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domingo, enero 08, 2012

El precio de los ebooks y las tiradas

Voy a romper excepcionalmente mi silencio acerca de los ebooks y la crisis editorial para contestar a este desatino (me niego a poner el enlace al artículo de El País para no premiarlos encima con notoriedad y PageRank):

Desde Anagrama, Paula Canal rebaja las dosis de euforia: "Con bestsellers se pueden fijar esos precios [de ebooks] porque venden millones de unidades, pero ¿qué ocurre en el caso de ventas de no más de 1.000 ejemplares?", se pregunta. "No hay futuro con estos precios en un ecosistema editorial saludable, en el que todavía sobreviven ediciones pequeñas para títulos difíciles"
Lo primero que hay que decir es que realmente las ediciones pequeñas en el caso del mundo del papel no sobreviven por si mismas. En grandes y en no tan grandes editoriales, tienen uno o varios libros/autores superventas, que son los que cubren buena parte del negocio anual, se tienen un grupo mayor de autores no superventas pero sí con ventas medias (autores de género o nicho), y luego se publican muchas apuestas arriesgadas (autores nóveles, desconocidos, etc) cuyos costes normalmente no cubren la inversión caso por caso. ¿Por qué se hacen este tipo de inversiones, entonces? Porque, de vez en cuando, el burro toca la flauta por casualidad y un libro o un autor desconocido se convierte en un éxito de superventas que compensa con creces todas las inversiones fallidas.

El ejemplo más conocido de este fenómeno es El Código da Vinci de Dan Brown, pero hay muchos más. J.R.R. Tolkien y El Señor de los Anillos que le permitió al editor de Minotauro Francisco Porrúa publicar a su gusto un amplio catálogo de autores en algunos casos poco o nada comerciales gracias a los generosos beneficios obtenidos de la venta del autor inglés (un completo desconocido cuando Porrúa compró sus derechos). George R.R. Martin es el gordo —no ofense— de la lotería que le ha tocado a Gigamesh, y así podríamos seguir toda la tarde.

Así que cuando el editor citado arriba apela a "las tiradas cortas" para justificar el precio de los ebooks, nos está tratando de confundir una vez más. Si fuera verdad, la edición en tapa dura de El Señor de los Anillos hubiera costado 5€ mientras que la de tapa blanda de Pequeño, Grande hubiera pasado de los 50€. Pero las editoriales no funcionan así, porque saben que si ya es difícil que se compre un libro de un autor desconocido, si además el precio es claramente disuasorio no van a vender nada, así que obviamente los precios de los libros tienden a igualarse (para que así sean percibidos como del mismo "valor subjetivo) independientemente de la tirada. Se puede decir perfectamente que los best-seller "subsidizan" a las pequeñas tiradas, bien sean libros especializados o de nicho o fracasos.

Si esto funciona para el libro de papel, con mayor razón va a funcionar en el caso del ebook, puesto que, para empezar, se elimina la diferencia de costes asociada al volumen de las tiradas, distribución de las mismas, stocks y devoluciones, etc. Es decir, a los debidos al coste físico. Lo que puede repercutir en el coste de una plataforma de distribución y venta de ebooks añadir un título más es mínimo, y en todo caso relacionado con el número de títulos ya presente. Es decir, el coste de añadir un título a una plataforma que aloja ya 1 millón de títulos es simplemente despreciable, frente a añadir uno a una plataforma de 10 títulos. Obviamente las economías de escala triunfan, y no sólo por el efecto "cola larga".

Por otro lado, ¿qué costes fijos pueden repercutir en un ebook que puedan encarecer una pequeña tirada frente a una mayor? Se me han sugerido: derechos,  traducción y maquetación. Los derechos de autor en realidad son porcentuales, no fijos, así que no afectarían, pero me ponen la pega respecto a que las editoriales acostumbran a dar un adelanto. Aun teniendo en cuenta eso, estoy convencidísimo que los adelantos que dan las editoriales se basan en las ventas que se esperan de ese autor y obra en concreto, y que no se da el mismo adelanto a, por poner un nombre, Arturo Perez-Reverte que a un autor nóvel, por lo que los costes fijos en este caso favorecerían al autor desconocido frente al conocido.

En el caso de las traducción y derechos de autores extranjeros, es cierto que éste es un coste fijo en principio. Pero también es cierto que las obras y autores que se traducen suelen serlo en su mayoría porque son éxitos o han funcionado aceptablemente bien en sus mercados originales, y por lo tanto no son una apuesta totalmente a ciegas. Lo cual no quiere decir que no se pueda estrellar, claro, pero es algo que puede pasar exactamente igual en el papel, y se combate de la misma manera que en el caso de los de papel y de la misma manera que relatábamos al principio: los fracasos se compensan con los éxitos. De hecho, si el efecto de estos costes de traducción y derechos fuera realmente significativo, entonces en los propios libros de papel los autores extranjeros serían sistemáticamente más caros que los autóctonos, cuando cualquier vistazo a las estanterías de una librería nos dice que esto no es así. Bien sea por aumento del porcentaje de éxito por la criba de los mercados de origen, o por una uniformización de precios artificial de las editoriales, el caso es que no es óbice para que este apartado justifique un sobrecoste en los ebooks, y en todo caso si afecta, que lo haga en los ebooks extranjeros y no en los nacionales, cosa que no pasa.

El tercer apartado de revisión y maquetación es un coste que efectivamente repercute más cuanto más corta es la tirada. Nuevamente, no se diferencia del caso del papel, aunque hay que decir que los costes de maquetación digitales deberían reducirse significativamente con el tiempo basándose en herramientas automáticas de maquetación que se amortizarían a medida que son empleadas para la corrección y conversión de más títulos. Otra cosa es que las pequeñas editoriales, por su escaso volumen de títulos a publicar opten por una revisión y maquetación manuales porque no les compensaría el coste de las herramientas automáticas (aunque aquí se podrían adaptar estrategias de agrupación —cooperativas de editores por ejemplo— que permitieran el acceso a ese tipo de herramientas con unos costes contenidos).

¿Compensa el aumento del precio por estos costes de maquetación los debidos al caché del autor superventas? Es difícil de decir, aunque en cualquier caso no significaría una desviación demasiado llamativa. Lo que sí tengo claro es que un autor desconocido no se puede arriesgar a que su libro vaya en precio final por encima del de un libro equivalente de un autor consagrado, so pena de quedarse totalmente fuera del mercado. Por sentido común. Y si ello significa que debe sacrificar una parte de sus ganancias... yo no me lo pensaría. Si realmente cree en su obra y en el éxito de la misma, el volumen se lo va a compensar. Y siempre podrá aspirar a una mayor retribución una vez que ha entrado en el Olimpo de los autores consagrados —consagrados al menos por las listas de ventas.

¿Por qué el editor de la cita ha decidido obviar todo esto que naturalmente conoce? Go figure. }:-)

lunes, mayo 31, 2010

A vueltas con los e-libros y la crisis editorial (y IV)

Voy a acabar con esta saga de artículos de una vez. He llegado a la conclusión que es imposible convencer a quien no quiere ser convencido, mientras que a los convencidos repetirles una y otra vez los mismos argumentos les debe resultar a estas alturas de lo más cansino. Así que no merece la pena insistir más en ello. Sin embargo, a modo de resumen/conclusión, me ha parecido interesante recopilar unos cuantos artículos y enlaces que me han llegado por Twitter durante las últimas semanas. Así que, ésta vez, voy a dejar que sean otros lo que hablen de la crisis editorial y los ebooks, mientras yo me mantengo en un discreto segundo plano.

Empezamos por un fragmento de este artículo:

[...] La naturaleza industrial, intensiva en capital de la producción y comercialización de libros llevó a una distorsión importante de esta idea, al punto que hoy las obras son más vehículo de venta para los libros que al revés: la obra es la excusa para venderle al público otra pila rectangular más de papel industrialmente manchado y encuadernado.
Porque en realidad es ésto último, el libro, el objeto, lo que la industria editorial produce y vende, no obras, que son un mero insumo de su actividad. Un libro que contiene una obra popular venderá más ejemplares que otro que contiene una menos conocida, pero el precio al público no depende de las cualidades de la obra, sino de las características físicas del objeto: la calidad del papel, la impresión y el encuadernado. Un libro de tapas blandas cuesta siempre mucho menos que uno de tapas duras con la misma cantidad de páginas, independientemente de la obra que contengan.
Es tan obvio que lo que se vende es el objeto físico, y no la obra, que mañana mismo os podéis pasar por una librería, y encontraros el mismo libro del mismo autor con la misma traducción (y a veces con la misma portada) en dos tamaños diferentes, y uno por casi la mitad de precio que el otro.

Si fuéramos estrictos, no deberíamos llamarla "industria editorial" sino "industria de la impresión y el papel", que es un nombre mucho más ajustado a su realidad económica. Lo de "industria editorial" es más glamouroso, pero la verdad es que el core de negocio de un grupo editorial como Planeta o Random House Mondadori son sus empresas de impresión. Y el capital (las imprentas) de dichas empresas se amortiza haciendo uso de él. Es decir, imprimendo. Imprimiendo cualquier cosa: desde los trípticos propagandísticos de una clínica dental, hasta los Presupuestos Generales del Estado. Comics, revistas, cuentos infantiles, colecciones por fascículos... todo vale y todo interesa. Y los libros —de todo tipo y adscripción— por supuesto son una parte significativa de todo ello.

La llamada "industria editorial" nunca, jamás de los jamases, va a ir en contra de los intereses de su negocio (que es darle trabajo a sus imprentas). Es un cuestion de lógica y de pura supervivencia. Y en la medida que pueda evitarlo, no apostará por el ebook, salvo cuando no les quede más remedio. Esto hay que tenerlo siempre en mente.

Y en este punto llegamos al segundo enlace, la entrevista a Tim O'Reilly en Publisher's Weekly. Para los que no lo conozcan, Tim O'Reilly es el fundador de O'Reilly, una editorial originalmente centrada en libros sobre informática y tecnologías de la información, y que en 20 años se ha situado a la vanguardia de la innovación en el campo de la edición, y que incluso va más allá de la mera edición. Por ejemplo, Tim O'Reilly es quien acuñó el ahora tan manido término "Web 2.0".

La entrevista es para leérsela completa. Puedo ponerme a entresacar citas y no terminaría. No obstante, hay algunas que merece la pena entresacarlas para comentarlas aquí:
"The reason it's crunch time is that we are going to be choosing what platform we use, whether it is Amazon or Apple or Google or whatever, and it seems to me that some of these guys are trying to build the same kind of ‘one ring to rule them all' platform that Microsoft did,"
Es sintomático que las tres empresas citadas —cuyos respectivos negocios originales fueron una librería, una empresa de fabricación de ordenadores y un buscador de Internet—, que son los tres grandes contendientes en la lucha por el futuro mercado editorial, ni uno sólo de ellos tiene origen en el propio mundo editorial. Aunque si nos basamos en el razonamiento que hemos hecho antes sobre "industrias de la impresión", está claro que no podía haber sido de otra manera: ante la total pasividad de éstas en el mercado electrónico, han sido otros los negocios que, por diversas causas, se han extendido o desplazado de sus nichos originales para cubrir el hueco dejado.
Because there are now huge classes of products that used to be books that aren't anymore, and that will never be e-books, either.
El párrafo completo es para citarlo, pero la idea se resume en esta frase. La misma que yo quería reflejar en mi entrada El futuro de los libros. Ya no se van a vender mapas de carreteras, para eso están los GPS. Ni manuales, ni enciclopedias, ni cualquier otra cosa que necesite actualizarse frecuentemente, y que en papel se queda obsoleto rápidamente. Muchos "servicios" cuyo soporte era el papel, porque no había otra cosa, sen han visto desplazados poco a poco a lo largo de éstos años por dispositivos electrónicos dedicados y sensorizados (que responden al entorno), que ofrecen generalmente mucho más que lo que puede ofrecer un simple soporte estático. Otros, por medios más convenientes (reproducción audiovisual, etc). En todos estos casos el enemigo no era el ebook (como argumentaba en La persecución del ebook: equivocándose de enemigo), pero eso de poco consuelo le va a servir a la "industria de la impresión" que ve una parte de su negocio evaporada para siempre.
When we say book, or e-book, we're talking about immersive reading of content assembled for a reader. But I'm a little concerned that thinking is still too narrow, because you still see a lot of people simply trying to reproduce digitally what was there before, rather than asking themselves what users really want.
Por ejemplo: otra parte del negocio de la "industria de la impresión" —de hecho una parte muy importante del mercado de los libros— son los libros de texto. Y esta significativa parte está seriamente "amenazada" por la llamada Escuela 2.0. La Escuela 2.0 no es sustituir libros de papel por libros electrónicos o por portátiles. Lo principal de la Escuela 2.0 es repensar completamente el modelo de enseñanza, utilizando para ello todo lo que la innovación derivada nuevas tecnologías nos ha proporcionado. Que no es sólamente utilizar aparatos electrónicos más o menos sofisticados. Y en ese nuevo modelo de enseñanza, el texto —sea en papel o en una pantalla de ordenador o de tinta electrónica o de otro tipo— no tiene porqué ser más que uno de los varios soportes que pueden usarse en un momento dado, y no el "elemento central" alrededor del que gira la enseñanza, como ocurre en estos momentos, de tal forma que "aprender" se ha convertido en "memorizar" los libros de texto. Creo que lo mejor es que veáis por vosotros mismo lo que quiero decir con este video de las TED Talks.

¿Qué es lo que realmente necesita la Escuela 2.0?. ¿Digitalización de los libros de texto para disponer de ellos en un e-reader o un tablet? Eso no es ni la punta del iceberg. Pero lo que nos atañe es que la "industria de la impresión" no pinta nada en todo ese proceso (¡y estamos hablado de centenares sino miles de millones de euros en juego!). Probablemente hay un nicho de negocio ahí para "consultoría" y "servicios", "dinámicas" y "contenidos" educacionales, pero no es nada de lo que quiere oir porque no es nada a lo que se dedique ahora mismo la industria editorial, al menos la española (muy poco y muy tangencialmente, acostumbrados como están al "dedazo" y al enchufismo político más que a la calidad de sus productos). Y difícilmente va a hacer la transición por la misma razón que ya hemos concluido anteriormente: van a tender siempre a prolongar el negocio que realmente conocen y tienen invertido el capital (imprimir) mientras les sea posible.
I think too many people are too focused on form factors. I think discoverability remains a key problem, for example. I gave a talk once where I said retail distribution exists for the same reason we have alveoli in our lungs: to increase the surface area where reactions can occur. As we move to e-commerce and physical retail goes away, the biggest challenge for publishing is to create more surface area where people can encounter books. I think publishers should be thinking a lot more about visibility.
"[...] As we move to e-commerce and physical retail goes away [...]" Tim O'Reilly está descontando la muerte de las librerías físicas, algo que bajo mi punto de vista es también inevitable (me extiendo sobre ello en ¿Y dónde quedan las librerías en todo esto?). No tiene sentido económico ni siquiera para vender libros de papel. ¿Para que imprimir y transportar libros que no se van a vender? En un mercado cada vez más globalizado y en el que gran parte de los detallistas han pasado o están pasando a la historia ¿por qué no les iba a ocurrir lo mismo a los vendedores de libros al detalle?. Al contrario, si son de los pocos que quedan en el retail es por el interés de las editoriales, por un lado porque son las dueñas de las grandes cadenas de librerías —que son las que en esencia están sobreviviendo—, y por el otro porque se benefician del modelo de distribución que imponen a las librerías, en detrimento de las editoriales más pequeñas, las verdaderas perjudicadas, que ven sus obras cada vez más relegadas de las estanterías. Y esta tendencia sólo va a ir a más.

Un jerifalte de la edición española llegó a decir no hace mucho tiempo que "las editoriales no nos dedicamos a vender libros", me imagino que como una especie de concesión al gremio de libreros. Y se debió quedar tan pancho. Lo gracioso del asunto es que las editoriales que se dedican a vender libros: ese es su negocio. Y cada una de ellas es la primera interesada en vender sus libros. Y cuando la visibilidad es esencial, en un mercado globalizado, y en un mercado de la abundancia, no pueden delegar la tarea de vender en terceros a los que les puede dar igual vender su libro que el de la competencia. Simplemente es algo que no se pueden permitir poner en manos de terceros. Tim O'Reilly lo dice bien claro: ellos venden a través del medio que sea: a través de librerías físicas, sí, pero también a través de Amazon y otras librería virtuales, tanto ediciones digitales como de papel. Y también para teléfonos a través de las tiendas de Apple o Android o la que sea. Incluso a través de su web. No le hacen ascos a ningún medio, e incluso se inventan sus propios canales de venta —como el servicio Safari Books— porque lo que les importa es vender sus libros.

Lo mismo que O'Reilly, las editoriales pequeñas y las especializadas, cada vez más marginadas por las maniobras de las grandes que intentan copar menguante mercado, tendrán que abrirse su propio camino. E incluso los autores por si mismos, sólos o en grupo. Todas estas iniciativas serán las que, a la postre, transformarán el mercado del libro.
Our experience has been that people are willing to support the artist or the publisher. We get dozens, if not hundreds, of e-mails a day telling us, "I found an illegal copy of your book on a pirate site," because our customers care. They want O'Reilly to succeed. We're part of their life, part of their business. If you treat your customers as people you care about, they will care about you. If your customers don't care about you, then you're doing something wrong, and DRM is not going to fix that.
Bueno, ¿qué más se puede añadir? Quizá se puedan añadir las argumentaciones expuestas en El fiasco del DRM, pero la esencia del problema está ahí: la diferencia entre que tus clientes perciban que les ofreces lo que ellos quieren a un precio razonable, o que perciban que tu actitud es la de intentar maximizar los beneficios a su costa, pisoteándolos las veces que haga falta. Si perciben lo segundo, el DRM no te va a salvar...

Esto no lo está diciendo (parafraseando a ciertos cazurros) "un hippy de la cultura del todo gratis". Lo dice un editor de libros de éxito y prestigio que se gana la vida —junto con el resto del staff— con ello. Y sí, los libros de O'Reilly están pirateados desde tiempos inmemoriales,  mucho antes que los de cualquier editorial española. Lo que por cierto no ha impedido que incluso hayan vendido ediciones digitales de los mismos en CD...
Thomas Kuhn said in The Structure of Scientific Revolutions that for a paradigm shift to occur, the old guys have to die off. I mean, it may be as simple as that, because I don't think some of them are ever going to get it. My ultimate faith is that the market always finds a way through to some kind of sanity. When you have a new market, it takes a while for the economic engines of it to become clear. This is why so much of this stuff is so shortsighted, because people are trying to splice or preserve old economic models instead of trying to figure out new ones.
Mi párrafo favorito. Nos dice todo ésto ya ha pasado* y forma parte de la forma en la que funciona la sociedad: extinguiendo viejos modelos obsoletos y sustituyéndolos por nuevos. Es lo mismo que Clay Shirky expone más detalladamente en The Collapse of Complex Business Models (artículo al que merecería que le dedicara un artículo individual), y de una forma más general, no centrada exclusivamente en la "industria del contenido", es la idea subyacente en mi fábula del bosque y el fuego. Las fases de cambio son fases dolorosas, de incertidumbre y miedo; de crisis, en definitiva, pero éstas son parte inherente de un ciclo vital regenerador, no "el fin de los tiempos".

"My ultimate faith is that the market always finds a way through to some kind of sanity" Por supuesto que sí. No dejéis que los dinosaurios os contagien su pesimismo. El futuro está ahí, al alcance de quienes quieran extender la mano para atraparlo.
But we already have a real economy of ebooks. Are there tradeoffs? Yeah. There is some piracy, of course. But I look also at the opportunities. More than 60% of our e-book sales come from countries where we have no physical book distribution, so we have this huge expansion of our market as a result of e-books.
Nuevamente, mercado globalizado. ¿Cuánta gente hubiera comprado los libros en otro país, en otra lengua, hace 20, 30 o 40 años? Poquísimos. Sin embargo, O'Reilly está descubriendo y llegando a un mercado mucho mayor de lo que esperaba gracias a haberse convertido en una referencia mundial. Incluso más allá del mercado angloparlante. Una "cola larga" de personas de perfil técnico y empresarial que antes sólo podrían haber aspirado a acceder a traducciones/adaptaciones con años de retraso o copias en papel difíciles y caras de conseguir, y que ahora tienen los textos de lo último de lo último instantáneamente al alcance de click.

Pero para llegar a ese punto, antes han tenido que currárselo. Ha habido que arriesgarse, y ha habido que pensar. ¿Cuántos pueden decir lo mismo? ¿Cuántos ha preferido, sin embargo, seguir haciendo "lo que han hecho toda su vida" porque parecía que les valía/les iba bien?
I think EPub is working reasonably well, the idea of open standards for content. And I think that's going to get richer and better. I think the idea that there should be many different business models is incredibly important. And I think there's going to be more and more innovation that teaches us what works.
Tim O'Reilly en su línea habitual apuesta por lo abierto: formatos abiertos, espacio para todos (sin "cuellos de botella" de intereses intentando exprimir la vaca lechera). Y con la vista siempre puesta en la innovación para seguir mejorando (no dormirse en los laureles).
Publishing will grow into itself in the electronic future. Somebody will invent some little piece, people will copy it, someone will do it better, someone will figure out how to scale it, and we'll have a vibrant industry.
Esa es la conclusión de Tim. La mía es que el mercado editorial necesita de más editores como Tim y menos llorones agarrados a su vieja poltrona. :-)

Bueno, no sé si editores es la palabra, en todo caso, necesitamos más gente como él, se llamen como se llamen.

Una tercera cita sacada de Teleread: Viewing the future of publishing (no pulséis sobre el video del artículo aún, por favor):
The one thing no one wants to hear is that the more books that are available, the fewer will be read and the less valuable books become. In the marketplace, it is scarcity that causes prices to rise, not abundance.
Y estamos en una economía de la abundancia, así que ya sabemos lo que le espera al mercado editorial: asfixia por exuberancia. Hace poco había un artículo (que no he sido capaz de encontrar, lo siento) en el que se explicaba que, al ritmo actual, dentro de unos años (¿2030? ¿2050?) habría más escritores que lectores. Catastrófico, desde el punto de vista de las editoriales que viven de la escasez. Fantástico, desde el punto de vista de la cultura humana (porque la cultura no se crea ni se destruye: se transmite). Sería un momento álgido de la humanidad: el máximo de personas pudiendo compartir sus conocimientos con todos los demás, enriqueciendo la cultura universal hasta límites insospechados.

Por eso es por lo que decía Tim O'Reilly en la entrevista que la visibilidad es fundamental. ¿Hace falta que lo explique? No, no creo (o al menos eso espero).

Y para terminar, quería incluir el siguiente video (que también estaba en el enlace anterior, pero no quería que me lo pisara): Opposing Voices in Digital Publishing


Hay que tomarlo como lo que es, una parodia en la que se exageran cada una de las posturas. Aunque hay momentos que no consigo distinguir a la histérica escritora a la que todo el mundo "roba" de ciertos personajes del mundo real... En fin. En todo caso me parece un magnífico broche final y resumen para esta saga de entradas sobre la crisis editorial y los ebooks.

Lo que no significa que no vaya a volver a hablar de ebooks. Sólo que el enfoque, a partir de ahora será diferente. Ha llegado el momento de dejar de hablar sobre el pasado y el futuro de los libros y empezar a hacer para construir ese futuro. Y el pasado, que quede en manos de los historiadores y cronistas.

Como contaba en Internet es la mayor imprenta de la historia (y ahora sí que me cito a mí mismo):
Un e-reader, un simple e-reader con tinta electrónica, que hasta ahora "solamente" lo hemos considerado como a un mero sustituto del libro de papel, de repente se convierte en un canal de distribución de contenidos con un enorme potencial: una ventana al mundo escrito
No sé si realmente somos conscientes del potencial al ebook. Mirad, cuando me compré mi primer reproductor de MP3, no lo hice para oir música "pirateada"; ni siquiera para oir música libre. Lo hice porque en ese momento quería oir podcasts y hacer el mío propio. Cuando se empezaron a fabricar los primeros reproductores de MP3, no se hicieron pensando en los podcasts, se hicieron pensando en reproducir música. Pero luego alguien digo "¡Hey! Podemos grabar programas 'de radio' y distribuirlos en formato MP3, y cualquiera podría descargarlos de Internet y oirlos en su reproductor". Y de repente, se había creado un nuevo medio: una especie de radio a la carta con "emisoras" potencialmente infinitas. Hay podcast de los temas más peregrinos que os podáis imaginar, que jamás tendrían cabida en emisora de radio alguna (por su especificidad, especialización o simple amateurismo). Y todo eso existe gracias a una tecnología que no estaba pensada inicialmete para ello, pero que tampoco lo impedía. Y así surgieron un montón de nuevos contenidos que antes simplemente no existían porque no había un hueco para ellos.

Pues con el ebook, los e-readers y demás estamos en la misma situación: no tenemos por qué verlos como unos meros "contenedores" de los libros de papel ya existentes. Ese es el uso inicial para el que se crearon, pero los usos que les podemos dar sólo están limitados por nuestra imaginación. Alguien en algún lugar dirá (o habrá dicho ya) "¡Hey! ¿y porqué no los usamos para esto otro? ¿o de esta otra forma?". Y de repente se abrirá un nuevo horizonte de posibilidades que hasta ahora no habíamos contemplado.

Y es en esa dinámica es dónde realmente merece la pena estar. Al menos para mí, y en mi humilde opinión, es en la dinámica en la que me gustaría estar. Dejar de preocuparme de los dinosaurios en extinción para pasar a preocuparme de los mamíferos que pronto empezarán a evolucionar de mil formas distintas. Cuestión de supervivencia.

--
* "y volverá a pasar" :-)

sábado, febrero 06, 2010

A vueltas con los e-libros y la crisis editorial (III)

¡Hola! Soy Javier Cantero, y quizá me recuerden de entradas de blog como A vueltas con los e-libros y la crisis editorial (II) , El futuro de los libros, El futuro del libro digital (I), o La persecución del ebook: equivocándose de enemigo. Hoy también vengo a hablar de libros digitales, la crisis editorial y otros temas espinosos. Pero permitidme empezar con una cita de un capítulo de una serie de ciencia-ficción que ví recientemente:

«Tenemos que afrontar los hechos: la tecnología existe. No puede des-inventarse. Una vez que este ahí fuera, se abusará de ella. Ninguno de nosotros puede impedir que suceda, pero podemos elegir dónde queremos estar y de qué lado, cuando el fin realmente llegue.» — Dollhouse
Lo que dice el personaje de la serie es completamente pertinente: la tecnología está aquí; los ebooks no pueden des-inventarse. Por mucho que moleste a toda la cadena de productores/distribuidores del libro de papel (son muchas las industrias implicadas, muchos los puestos de trabajo amenazados, que miran no ya con recelo sino con miedo —que se traduce en odio— al ebook) la situación ya no es reversible. El ebook está aquí para quedarse, y para ir transformando el panorama mediante la destrucción. Como dijo Jeff Bezos en Newsweek:
"Los libros no están muertos. Simplemente se están volviendo digitales".
Y la dicotomía de esa sustitución de la vieja forma de hacer las cosas frente a la nueva, se está manifestando a través de lo que ahora se ha convertido en el meollo del asunto: ¿Cuál es el precio del ebook? Que, visto desde otro punto de vista, es lo mismo que preguntarse: ¿quién le pone el precio al ebook?

Los viejos actores (como el magnate de los medios Rupert Murdoch) ven con horror el precio de 10$ de Amazon. Un precio con el que comprenden que no puede sobrevivir su producto de papel, a pesar de que ganen más con la versión electrónica. Así que han decidido que su línea de defensa actual es mantener artificialmente caros sus ebooks para que no sean competencia de sus pbooks.

Pero, a su vez, la parte de la demanda del mercado también tiene algo que decir. Y lo que dicen es que incluso los 10 dólares les parecen tremendamente caros. Con lo cual, cuando oferta y demanda no se cruzan, lo que ocurre es una situación de no-mercado: no se vende. Y cuando no se vende, lo que tenemos es la crisis editorial que venimos anunciando, en todo su esplendor.

Respecto a los nuevos actores, como Amazon, ellos saben que hay mucho dinero por ganar en el mercado de los ebooks, pero no a los precios defensivos abusivos que pretenden imponer los grandes grupos editoriales. Lo han demostrado en el pulso que echaron a MacMillan, a pesar de la (aparente) derrota. A MacMillan ya se les ha unido Harper Collins (propiedad de News Corp, es decir, Rupert Murdoch) y también Hachette [1] [2], en lo que parece un levantamiento en toda regla "frente a la tiranía de Amazon", o al menos eso es como lo quieren hacer pasar. Predicción facilona: pronto veremos a todas las grandes contra Amazon. Lo que hay que entender de todo este lío es que Amazon ha actuado con una lógica empresarial aplastante: no puede enfrentarse (aun) a todos ellos unidos en un cartel (por cierto ¿el Departamento de Justicia de EE.UU. no debería estar investigando esto ya?), pero tampoco puede quedar asociado a la "vieja escuela" ante los ojos de sus clientes, pues teme —y con razón— la reacción de éstos. Así que ha hecho lo único que realmente podía: presentarse primero como el "adalid" de sus clientes, y luego sibilinamente retirarse aparentemente vencido.

A todo ésto quiero añadir que es bastante triste ver a autores haciendo de "infantería de a pie" de sus editoriales. Si bien los de Amazon no son unas hermanitas de la caridad, ni mucho menos de fiar, al menos no son el tipo de gente que se dedica a dispararse a su propio pie. ¿Han estado mal en las formas? Desde luego que algunas decisiones han sonado torpes y/o pretenciosas, pero no cabe duda que querían desmarcarse totalmente, sin que cupiera la más mínima duda, de la subida de precios: que a ellos jamás se les acusara de "connivencia con el enemigo". Este comportamiento que a corto plazo puede pasarles factura, a medio y largo plazo saben perfectamente que, teniendo los editores la batalla perdida, ellos estarán en la posición idónea para recoger los restos que queden, y a continuación monetizarlos. Me temo que algunos de estos autores que tanto han protestado son perfectos candidatos a volver mendigando a Amazon por un sitio en su catálogo.

Ni Amazon debería ser la única librería que monopolizara todo el canal de distribución (no lo es, pero los autores con su sobrereacción parece que quieren demostrar lo contrario) ni los autores tienen razón en quejarse: si MacMillan y los demás creen que lo pueden hacer mejor que Amazon (o que cualquier otra librería) y vender los ebooks a 15$, ya están tardando en abrir sus respectivas librerías y tratar de venderlos en competencia directa. ¿Por qué no lo hacen? Esa es una buena pregunta que nadie parece dispuesto a hacer, ni mucho menos a responder.

La batalla no ha hecho sino empezar, así que esperaos nuevos "partes de guerra" en el futuro. No sabemos aún si va a ser una batalla larga o corta (cruenta está descartado que va a serlo) ya que una industria donde el 40% de los libros impresos terminan convertidos en pulpa antes de ser vendidos es una industria sentenciada y condenada de antemano por el juez de la Eficiencia. En medio de la crisis global que nos azota, pueden caer con misma facilidad que caen los castillos de naipes, pese a vuestra incredulidad.

Y mientras tanto, en España ¿qué? Bueno, en España ni siquiera hemos empezando la reconversión de las librerías, así que éstas ven cada día más claro que van a ser las primeras sacrificadas en la enorme pira funeraria editorial. Me temo, que como reza la maldición china, les tocó vivir tiempos interesantes.

domingo, enero 31, 2010

Internet es la mayor imprenta de la historia

Hace poco me llegaba este enlace en el que se daban algunas cifras de creación de contenido en Internet. Para que nos hagamos una idea: en un día en Internet se producen 210.000 millones de correos electrónicos, se suben 3 millones de imágenes a flickr, se escriben 5 millones de tweets y 900.000 nuevos artículos en blogs: "suficientes posts como para rellenar el periódico New York Times durante 19 años". Repito: al día.

Aunque aplicaramos la Ley de Sturgeon que dice que el 90% de esos artículos son basura, y al 10% restante le aplicaramos la Ley de Dodo de la falta de originalidad (pongamos que un 70% son copia-pega), aun nos quedaría que al día, en la blogosfera, se harían suficientes artículos como para rellenar 6 meses del New York Times.

Cuando hablamos de "Economía de la Abundancia" y "Economía de la Atención", nos referimos precisamente a éste fenómeno de sobreabundancia de información en cantidades brutales. El volumen es tal, que los intentos de control de la información (del señor Murdoch y otros magnates de los medios) terminan indefectiblemente estrellándose en el muro de la ineludible realidad. El mismo muro contra el que se están estrellando también los editores de libros ("Hay más escritores que lectores": Oversupply of authors vs scarcity of paying readers).

Pero, ¿como aprovechar ese potencial torrente de información para la librecreación? Es uno de los asuntos a lo que estoy dándole vueltas en mi cabeza estos últimos tiempos.

La idea inicial que escribí en un tuit era:

Un plugin de Wordpress que permita descargarse una entrada a ePub, y habremos convertido a la blogosfera en la mayor imprenta de la historia
Es decir, tomar de todo ese enorme almacén de contenido que se crea (en pequeñas píldoras) todos los días, y alimentar al e-reader con él.

Fran Ontanaya respondía poniendo el dedo en el principal problema de ese enfoque: miles de pequeños ficheros entre los que es fácil perderse ¿cuales he leído ya? ¿cuales no? ¿de qué iba cada uno? Un lío, vamos.

Mi solución a ese problema planteaba usar alguna herramienta que pudiera "fusionar" varios ePubs en un único ePub (mencionaba Calibre, al ser una herramienta abierta de gestion de ebooks que soporta conversión y gestion de ePubs). De ésta manera, podríamos por ejemplo seleccionar los artículos que nos interesara leer con más calma, bajarnos los ePub, unirlos todos, pasarlos al e-reader y... ¡acabamos de crearnos nuestro propio periódico personalizado!

O podemos descargar los artículos que nos van interesando en ePubs, y fusionándolos a lo largo de una semana (o el periodo de tiempo que queramos). Por ejemplo, artículos de ciencia en un único ebook de artículos de ciencia, y así con variados temas de nuestro interés. ¡Asombroso, acabamos de inventar las e-revistas! ;-)

Un e-reader, un simple e-reader con tinta electrónica¹, que hasta ahora "solamente" lo hemos considerado como a un mero sustituto del libro de papel, de repente se convierte en un canal de distribución de contenidos con un enorme potencial: una ventana al mundo escrito, pero sin la fatiga de las pantallas de ordenador y sin lo que Juan Luis Chulilla llama "el hiperestímulo de los contenidos de Internet que impide la concentración". Y se convierte en un canal de distribución de enorme potencial porque la distribución digital de contenidos tiene ventajas inherentemente superiores a la distribución física. No solamente de velocidad (es inmediata), no solamente de precio (practicamente tiende a cero), sino fundamentalmente de rotura del umbral de entrada.

Hasta ahora, el que quería editar un periódico, o una revista, o publicar un libro, o cualquier otra cosa escrita, se encontraba con que tenía un filtro de intereses que sortear. Un filtro de intereses tanto ideológicos como de mera conveniencia económica. Ese filtro la distribución digital lo elimina totalmente, con todo lo que ello implica. Dejan de existir las publicaciones que no se editan "porque no le interesan a (casi) nadie y no me van a reportar dinero a mí, el editor". Cada uno que escriba lo que quiera, si ello le satisface, y que sea el público el que elija de ente todo lo disponible a lo que prefiere dedicar su tiempo.

Sólo por esta libertad, tanto de creación (autor) como de elección (lector), la distribución digital merece mucho la pena. Y es por ello por lo que pienso que los e-readers actuales están bastante infravalorados e infrautilizados, frente al potencial intrínseco que encierran. Es como si cuando inventaron la imprenta, sólo la hubieran utilizado para producir biblias y más biblias, y nada más (si hubiera podido escudriñar en el futuro, ¿hubiera Gutenbeng destruido su invento con sus propias manos?).

Pero para que la distribución digital funcione, los lectores deben (debemos) tener el derecho a poder disponer de esos artículos para poder volcarlos en nuestro dispositivo lector sin problemas legales. Volvemos a los problemas descritos en el artículo de Librecreadores: es necesaria la complicidad del autor, que éste nos permita sin trabas disfrutar de su trabajo mediante licencias de libre distribución.

Con éste pensamiento en la cabeza me he puesto manos a la obra a buscar blogs (en español) que estén bajo licencias de libre distribución, como las de la familia Creative Commons y otras. He de decir que me ha sido fácil encontrar más de 50 blogs en un par de horas² —y no precisamente desconocidos— con licencias de éste estilo, lo que me hace concebir grandes esperanzas, porque el potencial está ahí. Ahora sólo faltan las herramientas para convertir ese potencial en una realidad.

No sé si lo del botón de "descargar ePub" en cada artículo es demasiado pedir. Me han chivado alguna herramienta para convertir un RSS de un blog en un ePub que no es una maravilla (no me gusta que inserten su publicidad en la portada, entre otras cosas) pero es un comienzo. Como ejemplo, podéis descargaros un ejemplo de ePub aplicado a éste blog, con las últimas historias una por capítulo (¡ojo! 107 páginas O:-) ). Creo que Calibre también puede obtener ePubs de fuentes RSS, pero no lo he podido probar. Lo que faltaría sería la capacidad de mezclar historias de varias fuentes (varios RSS) a elección, que estoy investigando ahora.

Aunque como en Internet siempre hay alguien por delante tuyo, es posible que esté trabajando en balde y haya alguien que ya lo tenga resuelto y en marcha o esté a punto de lanzar alguna herramienta que haga todo ésto y más (estaría bien saberlo O:-) ).

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¹ Si queréis saber más sobre estos aparatos, he escrito un largo artículo en el blog de Pedro Jorge

² Por cierto, si vuestro blog tiene licencia de libre distribución, o conocéis blogs con licencias de libre distribución, estaré encantado de añadirlos a la lista que estoy construyendo. :-)

miércoles, noviembre 25, 2009

¿Y dónde quedan las librerías en todo esto?

(Nota: esta entrada fue originalmente un comentario en Google Wave, que he extendido)

Dificil papel, por no decir papelón, el de las librerías físicas. Estaba leyendo el artículo de Tökland 'Como el vino… Librerías independientes con D.O.' y la verdad, no veo en que puede servir el modelo francés de "subvención encubierta". Vale que las librerías físicas pueden ser incluso un reclamo turístico, y por lo tanto interesa que sobrevivan algunas, pero a) no creo que sean muchas b) serán bastantes menos de la que existen ahora mismo c) en lugares con suficiente población, o "emblemáticos" (en el caso francés, por ejemplo en París, en determinadas zonas).

Este modelo de subsistencia asistida es un modelo que puede servir para aplacar momentáneamente las iras del sector, pero no es un modelo de futuro. Las librerías vivirían de la subvención hasta que el librero decida jubilarse, pero será difícil que se creen nuevas librerías, cuando los requisitos están pensados para mantener las pequeñas librerías, digamos "con pedigrí" (una nueva librería difícilmente va a tener ese "pedigrí"). Como mucho, esas pocas librerías emblemáticas pasarían de padres a hijos, como si de una concesión estatal, del tipo de los antiguos estancos, se tratase.

Otra cuestión es si tiene algún sentido ver las librerías como algo físico (el "átomo contra el bit", que diría fernand0). Siguiendo uno de los enlaces del artículo anterior '23.000 habitantes, 15 peluquerías y una librería' yo me pregunto... ¿por qué cerrarse sólo a 23.000 potenciales clientes? Una librería no tiene porqué restringirse a vender sólo a los que pueden llegar a su umbral, ni siquiera aunque hablemos de libros físicos, pero aún con más razón si hablamos de libros electrónicos. En fin, a mi me parece una manera de autolimitarse (pero oye, allá cada uno con su negocio).

Yo sí conozco el caso de una librería que ha abierto estos últimos años: la tienda de Cyberdark. No conozco los datos reales, pero parece irle bien (desde luego mejor que a la mayoría de las librerías que están cerrando). ¿Su secreto? Primero, que está especializado en un segmento muy concreto. Segmento además del cual existen pocas librerías físicas especializadas al ser pequeño (difícil acceso geográfico). Segundo, prestigio en el sector (su dueño fue el administrador de uno de las comunidades virtuales más importantes de dicho género en ese mismo dominio). Los usuarios saben que Cyberdark (su alias) está al tanto de las novedades, y las tiene siempre disponibles (catálogo exhaustivo). Tercero, buenos precios (5% de descuento, que es el máximo permitido y ofertas en los gastos de envío para envíos grandes). Todo ésto la convierte en una librería de referencia del fantástico en España, y el hecho de tener un mercado más amplio que el meramente local, lo que permite que el modelo funcione.

Otro modelo de librería que es interesante echar un vistazo es el del servicio de impresión bajo demanda por Internet Bubok. Y es interesante porque, al ser utilizado ampliamente para la autopublicación, tiene dos factores interesantes: exclusividad (en el sentido de que muchos libros autopublicados sólo se pueden encontrar ahí) y posibilidad de precios reducidos. Bueno, los precios los ponen al alimón autores y el servicio, pero al ser ediciones exclusivas, no están atados a la ley del precio fijo y por lo tanto es una vía de escape de la misma, con lo que pueden competir con ventajas con las librerías físicas, si se lo proponen.

Naturalmente, estos modelos no son implantables para el número de librerías que ahora mismo existen. Aun dividiendo el sector en géneros, y teniendo varios servicios de impresión bajo demanda, no hay mucho espacio que colonizar. Eso sí, ese espacio será para los que primero lleguen y se asienten más firmemente. El resto, serán barridos por Amazon y la otra/otras dos grandes que queden.

sábado, noviembre 21, 2009

La persecución del ebook: equivocándose de enemigo

Hace un tiempo escribía en un comentario:

El ebook no es el enemigo de autores y editores, sino su última tabla de salvación. Y más vale que se agarren a ella, o terminarán trabajando de guionistas de series, películas, documentales o videojuegos. Los que puedan, claro.

El libro electrónico, por muy electrónico que sea, sigue siendo un libro, y sigue necesitando ser escrito y editado. Puede que cambie el formato físico, pero no cambia la forma ni en que se crea (intelectualmente) ni en que se disfruta.
Y esta es la versión extendida:

"El ebook no es el enemigo de autores y editores, sino su última tabla de salvación." La afirmación puede sonar melodramática, pero permitidme que me explique. Hasta el momento, los autores y editores están viendo al ebook como el sustituto del pbook (el libro de papel), y por lo tanto su competidor. Lo que no están teniendo en cuenta es que, lo que hoy en día compite con la lectura no es la lectura en otro formato, sino otras formas y medios de información, ocio y entretenimiento distintos a la lectura.

Los autores y editores deben imaginar a sus lectores, con la tópica imagen de un señor o señora sentados en un sillón de orejas, en medio de un despacho con las paredes con estanterías abarrotadas de libros hasta el techo. La realidad es que la mayoría de los lectores leen como pueden y donde pueden: aprovechando los tiempos de espera, en el metro abarrotado, o en el autobús. Mientras almuerzan. En la cama, justo antes de dormir. Exprimiendo el tiempo del escaso que la vida cotidiana les deja, en definitiva.

Y la cuestión fundamental es que, en esos tiempos muertos, donde antes no había muchas más alternativas de hacer nada más, ahora tenemos dispositivos que nos traen casi cualquier cosa a la mano. Con cualquier smartphone de última generación (y la verdad que la parte de phone o teléfono es ya casi la más aneddótica) podemos no sólo estar escuchando música, radio o podcasts, viendo videos, jugando a videojuegos, e incluso leyendo libros, sino que además la conectividad a Internet nos permite estar leyendo cualquier página web, consultando la wikipedia, subiendo fotos que acabamos de tomar o viendo las fotos de otras personas, comentando noticias con un montón de gente a través de Twitter, y cientos de cosas más, ya descubiertas o aún por descubrir. Incluso podemos aprovechar para llamar por teléfono a alguien...

Frente a ese enorme espectro de posibilidades, el pbook palidece. No es que el libro pierda su encanto, es que sólo puede ofrecer una fracción de la experiencia que pone a nuestra disposición las modernas tecnologías. Sin embargo, alguno objetará: "no es incompatible llevar un smartphone y un pbook". Esa afirmación no es muy cierta, primero porque compiten por algo que sí que está limitado: el tiempo de atención del usuario. Todo el tiempo que el usuario esté usando su dispositivo de mano para hacer lo que sea, no lo está usando para leer el libro, con lo que cada vez es más un objeto accesorio (y sustituible por una aplicación lectora de ebooks en el propio dispositivo, debido a que la lectura se convierte en una actividad cada vez más breve en el tiempo, más "casual"). Y segundo porque, como los propios fabricantes de éstos dispositivos están empezando a descubrir, a la gente no le gusta llevar varias cosas, si pueden llevar una única que pueda hacerlo todo, aunque sea "peor" en todos los campos frente a un dispositivo especializado. Recientemente una noticia decía: "Los fabricantes de consolas, preocupados por la creciente competencia de los dispositivos Apple en el mercado de juegos". Y es normal que se preocupen, porque a nadie le apetece llevar encima un teléfono, una PDA, un lector de ebooks (o un pbook), una cámara de fotos, un reproductor de MP3 (y otro de MP4), un GPS y una consola portátil de videojuegos (casi hay que llevar un maletín), pudiendo llevar un pequeño aparato que les permite todo eso y más.

Estamos en una carrera hacia "el único dispositivo que se lleva encima", y los smartphones llevan ventaja.
O dicho de otra manera: ¿puede competir un texto lineal estático frente a la multitud de formatos y medios audiovisuales, interactivos, etc? Yo creo que claramente no puede. Por eso, mi afirmación de que el ebook no es el enemigo de los autores y editores de libros, sino precisamente su tabla de salvación. Porque es lo que más se acerca a lo que ellos estan acostumbrados a crear (y tratar de vender): libros.

Los libros se escriben de cierta forma, y también se editan de cierta forma. La producción de una película, de una serie, o de un videojuego es completamente diferente, y los editores de libros difícilmente pueden usar sus conocimientos en dichas tareas. La reconversión en ese caso es bastante difícil (más bien habría que hablar de tabula rasa). El caso de los escritores sí puede considerarse una reconversión, pues si bien lo que se busca en ellos es la creatividad a la hora de contar historias (algo innato a su actividad), también es cierto que las técnicas que se emplean para plasmar y dar vida a esas historias divergen según el medio empleado, y no es lo mismo escribir una novela, que guionizar una película o una serie o un videojuego. En el camino de dicha reconversión iban a quedar no pocos autores, aunque siempre habrá
quien lo consiga, lo que no quita que probablemente sean una exigua minoría.

En el resto de los casos, yo si fuera un escritor con aspiraciones, me pensaría muy mucho de demonizar el último resquicio por el que la palabra escrita puede llegar al ciudadano. La última ventana abierta. La última, como decía al principio pomposamente, tabla de salvación.

domingo, mayo 24, 2009

Carta de un carretero a Henry Ford

Muy señor mío:

Han llegado noticias a nuestro pequeño pueblo de su pretensión de dotar a cada uno de los ciudadanos de este país de uno de sus llamados "automóviles". Como profesional dedicado al transporte de personas y mercancías durante más de 30 años, me permitiré darle un consejo que le evitará perder, además del tiempo y la ilusión, grandes cantidades de dinero en esa alocada pretensión suya. Porque, permítame informarle, su empresa está abocada al fracaso.


El carro, en sus diferentes encarnaciones, ha sido nuestro compañero de viaje durante millares de años, y no por casualidad. A su fácil construcción y mantenimiento se le une su infinita autonomía. En efecto, con mis animales, sean caballos, mulos o bueyes, puedo recorrer cualquier distancia siempre que las montañas, los ríos, los desiertos o el mar no me impidan pasar. He sido informado que sus "automóviles" usan algo llamado "motor de explosión" (ya de por sí el nombre no dice nada bueno) alimentado por petróleo. Pues bien, mientras mis animales pueden detenerse y pastar prácticamente en cualquier prado, o conseguir forraje en cualquier granja, difícilmente va a lograr usted que en cualquier lugar sus máquinas consigan la sustancia que necesitan para su funcionamiento. A ello hay que añadir que, en caso de avería o problema, no podrán ser fácilmente reparadas, pues permítame dudar que haya suficiente número de gente por todos los rincones del país con la formación necesaria que requiere maquinaria tan compleja, mientras que yo siempre encontraré en cualquier población, aun las más humildes, un herrero con que herrar mis caballos, o un carpintero que me sustituya un eje o una rueda rota.


Pero la razón fundamental por la que su negocio está destinado al fracaso no reside en meras cuestiones prácticas, sino en el corazón de las personas. Dudo mucho que una persona cabal esté dispuesta en montar en una máquina "explosiva". Construida con materiales como el vidrio o el acero. Mis compañeros y yo (y sin duda nuestros clientes) seguiremos prefiriendo la textura de la madera bajo nuestras posaderas, el viento en nuestra cara, la suavidad del cuero de las riendas, o familiar olor de nuestros animales, a esas maquinarias sin alma ni vida que usted pretende que las sustituyan. Máquinas que impiden disfrutar de un tranquilo paisaje o de los hermosos sonidos de la naturaleza de los que uno puede disfrutar en un relajante viaje en carruaje. Maquinaria ruidosa y que expulsa desagradables gases (me aseguran) fruto de las explosiones.


Mis compañeros de profesión saben sin duda como yo que su máquina no contará con el favor popular, y está condenada al fracaso. Por lo tanto, realmente no lo consideramos a usted competencia o un motivo de preocupación para nuestra profesión. Sin embargo, como me apena ver que hombre tan talentoso se esfuerza vananmente en proyecto de tan poco futuro, no he podido resistir el impulso de advertirle de ello.


Sin otro particular, se despide atentamente

El cambio que provoca una tecnología es siempre traumático. Siempre genera un movimiento de reacción rechazándola (de ahí la palabra "reaccionario", como sinónimo de aquel que se opone a los cambios), hasta que llega un punto en que la tecnología es ampliamente adoptada. Mientras tanto, en ese interím, siempre habrá quien use todo tipo de argumentos para tratar de desprestigiar las novedades.

La carta de arriba es totalmente fictícia, pero bien podría haber sido real. Hoy en día, sus argumentos, a la vista de lo ocurrido en el último siglo, nos resultarán seguramente risibles. Sin embargo, hoy en día vemos utilizar argumentos similares en las discusiones entre ebooks (libros electrónicos) y pbooks (libros de papel). Se apela al sentimentalismo ("el olor del papel", "el tacto del papel"*), a la tradición, a que el libro es una tecnología duradera (el papiro y el pergamino también lo fueron), a la facilidad de uso, ... Argumentos similares a los que este hipotético carretero expone al constructor de automóviles. Este texto pretende simplemente que el lector se cuestione cuales de esos argumentos son simplemente prejuicios provenientes de no conocer otra cosa, y cuales encierran el gérmen de lo que será algo a lo que la propia tecnología emergente deberá dar respuesta, ahora o en el futuro.

Sin embargo, el cambio... el cambio es inevitable. Tal vez la transformación no será como nos la imaginamos ahora mismo, pero sin duda será. El progreso se abrirá paso de alguna manera, tal y como ha hecho hasta ahora.

Tiempos interesantes...

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* ¿Por qué no el sabor del papel, ya puestos?

domingo, marzo 08, 2009

A vueltas con los e-libros y la crisis editorial (II)

En anteriores episodios de Galactica este blog, dije:

No voy a decir que me sorprenda la reticencia de todavía una parte importante de la audiencia sobre la sustitución del papel, incluso en un foro plagado de lectores de ciencia-ficción que uno podría suponer que acogerían con mayor facilidad los cambios provocados por la ciencia y la tecnología. No me sorprende porque no es la primera vez que observo esta reacción. [...]
Pues bien, hace un par de días encontré un artículo titulado El próximo encogimiento del mercado de cf, donde pude comprobar que esta reticencia está siendo sustituida por una conciencia de que el libro electrónico ya no es una hipótesis de futuro, sino una realidad del presente. Y lo es, más que por la bondad de sus características, por una cuestión económica pura y dura.

Y es que los números mandan. Lo que en mi anterior entrada se me antojaba un escenario inflacionario, se ha transformado en uno deflacionario. Sin embargo, esto no evita el problema, sólo transforma el enfoque: en vez de aumentar los precios a niveles prohibitivos, disminuye el poder adquisitivo de los compradores, lo que por la ley de la oferta y la demanda hará caer las ventas. Además, hay que tener en cuenta que estamos hablando del sector del ocio, uno de los habitualmente más castigados por las crisis.

Eso no significa que el ocio desaparezca en los tiempos duros. El ocio permanece, pero sólo aquel que es lo suficientemente barato como para poder consumirse. Vease por ejemplo los famosos pulp de la década de 1930 o los bolsilibros en la España de 1950. Pero, a diferencia de la Gran Depresión o la Postguerra, el ocio se ha expandido en muchas formas actualmente más baratas que lo que supone actualmente la literatura y con las que hay que competir también.

Y aquí es donde interviene el libro electrónico. Un formato que reduce ostensiblemente los costes de producción, lo que permite unos precios mucho más económicos. A menor precio, más gente puede comprar más libros (o la misma gente puede permitirse comprar el mismo número de libros a pesar de un importante descenso en el poder adquisitivo). Por lo que lo que antes al editor se le volvía un formato extravagante de publicación, ahora se convierte en la posible tabla de salvación de su negocio.

Sin embargo, los mayores benficiados del cambio van a ser, aparte de los lectores, los propios autores. Un libro con los costes reducidos beneficia a los autores, que venden más, y que tienen mayor porcentaje sobre el precio final frente al coste del formato. Así que de repente, lo que antes era negro, se vuelve todo blanco. Donde antes había recelos, ahora hay parabienes. Normal que los recelos vayan cayendo.

Sólo resta vencer el temor al (mal llamado) pirateo. Podría extenderme aqui en un largo alegato mencionando que quien está dispuesto a no pagar por un ebook, no lo iba a pagar estuviera o no circulando por los "bajos fondos de Internet". Podría mencionar que un precio competitivo y justo es el mayor disuasor de las versiones piratas (que a saber con qué calidad circulan por ahí). Que quien puede permitírselo, no va a dejar de premiar al autor de una obra que le ha emocionado. Pero no me voy a extender. Y no lo voy a hacer porque los miedos son todos irracionales, y no se vencen mediante argumentos racionales.

Simplemente les tocará comprobarlo por ellos mismos.

lunes, junio 23, 2008

O'Reilly publicará e-libros sin DRM en julio

Eso es lo que cuentan en esta noticia: O'Reilly To Release DRM-Free ebooks in July de Slashdot que apunta a esta nota de la editorial. Saldrán en formato PDF, Epub (es un formato soportado por ejemplo por los Hanlin v3 y derivados, y pronto con el Sony Reader) y Mobipub (formato del Amazon Kindle), cualquiera de los tres formatos a precio único, y más barato que su contrapartida en papel . Los libros son:

Esta es una apuesta bastante seria por el mercado del libro electrónico por una de las empresas editoras punteras en la adaptación de nuevas tecnologías (Tim O'Reilly es el padre del concepto web 2.0), amen de una de las más reputadas en el campo de los libros técnicos. Y la decisión de optar por un formato sin DRM no es baladí. Aparentemente es una apuesta arriesgada, pero en realidad el DRM está demostrándose como uno de los grandes obstáculos en la adopción de ésta tecnología. Y es que nadie quiere que otro tenga la llave de su bibliografía completa, y ésta pueda desaparecer de la noche a la mañana. De la (mal llamada) piratería y los ebooks se habla también en este artículo de David Pogue en el New York Times (Pogue es uno de los autores que van a ver uno de sus libros publicadas por O'Reilly).

Este bien pudiera ser el pistoletazo de salida para el despegue de los ebooks y la tinta electrónica.

jueves, junio 12, 2008

A vueltas con los e-libros y la crisis editorial

Vamos a cambiar el tono apocaliptico imperante en los últimos tiempos en este blog y, con la excusa de una noticia sobre los nuevos desarrollos en el campo de la tinta electrónica titulada The Development of E-Paper Technology, rescatar y comentar un largo hilo en SeDice titulado Literatura sin papel: el big bang digital en el que participé profusamente.

No voy a decir que me sorprenda la reticencia de todavía una parte importante de la audiencia sobre la sustitución del papel, incluso en un foro plagado de lectores de ciencia-ficción que uno podría suponer que acogerían con mayor facilidad los cambios provocados por la ciencia y la tecnología. No me sorprende porque no es la primera vez que observo esta reacción. Pero en el caso de este hilo en concreto, lo que me sorprendío (también sólo hasta cierto punto) fue que ese recelo-oposición vino en algunos casos desde el punto de vista de autores o aspirantes a autores, así como otras personas relacionadas con el mercado editorial.

Una de las primeras reticencias viene del tema del pirateo, con lo cual, empezamos mal. Empezamos mal porque uno empieza a temerse que los autores literarios están haciendo suyo los mismos argumentos que ya ha llevado casi al suicidio a otros modelos de edición como el musical o el cinematográfico. Viendo cómo están terminando éstos, uno ya debería barruntarse que ese no es el camino. Como dije en el hilo, la facilidad para acceder a las obras es clave para comprender el abandono de los viejos soportes físicos. Ya he comentado aquí cómo iTunes, la tienda de música digital de Apple, vendía más que las tiendas de CDs. En cambio, yo he tenido que esperar 4 meses a que apareciera la 2ª edición de Festín de Cuervos. En mi caso no se perdió un cliente, pero en otros casos sí que se están perdiendo potenciales clientes.

Se habla mucho de que sólo terminan comprando los libros el fandom (digamos el núcleo duro de lectores de un género), pero es que el lector ocasional lo tiene muy difícil para poner las manos en muchas obras, con las exiguas tiradas y escasa presencia. No todo el mundo se dedica a rebuscar entre los saldos a ver si encuentra ese libro publicado hace 30 años y del que no hay redición. La mayoría lee lo que le resulta más interesante de lo que hay.

Abundando en el argumento anterior, hay otro asunto que se plantea en el horizonte editorial y que va a sembrar muchas dudas: el aumento del precio de los libros, provocado por el aumento de los costes. Muchas veces no nos damos cuenta de lo interrelacionado que está nuestro sistema económico. Factores como el mayor consumo de pulpa de papel de los paises emergentes, así como el encarecimiento de la energía, van a provocar que los libros que estábamos acostumbrados a que costaran entre los 20€ y los 30€, ahora pasen al rango de 30€ a 40€. Y en bolsillo, de precios por debajo de 10€ (llegando hasta el hipercompetitivo precio de 5€ de Byblos, que ya desaparece) pasará al rango de 10€-15€. Eso ya de por sí supone una importante contracción del mercado, aunque los presupuestos de gasto en libros se mantuvieran. Ello lleva a:

(...) ¿qué editor se va a lanzar a la piscina y arriesgarse con autores nóveles o experimentos que no saben como van a funcionar? El mundo de la edición se va a poner muy duro, sólo se va a editar en papel lo que esté sobradamente demostrada su viabilidad comercial. Es lo que estaba diciendo Luis G. Prado en su entrevista en fantasymundo. Esto es lo que pasa con Minotauro y su recorte de catálogo. Se acabó el tiempo de sondear el mercado. Ahora es tiempo de, como dirían los analistas de bolsa, "refugiarse en valores seguros". Nada de escritores minoritarios que difícilmente justifiquen comercialmente su edición. Nada de apostar por jóvenes prometedores, a ver si suena la flauta y descubrimos el nuevo bombazo editorial. Los márgenes se van a estrechar mucho, porque cuanto más se encarezca el libro, menos se va a consumir. Y en definitiva, van a centrarse en lo que saben que funciona.
En este estado de las cosas, un importante ahorro en el precio debido al formato no sólo es deseable para los lectores, que podrán disfrutar de más libros por menos dinero, sino para los propios autores: al existir más público, existe potencialmente más público para sus obras, y por lo tanto mayor potencial de beneficios.

Finalmente, tenemos el asunto del papel de los editores en este nuevo esquema. Se situa al editor en el papel de filtro: es el que decide qué merece la pena y qué no, porque es el que apuesta su dinero. Bueno, algún cínico puede decir perfectamente que lo que vende no tiene porqué coincidir con lo de "más calidad", sino con lo más popular, pero aun dando por bueno el argumento que el que más vende es el que tenga "derecho" a ser publicado, la realidad es que ese filtro no tiene porqué desaparecer, sino simplemente transformarse en lo que es: un filtro. Me remito al artículo de Fran Ontanaya Editores sin editoriales, al que yo añado la visión del editor como "consultor" literario.

La exhuberancia irracional de los nuevos canales de publicación (no sólo del ebook sino también de la publicación bajo demanda) en realidad no es más que aflorar a la superficie de Internet de miles de obras que antes hubieran quedado durmiento en un cajón (de editor) el sueño de los justos, porque sencillamente no llegan ni a unos estándares mínimos. Lo importante no es tratar de impedir que haya mucha basura* circulando por ahí, sino que lo que realmente merezca la pena aflore. Y en ese "afloramiento", hay toda una industria nueva que inventar.

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* No es mi intención ser peyorativo, pero tampoco pienso caer en la corrección política imperante.

jueves, enero 24, 2008

Yo también quiero un libro electrónico

Algo como esto:



Sacado de El futuro ¿posible o probable? del libro