de que lo "estoy citando". Dudo mucho que ningún juez fuera a admitir ese uso del derecho de cita, y puesto que la ley no es específica, es el sentido común aplicado por los tribunales de justicia el que en definitiva va a determinar dicha interpretación.

Pero me gustaría resaltar otra condición para ampararse en este artículo 32: "...y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico" (el resaltado es naturalmente mío). Esta es, creo, la cuestión fundamental: para reclamar nuestro derecho de cita debe haber un interés de estudio de la obra en cuestión. Está claro que ese es el motivo de la inclusión de este artículo en la ley: la de permitir la realización de estudios, utilizando las propias palabras de la obra (o tal vez tomando un trozo de una imagen, ¿podríamos tomar una imagen completa de un cuadro, por ejemplo como una cita si nos propusiéramos estudiarlo?).

Para que veáis un ejemplo, yo he utilizado algunas frases de un libro publicado (y con copyright) en la wikipedia (!), y lo hice amparándome en este derecho, puesto que consideré que las palabras del autor aportaban muchísimo más como estudio de la persona en cuestión que cualquier interpretación que yo pudiera hacer de ellas ("Asimov dijo de Campbell que tal y cual"). La diferencia es sutil: el peso de las palabras no es el mismo, ya que el citar a Asimov permite al lector interpretar per sé sus palabras, no leer mi interpretación y reelaboración de las mismas.

Cuando Hector nos narra un (brevísimo) pasaje de El Silmarillion, y lo hace no con ánimo de entretener al lector (ya sea con o sin ánimo de lucro) sino con el de estudiar un personaje y, a través de él, la obra y figura de su autor, está en mi opinión utilizando expresamente su derecho a cita (aunque sea en un formato fonográfico). Naturalmente, desconozco las leyes de Perú, y por lo tanto no puedo asegurarlo al 100%. Pero dudaría mucho que esas leyes no contemplaran el mismo caso, puesto que si no... ¡el trabajo docente y académico en ese país sería muy peligroso!

Bien, con esto espero haber expresado mi interpretación del derecho de cita. Ahora bien, existe una polémica en España acerca del uso de este derecho por parte de un medio de comunicación digital que recoge artículos "de pago" de otros medios (digitales, y no sé si también no digitales). Y he oido en varias ocasiones, utilizar en este artículo 32 para amparar dicho comportamiento. ¿Es esto así? Hay un apéndice en el artículo 32 que me deja en duda ("Las recopilaciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revistas de prensa tendrán la consideración de citas.") ¿Se puede acoger Periodista digital a este apartado? No tengo ni idea. Como tampoco sé si se puede acoger (yo diría que con mucho más criterio) al artículo siguiente, el artículo 33 ("Trabajos sobre temas de actualidad").

Lo que no puede acogerse, en mi opinión, es al texto anterior (primer párrafo), puesto que citar un artículo completo, y más sin añadir nada, adolece completamente de espíritu de "estudio o juicio crítico", que es, como hemos visto, el requisito necesario para invocarlo. Y esto también vale por los que (por otro lado con su mejor intención) copian y pegan un artículo de cualquier otro medio sin su consentimiento (ya sea solicitado, ya sea legal por la licencia de distribución). Lo siento, pero la ley está así. Probablemente no es racional, pero eso para mí no justifica saltársela a la torera cuando nos convenga.