lunes, julio 13, 2009

Resúmenes de libros en menos de 140 caracteres

Y @jlalcazar dijo:"@jcantero un negocio a medias "twitterbooks" tus libros resumidos en 140 carácteres, no se puede resumir mas en menos." Y no me pude negar. Aquí, el resultado en una sola toma cada 12 horas:

ESdlA: Mientras elfos, hombres magos y enanos entretienen al Señor Oscuro, un pequeño hobbit tira su anillo mágico favorito al volcán.

Fundación: Matemático del Imperio Galáctico en ERE funda colonia de geeks y nerds para que conquiste la galaxia en mil años. Por duplicado.

Juego de Ender: Niño reclutado por el ejército a fin de poder ganar el campeonato interestelar de Starcraft 3. Mientras sus hermanos trolean

Criptonomicón: oro, oro, oro, un señor que aparece en todas partes, oro, oro, oro, un código criptográfico, oro, oro, oro (pero sin enanos).

Las estrellas, mi destino: como coja al que me dejó tirado en aquella nave espacial, lo voy a poner mirando a Cuenca. *jaunteo* *jaunteo*

Snow Crash: vivo en un contenedor pero en el metaverso soy 1337. Haber actualizado el antivirus. Mira que moto molona tengo. Yo también.

Solaris: ¿Qué haces *tú aquí? Este planeta es muy raro, parece hecho de engrudo. Nadie quiere hablar conmigo. Introspeccion contemplativa.

El Señor de la Luz: Tío, es guay pasarse por dioses hindúes con la tecnología, engañando a los nativos. ¿Por qué quieres cortarnos el rollo?

La Luna es una Cruel Amante: O nos dáis la independencia, o arrasamos vuestras ciudades terrestres a asteroidazo limpio. Nada personal.

Hyperion: Déjame que te cuente qué hago en este planeta a punto de ser invadido, y habitado por un ser lleno de pinchos. Y así 6 o 7 veces.

El Aprendiz de Guerrero: Soy enano y se me rompen los huesos, pero como soy un puto genio, termino teniendo mi flota espacial. Y no me riñen

Crónicas Marcianas: Marcianos, sólo venimos de visita. ¿Donde están los marcianos? Una vez vi un marciano. Que bonito sitio para vivir.

La Guerra Interminable: 1000 años para ir y 1000 para volver de una puta mision. Y cuando vuelvo me dicen que se ha acabado la guerra.

Todos sobre Zanzíbar: si es que tanta gente junta, apiñada en tan poco sitio, no podía terminar bien. Aghh, alguien me ha pisado.

Neuromante: Somos freelancers contratados por una megacorp para hacer espionaje industrial. Somos unos perdedores, pero nuestras ropas molan

La mano Izq. de la Oscuridad: si te gustan los planetas fríos y los humanos que cambian de sexo como si fueran las paperas, éste es tu sitio

Yo, Claudio: mi abuela envenena a toda la familia menos a mí, porque piensa que soy tonto. Pero no lo soy y al final me hacen emperador.

Marte Rojo: somos los 100 primeros colonizadores de Marte. Pero nos llevamos mal, hacemos grupitos y terminamos a hostia limpia.

Tropas del espacio: Profesor da discurso fascista. Chico se alista en los marines para ir a matar bichos. Siguen más discursos fascistas.

Picnic junto al camino: Saqueadores de una zona cerrada de contacto OVNI. Si tocas lo que no debes, o pasas por donde no debes, te mueres.

Harry Potter: celebrity del mundo mágico va al instituto. Se hace estrella del deporte. Junto al sinsustancia y la empollona vencen al malo.
Y recuerden:
➊ La administración no se hace responsable de la veracidad de los resúmenes de libros emitidos.
➋ Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o no).
➌ En caso de duda, consulte a su bibliotecario de guardia.

domingo, julio 12, 2009

Reseña: 'El crash de 2010' de Santiago Niño Becerra

Aviso: despues de escribirlo, me he dado cuenta que la lectura de ésta entrada puede resultar un tostón infumable. Léase con moderación, y sólo si se dispone de tiempo libre que perder con cualquier cosa. En caso de duda, consulte con su farmaceútico. Puede provocar somnolencia.
El catedrático de economía Santiago Niño Becerra se ha convertido en uno de los Cuervos Seldones de la Gran Crisis económica que nos afecta. Admirado por algunos, denostado por algunos más, e ignorado hasta hace bien poco por la mayoría, su recientemente publicado libro 'El crash de 2010' le ha hecho saltar al escenario mediático por lo que se consideran sus "catastrofistas predicciones". Predicciones que viene haciendo periódicamente desde el año 2006 en su columna diaria en La Carta de la Bolsa, y de las cuales podéis encontrar un enormemente largo hilo recopilatorio en burbuja.info (el buscador de La Carta de la Bolsa apesta y no hay manera de hacer un enlace directo al conjunto de sus artículos).

Refiriéndome estrictamente al libro, he de decir que es bastante diferente enfrentarse al mismo como lector habituado a las columnas de SNB, que como neófito que llega por primera vez a sus teorías. Para el neófito, el shock me imagino que puede ser tremendo, y dejarlo un tanto desorientado. Pero los "iniciados" nos encontramos con un texto que no sólo no nos descubre nada nuevo, sino que se queda tremendamente corto respecto a lo que el propio autor suele desentrañar, cuando quiere, en sus artículos. Y también refleja algunas de sus contradicciones.

Tal vez sea este el aspecto que me resulta más frustrante. Evidentemente, no me esperaba un estudio técnico económico de la crisis, un tratado que estaría sólo al alcance de los especialistas en la materia. Es una obra de propósito divulgativo, y como tal tiene, por fuerza, sus esclavitudes. Pero aun así, me ha sabido a poco. A bastante poco. En unas 163 páginas de texto (menos, hay unas cuantas en blanco) y otras 60 de anexos (incluyendo gráficas, notas al pie y biblografía) se despacha toda la explicación de su teoría del crash de 2010. Pero que en realidad, lo que es realmente el meollo del asunto, se reduce a un capítulo central, titulado 'La crisis de 2010', de unas 40 páginas, que se me antoja tremendamente sintetizado, siendo el resto pura preparación (y alguna que otra divagación).

Supongo que en este caso hay que aplicar la regla del Martillo de Oro ("para aquel que tiene un martillo, todos los problemas son clavos"). Para un profesor de Estructura de la Economía, su visión tiende mucho a centrarse en la historia y el análisis de los sistemas económicos, sobre todo desde un punto de vista macroeconómico. Por eso de su insistencia a lo largo de libro en la teoría de las crisis cíclicas, aunque en su caso emplee ciclos incluso mayores que los de Kondratieff, de 250 años de media*, que es lo que vendría a durar un modelo económico (el último cambio correspondería a la década de 1810, donde se transicionaría del modelo mercantilista al modelo capitalista) y su empeño de clasificar esta crísis dentro del apartado de las crísis sistémicas sufridas por el capitalismo —sería la tercera tras la de 1870 y la de 1930— y por lo tanto postponer el fin del mismo a los alrededores del 2060.

Sin embargo, en el capítulo mencionado de 'La crisis del 2010' el autor comienza haciendo referencia a la teoría del Peak Oil de Hubbert y cita las previsiones de ASPO del congreso de Barcelona de 2008, que lo sitúan en 2012. No es el momento ni el lugar para ponernos a discutir sobre la teoría del peak oil, decir simplemente que yo estoy de acuerdo con ella. Luego está el asunto de ponerle fecha, que es bastante más complejo (hay desde quien defiende que ya se produjo en 2005, hasta quien lo sitúa en 2018 o incluso más allá). Pero, sea cual sea la fecha elegida, lo que está claro es que el peak oil es, desde el punto de vista de la teoría económica, un hecho totalmente fortuito, que en nada puede relacionarse con ciclos económicos estacionarios.

El peak oil podrá haber pasado, o pasar dentro de 10 o 20 años, pero creo que es difícil poner en duda que sus efectos son lo suficientemente devastadores como para provocar un cambio de modelo económico. Lo que haya después del peak oil no será capitalismo. Se le llamará postcapitalismo o se le llamará como sea, pero no se caracterizará por las bases que sustentan al modelo económico actual, al que llamamos capitalismo. Y es ahí por donde empieza a hacer aguas el argumento de su predicción en base a los ciclos de 250 años. Puedes aferrarte a la interpretación del "tocar techo" asociada al peak oil, y la posterior fase de decrecimiento, o puedes hacerlo a la teoría de los ciclos económicos, pero no puedes hacerlo a ambas a la vez, porque estás dando por hecho que las fuentes de energía tienen una duración concreta para que se ajusten a tus "ciclos", algo racionalmente imposible de creer.

Estoy de acuerdo en que a esta crísis se ha llegado por una exacerbación del modelo crédito-consumo (o como le gusta denominar a SNB, una situación de hipercrédito e hiperconsumo). Estoy de acuerdo que tiene que ver en parte con el peak oil, y digo en parte porque el peak oil es sólo una manifestación en el campo de la energía (campo por otro lado fundamental) de un fenómeno mayor, que es el modelo de crecimiento exponencial desbocado, que está produciendo un agotamiento de todo tipo de recursos, no sólo de la principal fuente de energía. Como en el documental Aritmética, Población y Energía nos recuerdan, simplemente somos demasiados consumiendo cada vez más de todo. Y en el mundo real, el crecimiento infinito no existe porque todo tiene un límite físico que no podemos sobrepasar. Es este aumento de la demanda de los recursos, de las commodities —que llaman los economistas— las que han empujado los precios de las mismas al alza para regular su demanda a la baja, o para aumentar su eficiencia a través de su precio. Y es la negativa de los distintos gobiernos y autoridades económicos a reconocer y enfrentarse a éste error de base del sistema, la que ha llevado a la huída hacia adelante de recurrir al dinero del futuro. Al crédito, en definitiva.

Y también estoy de acuerdo plenamente con SNB que el crédito es también un recurso, una commodity como pueda ser el petróleo, el arroz, el agua, o los caladeros de peces, y que como tal tiene un límite. Un límite definido, probablemente, por la edad vital y laboral, ya que hemos llegado a un punto de endeudamiento en el que la única manera de generar más deuda, la única huída hacia adelante que le queda al sistema sería que las deudas las heredasen las siguientes generaciones. Algo que es, simplemente, impracticable puesto que nadie puede asegurar que las nuevas generaciones estén dispuestas a aceptar deudas "de nacimiento", y por lo tanto, son de muy dudoso cobro. Y los créditos de muy dudoso cobro directamente no se conceden. Con lo que queda bien a las claras que el crédito es un recurso escaso, y encima menguante, con lo que a partir de ahora habrá que racionarlo a quienes verdareramente lo necesiten.

Coincidiendo con SNB (o SNB conmigo) en este análisis de la situación, lo que no comprendo es por qué, con todos las piezas de montar el puzzle, no llega a la conclusión lógica, que no puede ser otra que la de fin de ciclo económico. Tal vez porque lo de "fin del capitalismo" suena demasiado a marxista trasnochado. En realidad, por mucho que insista en su obra, los ciclos económicos más allá del paso del mercantilismo al capitalismo pueden datarse en periodos de 250 años. ¿Qué hay de la revolución neolítica? El nomadismo paleolítico duró miles de años. La protocivilización sumeria sedentaria tardó cientos si no miles de años en asentarse y transmitirse a otras zonas, como Egipto. No parece que el modelo esclavista de la antigüedad sufriera muchas variaciones (incluso con la introducción de la acuñación de moneda o la contabilidad) hasta el surgimiento del cristianismo y la desmembración de los valores del viejo Imperio Romano. Simplemente, tratar de dividir los avances político-económico-sociales en intervalos regulares suena a tratar de obtener un patrón del ruido blanco. Si pruebas muchas combinaciones, y te fijas en una ventana de tiempo concreta, tal vez te parezca ver ahí un patrón, pero en realidad eso no prueba que el patrón exista, sino que has adaptado los parámetros del experimento hasta llegar al resultado que te convenía. Con el esquema cíclico de SNB me pasa algo parecido.

En cambio, si tomamos como parámetro fundamental la capacidad para propagar los cambios y las novedades, sería mucho más lógico pensar que en el pasado remoto del paleolítico, cuando los cambios se transmitían a pie, y de generación en generación, éstos duraran grandes periodos de tiempo en acaecer. Mientras que en un estadio actual de "aldea global hiperconectada", los cambios y las crisis se sucederían a un ritmo mucho mayor. No digo que ésta sea la verdad, pero sí que es un esquema que racionalmente, encaja intuitivamente mejor con lo que conocemos, y por lo tanto, podríamos estar perfectamente en cualquier estadio no conocido de gravedad de una crisis, desde una pasajera (lo dudo) hasta a una mayor que cualquiera de las que ha existido hasta ahora.

Por eso, toda la perspectiva histórica que expone el autor en los primeros capítulos, aunque es interesante en sí, para saber de dónde venimos y porqué ciertas economías presentan un retraso endémico frente a otras, realmente no es una base sobre la que sostener que exista una crísis porque sí, porque "es lo que toca". Existe una crísis porque se han hecho mal las cosas, o mejor dicho, no se han querido rectificar las políticas en su debido momento porque "eran impopulares". Se ha optado por el pan para hoy, y el hambre para mañana, sólo que ayer ya nos comimos el pan, y es hoy cuando toca pasar hambre. Tampoco hay una garantía de que la crisis desembocará en un nuevo estadio capitalista, con unos parámetros distintos a los conocidos, y simplemente seguiremos adelante tras pasar unos años malos. Simplemente, no sabemos lo que va a ocurrir, y si lo que va a ocurrir es bueno o malo dependerá de donde desemboquen las soluciones que tomemos ahora . Y no de un devenir histórico cíclico y "planificado", que me recuerda a la psicohistoria de Hari Seldon de la saga 'Fundación' de Isaac Asimov.

Y es eso precisamente, las conclusiones, las que más hecho a faltar en el libro. Las líneas generales las conocemos de sus columnas: "ir-a-menos", eficiencia y productividad, desempleo creciente de los "factores productivos" de baja cualificación, salvo para casos puntuales, y establecimiento de un "subsidio de subsistencia" para cortar cualquier brote violento de grupos llevados a una situación desesperada. Racionamiento de los recursos naturales y demás commodities y dedicación de los mismos a lo que sea "absolutamente necesario". Todo esto no tiene nada de novedoso, encaja como un guante con los postulados de la teoría del decrecimiento. Pero a partir de ahí, SNB no se atreve mucho más. A decir que tal o cual país lo va a pasar peor o mejor, por su capacidad de adaptación, algo tremendamente dudoso, puesto que si no sabes a qué debes adaptarte, no sabes que punto de partida será el más ventajoso para ello. Por ejemplo, en un escenario de decrecimiento, los países con poca población, buena tierra, fértil, buen clima, y que conserven las técnicas de cultivo ancestrales probablemente lo pasen mucho mejor que una atestada e industrializada Gran Bretaña. O tal vez no. Pero sin saber los cambios que se avecinan, es difícil, muy difícil saberlo.

Tal vez SNB haya huído de querer incluir predicciones como la que hizo en una columna sobre la desaparición de las plantas ensambladoras de automóviles de España para el 2013. Predicciones "apocalípticas" muy llamativas, pero que lo vuelven blanco del escepticismo. Pero no hubiera estado de más que hubiera echado mano a lo que los propios CEOs de las grandes automovilísticas han reconocido en público: que el sector está sobredimensionado en probablemente un 50% a nivel mundial. Y no por una cuestión de derrotismo, sino por simples números.

Pero tal vez lo que más se echa en falta es tal vez una referencia a lo que la revolución de las TIC han traído consigo. SNB habla de las dos revoluciones industriales (la primera de la máquina de vapor, y la segunda del petróleo y la organización industrial tayloriana), pero haya obviado hablar de la llamada tercera revolución industrial, que podríamos llamar de la electrónica, o incluso de la información. Una revolución que está afectando gravemente a sectores enteros que hasta ahora parecían intocables (por aquí hemos hablado profusamente de la crisis editorial, incluso a la crisis de los grandes medios, pero podríamos extenderlo a muchos más campos) y que sin embargo no son ni mencionados, ni analizados. La crisis es cambio, desaparición de viejas estructuras y sustitución por nuevas. Pero es un cambio abrupto, puesto que las viejas estructuras, con el apoyo de la costumbre, se resisten a morir y dejar paso a las nuevas formas. En esa tesitura, es de lo más normal y esperable que las situaciones en cada uno de los sectores en retrocesos hayan ido paulatinamiento volviéndose deteriorándose, hasta alcanzar la traca final de una gran crisis generalizada que se expande como un incendio lo hace sobre las hojas secas, las ramas caídas y los troncos podridos de un bosque viejo y enfermo.

Todo este análisis simplemente no existe en el libro, y sin este análisis, para mí particularmente, es como si me estuvieran contando otra recesión distinta de otra época (p. ej. la de los 80 del petróleo), pero no la actual. Y si no podemos fijar exactamente las crisis que tenemos en marcha, no podemos saber adonde dirigirmos, establecer un modelo de futuro que sea plausible, y establecer los pasos de la transición hacia ese modelo. En definitiva, un libro que lo único que aporta es un grito de aviso de que las cosas van mal, y que van a ir a peor, pero que se queda ahí.

Desde un punto de vista más prosaico, también hay que quejarse de que el libro de SNB peca de los males que expone: más de 21 euros por un libro de 250 páginas, sólo por el hecho de elegir un método de distribución tan ineficiente como el papel, no encaja con el futuro de la eficiencia que predica. Existen copias digitales de su libro en la Red, que es un medio de distribución bastante más eficiente. Algunos dirán que es muy poco ético por mi parte fomentar la —mal llamada— piratería, pero no está de más que el propio SNB pruebe un poco de la crisis del 2010 (o 2009, o 2008) en sus carnes. Esto, también es una cara más de la crisis, y de la transformación que nos aguarda.

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* afortunadamente en el libro matiza lo de "de media", porque en algunas de sus intervenciones suele soltar lo de "250 años" a secas, lo que le da una impresión de futurólogo nada apropiada.

lunes, julio 06, 2009

Funciona, porque es gratis

La inminente salida de 'Free*: The future of radical price' (artículo original y libro completo), el nuevo libro de Chris Anderson —editor jefe de Wired y autor del ya famoso 'The Long Tail'— ha levantado no poca polvareda. Y la crítica más sonada ha venido a través de un artículo de Malcolm Gladwell en The New Yorker titulado Priced to Sell. A éste artículo han venido contracontestaciones (por ejemplo ésta de Seth Godin) y, bueno, me imagino que la bola de nieve seguirá dando vueltas por ahí. Incluso por estos lares también hemos tenido discusión al respecto, como podréis ver en la entrada de tinta-e Libros gratis, en Comunicación cultural (que, por una vez y sin que sirva de precedente, no voy a resumir por aqui xD). El objetivo de ésta entrada es otro: analizar uno de los argumentos presentados por el señor Gladwell:

Look at YouTube, he says, the free video archive owned by Google. YouTube lets anyone post a video to its site free, and lets anyone watch a video on its site free, and it doesn’t have to pass judgment on the quality of the videos it archives. “Nobody is deciding whether a video is good enough to justify the scarce channel space it takes, because there is no scarce channel space,”

[...]

Although the magic of Free technology means that the cost of serving up each video is “close enough to free to round down,” “close enough to free” multiplied by seventy-five billion is still a very large number. A recent report by Credit Suisse estimates that YouTube’s bandwidth costs in 2009 will be three hundred and sixty million dollars. In the case of YouTube, the effects of technological Free and psychological Free work against each other.

So how does YouTube bring in revenue? Well, it tries to sell advertisements alongside its videos. The problem is that the videos attracted by psychological Free—pirated material, cat videos, and other forms of user-generated content—are not the sort of thing that advertisers want to be associated with. In order to sell advertising, YouTube has had to buy the rights to professionally produced content, such as television shows and movies.

[...]

To recap: YouTube is a great example of Free, except that Free technology ends up not being Free because of the way consumers respond to Free, fatally compromising YouTube’s ability to make money around Free, and forcing it to retreat from the “abundance thinking” that lies at the heart of Free. Credit Suisse estimates that YouTube will lose close to half a billion dollars this year. If it were a bank, it would be eligible for TARP funds.
El punto clave que pierde de vista este comentarista es que YouTube funciona porque es gratis. Y esa es la clave de todo. Para explicarlo, voy a empezar poniendo como ejemplo otra de las compras sonadas de Google: el servicio de blogging gratuito Blogger.

Esta misma bitácora está en Blogger. ¿Y por qué está en Blogger? Porque mi bitácora original estaba en una máquina propia, conectada 24 horas al día 365 días al año a Internet, que tenía que pagar, y preocuparme por su mantenimiento: de su seguridad, no se me colara algún cracker y me la liara; de su disponibilidad, que al ordenador le pasara algo y se bloqueara, que los procesos del apache no le dieran por quedarse zombies misteriosamente, etc; de la actualización de todo el software usado, desde el núcleo del sistema operativo a la plataforma de publicación que usaba (geeklog). Es decir, esa máquina tenía un coste, no sólo en términos económicos del pago de la línea (ADSL) o el hardware necesario, sino del esfuerzo —mano de obra— que requería.

Cuando no pude mantener más esa máquina, lo que hice fue buscar un sitio donde pudiera seguir publicando gratis, y a su vez no tuviera que dedicar mi tiempo a mantener. O sea, doblemente gratis, ya que es el tiempo de otras personas (los técnicos de Blogger/Google) y otros recursos los que se consumen y ponen a mi disposición sin coste alguno. Blogger es un servicio análogo a YouTube, puesto que tanto el emisor (el blogger que publica sus entradas) como el receptor (los lectores) reciben un servicio totalmente gratis. El que paga el servicio es, como en el caso de YouTube, Google.

Las "3 patas de banco" de Blogger son:
  • Gratis para el lector: el lector puede acceder a cantidades ingentes de información de casi cualquier tema imaginable, sean cuales sean sus intereses, totalmente gratis. Y no puede ser de otra forma, puesto que el lector nunca pagaría por algo que a priori no sabe si realmente merece la pena pagar o no hasta que lo "ha consumido" (leído). Por otro lado, la economía de la abundancia descarta que alguien vaya a pagar por un contenido que puede recibir por otras múltiples vías de forma gratuita (dejando de lado algunos contenidos altamente especializados, que no van a ser distribuidos mediante esta plataforma).
  • Gratis para el autor: el autor tiene una plataforma de publicación a la cual no tiene que dedicarle la menor atención, ni en forma monetaria ni de esfuerzo, de forma totalmente gratuita, mantenida, protegida y mejorada por Google. Una plataforma con la cual puede llegar al todo el mundo, sin limitaciones de tener que pagar por tráfico adicional (si una entrada se convierte en tremendamente popular), ni que se te caiga la página web por la saturación, ni situaciones similares. Es decir, tienes una plataforma de publicación equivalente en robustez a la de un gran periódico internacional (gracias al respaldo de los servidores de una megacorporación como Google, claro) al alcance de un particular.
  • Gratis para Google: ¿Cómo? ¿Pero no es Google el "pagano" (el que paga) de todo esto? ¿Qué gana Google ofreciendo este servicio gratuito? Pues para empezar, gana el trabajo y los conocimientos de un montón de gente —los autores—, que le están generando contenido gratuitamente y por la cara con el que atraer a los internautas. Porque Google, no se nos olvide, vive, entre otras cosas, de vender publicidad en Internet. Y la publicidad en Internet se vende más y mejor a medida que hay una creciente audiencia en el medio. En el caso de Blogger, cuantos más contenido hay en los blogs, que atrae a más lectores, mayor es el valor de insertar publicidad en la web (en general). Y en las webs donde están alojadas esos contenidos, en particular (en este caso Blogger). Google, con Blogger, se está creando un enorme panel donde insertar su publicidad, y lo curioso es que lo está logrando a un coste infinitesimal, en relación a si tuviera que pagar por todos la generación de todos esos contenidos. Pero es que aun hay más: Google no sólo le saca partido a los autores, sino que también le saca partido a los lectores. ¿Cómo? Estudiando los hábitos de consumo/navegación. Al contabilizar el acceso a la información que han creado los autores en Blogger, es capaz de inferir patrones, temas de interés, relaciones, ... y toda esa enorme base de datos del comportamiento de los internautas la obtiene gratuitamente, y la puede emplear para múltiples de sus negocios: publicidad dirigida/segmentada, mejora del algoritmo del buscador, y otras muchas aplicaciones que les permiten tener una ventaja competitiva en muchos campos (por ejemplo en la creación de correctores de gramática, o traductores). Y vaya usted a saber qué más se sacarán de la manga de esa apabullante fuente de datos, de la que ha llegado a decirse: "Google sabe más acerca de tí que tu mamá".
Blogger funciona porque las "3 patas de banco", los tres agentes que intervienen en la "transacción" (el servicio) se benefician de la gratuidad. En los tres casos es una relación de WIN-WIN (ganar-ganar), y si no fuera así, el equilibrio se rompería y el servicio fracasaría. Pero no es el caso.

¿Es aplicable este mismo modelo a YouTube? Por supuesto. La diferencia fundamental entre Blogger y YouTube está sólo en la magnitud de la información que se maneja. En el caso de Blogger, al ser texto con unas pocas imágenes, el coste de explotación global, aun con cientos de millones de blogs, es marginal respecto a los beneficios de la ventaja competitiva que logra a cambio. Y es que si hay algo que le sobra a Google son datacenters y ancho de banda, pues lo necesitan para sus múltiples servicios.

Sin embargo, el coste de almacenamiento en disco y de ancho de banda que para streaming de texto es barato, para streaming de video, que puede ser dos órdenes de magnitud superior, es aun caro. Cuando yo me compré mi primer ordenador, aquel disco de 40MB parecía enorme. Ahora un disco de 1TB nos parece "lo de andar por casa". En cuanto a transmisiones, yo empecé con 1200bps half-duplex, y ahora ando por los 3MB, si no los han duplicado ya a los 6MB. El tiempo juega en favor de un abaratamiento cada vez mayor del espacio en disco y el ancho de banda, hasta —es de suponer— el punto en el coste de mantener algo como YouTube sea mucho más manejable.

De hecho, quiero poner un segundo ejemplo de "funciona porque es gratis": el propio buscador de Google. Y es que, a alguno de los internautas más jóvenes les pueda sorprender, en su día había buscadores de pago. Uno de los más famosos era lycos (sí, ese que compró Telefónica por una burrada de dinero y que luego no les valió para nada), el cual tenía una version gratuita reducida —que no usaba nadie cabal— y luego otra de pago con acceso a toda la información. En este modelo, la primera pata de banco, los usuarios, fallaban al no ser un servicio gratis.

Luego existían otros buscadores, el más conocido altavista, muy utilizado hasta que se le ocurrió que su modelo de negocio se basaría en vender las primeras posiciones de búsqueda al mejor postor. Es decir, las búsquedas ya no dependían de que tu página web fuese realmente pertinente para el usuario que buscaba esa información, sino que dependía de lo que el autor pagara por posicionarse. La segunda pata de banco, gratuito para los autores (de páginas web en este caso) fallaba estrepitosamente.

Finalmente, el mercado se lo comió un buscador llamado Google. Un buscador que, efectivamente, se usaba porque técnicamente era bueno. Pero también porque era gratis para el usuario, que podía acceder a toda la funcionalidad sin restricciones, y para los webmasters, a los que Google posicionaba según su esfuerzo de autoría y pertinencia de la página, siendo totalmente gratuito el aparecer en el buscador en cualquier posición, incluyendo las primeras.

Y Google recibió a cambio el convertirse en el "campo de juego neutral" de la red, a partir del cual los consumidores de información llegaban a los productores de la misma. Y esa posición hegemónica les abrió muchas puertas y muchos negocios. Y el resto, es historia.

Y la moraleja de este cuento es: Google, el gigante de Internet, funciona, porque es gratis.

Addendum: despues de haber terminado deprisa y corriendo la entrada (porque se hacía tarde), me he dado cuenta que me ha quedado un trozo, un importante trozo, sin contar. Va a continuación.

¿Es aplicable el modelo de "las tres patas de banco" a YouTube? No sólo es aplicable, sino que además, es el único posible. Primero, porque (dándole la vuelta al argumento del señor Gladwell) nadie va a pagar por ver "videos de gatos", ni el video casero aquél tan gracioso del tío Andy con una tajada monumental. La única manera de distribuir contenido generado por el usuario, que en un gran porcentaje (al menos el 90% si hacemos caso de la Ley de Sturgeon) va a ser material amateur bastante penoso, es que el usuario acceda a él de forma gratuita y sin limitaciones. Segundo, porque los autores particulares —y no tan particulares— no pueden pagarse una infraestructura como para hacer streaming de sus videos, y menos una que pueda soportar que alguno de esos videos de repente se convierta en un megaéxito puntual y sea imposible de ser servido (con lo que matas cualquier posibilidad de éxito). Eso se lo puede permitir una gran compañía, ya sea porque es un media que tiene una infraestructura ya creada para ese tipo de eventos (vive de ello), ya sea porque se puede permitir pagarle a uno de los media anteriores por el servicio.

Imaginemos un creativo publicitario que tienen una idea para una campaña que cree de mucho impacto, pero que no pueden permitirse pagar el tiempo de emisión en las principales cadenas de televisión del país. Tampoco pueden permitirse contratar un hosting y arriesgarse a que, si su video es visto por gran número de personas, la factura que le llegue del proveedor de hosting el mes siguiente por el ancho de banda consumido (y eso suponiendo que tal proveedor ha sido capaz de aguantar la avalancha de peticiones) puede alcanzar niveles estratosféricos. Ambas vías se las puede permitir una gran agencia de publicidad, o una gran cadena de televisión, pero no el resto, entre los que se incluyen no sólo particulares, sino también pequeñas y medianas empresas, incluso profesionales independientes o pequeñas empresas del sector. Para todos ellos, un servicio como YouTube es genial, y es genial porque es gratuito. Tienen sin coste alguno al alcance de la mano la posibilidad de poner en la pantalla de todos los internautas del mundo su video. ¿Cómo no la van a querer aprovechar? Y aunque muchos autores lo usen para subir videos de gatos (ojo, que más de un fenómeno de Internet ha sido un video de gatos u otra chorrada por el estilo), una parte de esos autores no se van a limitar a eso. Y bien porque sean profesionales que hacen un video que en realidad es una campaña publicitaria de una pequeña empresa —o de una grande entrando en el juego de la publicidad viral—, bien para promocionarse profesionalmente, o por puro amor al arte, no todo lo que hay en YouTube va a ser basura. Porque lo que le interesa al autor es la gratuidad de YouTube como plataforma de lanzamiento. En cambio, lo que le interesa al usuario de YouTube es la gratuidad de lo que puede ver a través suyo.

En este juego a tres bandas, falta la gratuidad del tercero, es decir de YouTube/Google. ¿Creéis que Google pierde dinero con YouTube? Tal vez visto como una división separada, así sea. Pero si aplicamos el mismo análisis que hicimos en el caso de Blogger, los autores que utilizan YouTube está creándole a Google gratuitamente un ecosistema de información audiovisual que ellos pueden aprovechar en el futuro para potenciar su negocio de insertar publicidad en Internet (en este caso, en el streaming de video). Si creéis que eso no es rentable, preguntaros entonces por qué proliferan los videos sacados de YouTube en las televisiones, llegándose el caso de programas entéramente basados en videos sacados de ahí. Y preguntaros también como es posible que sea más caro emitir anuncios publicitarios en la emisión online de Los Simpson que en la emisión televisiva. Ahí hay negocio, y un día convergerá ese enorme archivo online de videos, junto con el montón de información sobre preferencias que de nosotros también está recogiendo Google a través de YouTube y los videos que incrustamos o enlazamos en nuestras webs (también entregadas por nosotros de forma gratuita), junto con un descenso en los costes operativos de streaming y almacenamiento de video, para volver a formar una situación WIN-WIN-WIN entre las tres partes de éste triángulo gratuito.

Y todo esto funcionará, porque es gratis.

Actualización: añadido el libro completo, que ha sido publicado totalmente gratuito en scribd.

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* traducido como 'Gratis', no como libre

domingo, junio 28, 2009

El futuro del libro digital (I)

Javier Candeira ha escrito un inspirador artículo sobre el libro electrónico 'El verdadero avatar del libro electrónico' del que merece la pena entresacar un par de ideas:

El economista austríaco Joseph Schumpeter acuñó la expresión “destrucción creativa” para referirse a las consecuencias de la innovación radical en una sociedad de mercado. Esta descripción se aplica especialmente bien a las consecuencias sociales del cambio tecnológico. Cuando se cita a la imprenta de tipos móviles de Gutenberg como uno de los inventos cruciales en el progreso de la humanidad, no sólo se está celebrando una tecnología que dio lugar al Renacimiento y, de rebote, a la Ilustración, la Revolución Industrial y al mundo moderno. También se recuerda a la máquina que acabó con los Scriptoriums medievales, llevándose con ellos los manuscritos iluminados, los grandes libros de pergamino… terminando incluso con la primacía en Europa de la Iglesia Católica.
O dicho de otro modo, el progreso es cambio, y el cambio es crísis: sustitución de viejos modelos obsoletos por otros nuevos que se adaptan mejor a la nueva situación económico-social. Además, estos cambios suelen provocarse de forma abrupta y normalmente mediante un conflicto entre las "viejas estructuras" (aquellos que tienen miedo al cambio y no quieren adaptarse) y los que sí se adaptan y abrazan el cambio, que serán los encargados de formar las "nuevas estructuras" que las sustituirán.

La imprenta y el libro de papel fué en su día parte de un cambio revolucionario que acabó con profesiones, organizaciones, e incluso alteró el modo de entender la vida. ¿Acaso no hubo una oposición contra el libro y todo lo que traía consigo? Por supuesto, ¿que otra cosa sino es la Contrarreforma y el Index Librorum Prohibitorum? Pues aquellos que en su día eran los revolucionarios, ahora les ha llegado el turno de ser los reaccionarios, y como tal reaccionan contra el libro electrónico.
Es pronto para decir cómo será la edición del futuro, post-Internet, post-libro electrónico, post “veinte minutos en el futuro“. Lo que sí que está claro es que no será como hasta ahora. Los automóviles no son carruajes de caballos tirados por motores controlados por riendas y que abrevan gasolina. El cine no es teatro filmado con una cámara en una butaca. El grueso del negocio editorial no consistirá en empresas que fabrican “ejemplares” digitales, vendidos a tanto la copia, y pagados a tanto menos al autor. Este modelo quedará reservado para fenómenos marginales, de lujo, de culto. Tanto las empresas editoriales como los propios géneros literarios (o no literarios: la edición es mucho más que literatura) serán irreconocibles dentro de veinte, cincuenta años, si es que siguen existiendo.
Tal vez sea pronto para saber a ciencia cierta cómo será la edición del futuro. Pero desde luego sí que podemos especular, hacer prospectiva sobre ello. Entre otras cosas, porque la formación de lo que serán los cimientos de dicha edición futura es ahora. Podemos ver brumoso el final del camino, pero desde luego que vemos claramente el arranque del mismo, y la dirección que toma.

Por eso mismo, el otro día lanzaba un globo sonda en Twitter:
Tiene toda la razón @franontanaya, si las editoriales no quieren pillarlo, entonces que sean otros los que lo hagan. http://bit.ly/Gu8NV

Pero como es aburrido estar todos los días escuchando lo mismo, o estar replicando todo el día aqui y allá, voy a lanzar una idea loca.

❶ Escribimos cada uno (el que quiera, claro) un artículo sobre cómo creemos que debe funcionar el futuro mundo del libro digital.

❷ Se recopilan todos en un "libro digital" (PDF, epub, etc) y se pone disponible libremente para el que lo quiera leer con una licencia CC.

Donde digo artículo, quiero decir mini-ensayo. No estoy hablando de escribir 40 páginas, pero tampoco 6 párrafos.

Desde luego en mi streamline habéis tuiteado material de sobra para hablar largo y tendido sobre el tema.

Y también es interesante contar con diferentes puntos de vista, que los hay.
La idea, al menos por mi parte, es intentar hacer un todo coherente con la multitud de ideas dispersas que he ido leyendo o escribiendo por ahí. Pero como uno está limitado y condicionado por su propio pensamiento subjetivo, se me ocurrió que sería interesante leer lo mismo de otras personas interesadas en el mismo tema, y más informadas que yo. Para rematar, se puede unir todo y, como decía Machado, "hacer camino al andar". Y esa es, en esencia, la idea. Que están invitados a comentar, incluso a participar en su elaboración.

martes, junio 02, 2009

Futuros imaginados, presentes extrapolados

Inspirándome en esta magnífica serie de viñetas que comparan los futuros imaginados por Huxley (Un Mundo Feliz) y Orwell (1984) con la realidad actual, voy a enlazarlo con el artículo que mencionaba ayer, y entresacar algunos trozos:

La sociedad que surge es menos estable y, como denunciábamos, potencialmente más atraída por las alarmas políticas reaccionarias capaces de intercambiar mayor bienestar por menos democracia. También es una sociedad sin una clara identidad de valores compartidos, por lo tanto, es oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo", señalan los autores [del libro El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste, el periodista Massimo Gaggi y del economista Eduardo Narduzzi]
Esta visión coincide tanto con la de Orwell (políticas reaccionarias, intercambiar bienestar por democracia) como on Huxley ("oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo"). Incluso, si se quiere hacer un mix, podría encajar mejor en la Inglaterra de V de Vendetta, como fusión de ambas visiones.

Pero sigamos adelante, y veamos la visión de Santiago Niño Becerra:
En esa línea, Santiago Niño Becerra considera que hoy por hoy "la ideología prácticamente ha muerto", y gradualmente, evolucionaremos hacia un sistema político en el que un grupo de técnicos tomará las decisiones y "la gente, la población, cada vez tendrá menos protagonismo.

"Conceptos como funcionarios, jubilados, desempleados, subempleados, mileuristas, undermileuristas irán perdiendo significado. Con bastante aceleración se irá formando un grupo de personas necesarias que contribuirán a la generación de un PIB cuyo volumen total decrecerá en relación al momento actual, personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración (razón por la cual su PIB per cápita será mucho más elevado que el actual), y el resto, un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia (el nombre poco importa) que cubra sus necesidades mínimas a fin de complementar sus ingresos laborales. La recuperación vendrá por el lado de la productividad, de la eficiencia, de la tecnología necesaria; pero en ese trinomio muy poco factor trabajo es preciso. Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders: de quienes son necesarios para generar PIB y de quienes son complementarios o innecesarios".
Y aquí me vienen dos analogías de futuros imaginados por la ciencia-ficción. La primera es la del clásico de H. G. Wells La máquina del tiempo. En esta novela, el viajero hacia el futuro se encuentra con una sociedad dividida en dos castas: los Morlocks y los Eloi. Mientras los primeros han evolucionado en unos seres ocultos bajo tierra y que hacen funcionar la maquinaria que mantiene el mundo, los segundos son un grupo de ociosos que prácticamente han perdido todo conocimiento y consciencia que no sea la de los placeres más básicos (comer, beber, dormir y follar), y cuya único motivo de existencia es satisfacer a los apetitos de los Morlock, que son los que en realidad los alimentan y mantienen con vida.

Wells era un socialista fabiano, y en las dos degeneraciones de los humanos que presenta, tiene un interés político claro. Mientras los Morlock serían los descendientes de la clase trabajadora, los Eloi representarían a los descendientes de las clases pudientes. Sin embargo, si retomamos el párrafo de SNB, podríamos encontrar una analogía que encaja mejor: los Morlocks ("personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración"), que son los técnicos y tecnócratas, y a los Eloi ("un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia"), mantenidos por los primeros porque son necesarios para ellos.

¿Estoy siendo demasiado atrevido? Bien, vamos ahora a por otra frase de SNB: "Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders". En realidad, la frase de por sí no es suficiente, pero aquí estoy yo para explicar que una de sus predicciones es que sólo sobrevivirán las grandes megacorporaciones, capaces de aglutinar muchísimos sectores de forma que se pueda explotar la eficiencia de las economías de escala hasta el límite, y las micropymes (o autónomos), capaces de sobrevivir por su alto grado de adaptabilidad en cada momento a las necesidades del momento. Es decir, los freelancers. ¿Y en qué futuro imaginado conviven el titánico poder de las megacorporaciones de cultura monolítica con los freelancers y los outsiders? Efectivamente, en el cyberpunk más ortodoxo.

Si recuerdan algunos de los relatos de Gibson, los vaqueros y otros grupos marginales especializados (generalmente en el crimen) —es decir, outsiders— se dedican a hacer "extracciones": sacar importantes científicos o técnicos —los más valiosos insiders— de las megacorporaciones donde han vivido siempre para llevarlas con nuevos dueños. Y digo bien, dueños, porque las megacorporaciones se erigen en los verdaderos "estados" que rigen los destinos de sus "ciudadanos" (empleados) desde el nacimiento hasta la muerte, siempre dentro de la megacorporación. Incluso en la novela Jennifer Gobierno (de clara inspiración cyberpunk) las personas llevaban como apellido el nombre de la empresa donde trabajan.

La ciencia-ficción tiende a llevar las ideas a los extremos, con el objetivo de provocar la mayor reacción posible en el lector. Esto no significa que sus ideas no sean válidas, sino que hay que interpretarlas. Así como es difícil imaginar una sociedad donde todo el mundo entregara hasta la última gota de su privacidad al gobierno, o que se lanzara totalmente en manos del hedonismo, también es dudoso que se permitiera que su apellido fuera el de la empresa en la que trabaja. Y sin embargo, ya hoy, trabajar en la empresa XXX (sobre todo si XXX es una empresa con una marca conocida) puede que no sea un apellido pero sí es algo que se usa para etiquetar. En Vitoria, trabajar en Mercedes o en Michelín representa ya un estátus de por sí. Significa (o significaba) un trabajo estable, fijo, bien remunerado, al que aspiraban muchos. Y otro tanto se pueden decir de otras fábricas en otros lugares del mundo.

¿Los Morlocks —perdón, los técnicos— irán por ahí alimentándose de Elois? Lo dudo mucho. Sin embargo, los tecnócratas serán la nueva y escasa clase media, y seguro que podrán elegir el sitio de sus sueños donde vivir, la pareja con la que procrear, y un sinfín de lujos más que para la mayoría estarán vedados. Mayoría a la que se apaciguará con la inmortal fórmula del Pan et Circenses. ¿Tan difícil es de imaginar? Yo diría que no sólo es fácil de imaginar, sino que ya está con nosotros.

lunes, junio 01, 2009

Por qué no se rebelan los mileuristas

Una de las cosas buenas que ha traido la crisis consigo es que, de vez en cuando, uno se encuentra de vez en cuando artículos de brutal sinceridad, inimaginables en ciertos medios hace unos años. Uno de estos artículos es el aparecido hoy 1 de junio en El País "Adios, clase media adiós".

El artículo seguramente merece un análisis más exhaustivo, pero yo me voy a quedar con la última frase del mismo: "El mileurista ha dejado de tener edad. Gana mil euros, no ahorra, vive al día de trabajos esporádicos o de subsidios y, pese a todo, no se rebela".

Despues de 295 comentarios, los de El País han decidido cerrar los comentarios a esta noticia, así que mi respuesta va a ir aquí.

¿Que por qué no nos rebelamos?

  1. ¿Qué sentido tiene rebelarse? ¿Contra quién y por qué? El artículo pinta un panorama muy negro para los mileuristas, nada alejado de la realidad. Pero lo que no cuenta el artículo es que esos mileuristas seguimos siendo parte de los 1.000 millones de habitantes privilegiados de éste planeta. Y por cada uno de esos 1.000 millones, hay 5,5 personas que viven infinitamente peor que nosotros. Para ellos un mileurista es algo así como un potentado. Desde ese punto de vista... ¿vamos a hacer una revolución? ¿Por qué razon? ¿Para vivir todos como Bill Gates? Eso en el fondo sabemos que es imposible, como sabemos que somos unos privilegiados, aunque nos gusta no acordarnos demasiado de ello. Los que tienen justas y verdaderas razones para una revolución, sería a costa nuestros privilegios y derrochador modo de vida. Como decía el Quijote: "Mejor no meneallo".
  2. ¿Quién dice que no nos estamos rebelando? Claaaro, para algunos una rebelión consiste en que rompamos escaparates y quemenos cosas para cortar carreteras. Absurdo, esa es la rebelión que quieren los poderosos. Algo para decir "mira que bárbaros, tenemos que controlarlos por su propio bien". Eso no es una rebelión, eso es seguirles el juego. La verdadera rebelión, lo que les molesta de verdad es que consideres totalmente innecesario un automóvil, y por lo tanto no te lo compres. Que decidas no derrochar. Que seas generoso con los demás. Que pienses que en este mundo hay miles de millones de personas más que tienen el mismo derecho a vivir, y que por lo tanto el mundo no está al servicio de tus caprichos. Eso les jode, porque conviertes que ellos quieran que el mundo esté a su servicio en algo falto de ética. No imponen su patrón de forma de pensar. La cultura libre, la cultura de compartir, y la cultura de colaborar en vez de competir, es pura rebelión contra el su modo de vida, una rebelión mil años luz más efectiva que quemar cajeros o destrozar mobiliario urbano.
La próxima vez que oigas que los jóvenes de ahora son todos unos conformistas, ríete. Sí, ríete, porque si fueran capaces de comprenderte, entonces sí que estarías pensando mediante sus antiguos esquemas. El hecho de que no sean capaces de comprenderte, demuestra hasta que punto eres inconformista.

sábado, mayo 30, 2009

La creación cultural como impuesto

Supongamos que aceptamos que la cultura es un bien general por el que hay que "pagar". Pero "pagar" automáticamente no tiene por qué significar dinero. Por ejemplo, la defensa es un bien general, y hasta hace bien poco eso significaba que todos los ciudadanos tenían que entregar un periodo de su vida y dedicación al ejército (el servicio militar obligatorio). La "mili" también era un "impuesto" del Estado, sólo que era un impuesto "en especie", no dinerario.

Pues bien, he aquí una propuesta alternativa (y provocativa, espero): si la cultura es un bien general por el que se ha de pagar, que se pague. Pero que se pague en forma de creaciones culturales. Cada ciudadano de éste país entre una franja de edad mínima y máxima (es decir, excluyo a los niños y también a los jubilados) tendría la obligación de entregar anualmente una cierta cantidad de obras culturales (no especifico que tipo de obras) a un fondo común estatal a partir del cual todos los ciudadanos tendrían del derecho no sólo a disfrutar de la obra, sino incluso a realizar obras derivadas de las mismas (formando parte estas mismas obras derivadas automáticamente del mismo fondo*). Sería como una especie de "dominio público", pero sin la posibilidad de sacar cosas de ese dominio público.

De esta forma sí que podríamos hablar de un "patrimonio nacional cultural". O puesto de otra forma, si se quieren convertir las obras intelectuales en "propiedad", entonces habrá que definir claramente cuál es el espacio de la propiedad intelectual pública y cuál el de la propiedad intelectual privada. Porque si no, nos encontraremos aberraciones como que se tome continuamente propiedad intelectual pública y se privatice por la cara.

O dicho en román paladido: o jugamos todos, o la puta al río.

No me voy a meter a discutir como se gestionaría este "impuesto cultural", si sería progresivo (respecto a las creaciones culturales privadas) o igualitario, como se cuantificaría o cualificaría la "tasa" a satisfacer, etc. Eso, si queréis, lo podemos discutir como un ejercicio de prospectiva. Lo que me interesa es hacer ver que si realmente se quiere hacer valer el concepto de "propiedad intelectual", este tiene muchísimas implicaciones que ni siquiera se han esbozado. Implicaciones que en ningún momento han enfrentado o considerado los actuales postulantes de la "propiedad intelectual". Lógico, cuando sólo se está en una postura por el negocio, y en ningún momento se consideran los aspectos éticos, políticos o legales de la misma.

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* Similar a cómo funcionan las licencias libres víricas tipo GPL o CC-SA, vamos.

miércoles, mayo 27, 2009

El futuro de los libros

Cuando se habla del futuro de los libros, se obvia el hecho que el libro es un "contenedor" que sirve a muchos propósitos diferentes. No es lo mismo una guía de viajes que un libro de texto, aunque ambos sean técnicamente libros. Así que para analizar el futuro del libro, hay que hacerlo caso a caso, viendo las particularidades que se pueden presentar:

  • Libros de texto: son los primeros que tienen todas las papeletas para desaparecer. No hay más que recordar la última propuesta política de dotar a cada alumno de un portátil para entender por donde van los tiros. Para empezar, porque el objetivo es la enseñanza, y el libro de texto no era más que una herramienta más. Ahora que la educación requiere cada vez formas más complejas de transmitir el conocimiento (p. ej. formatos audiovisuales, animaciones), más interactividad (autoevaluación, clases más allá de la clase -física-), contenidos cambiantes, personalizables (adaptar la enseñanza a cada tipo de alumno), etc está claro que el libro de texto tradicional es una herramienta tremendamente limitada -y cara- para lo que está requiriendo la enseñanza actual.
  • Libros de consulta: ¿Realmente hace falta explicar por qué las enciclopedias de papel no tienen futuro? (de hecho, no tienen presente ¿cuando fue la última vez que se presentó en su casa un vendedor de enciclopedias?). El libro de consulta simplemente no puede competir con el volumen de información y la potencia de búsqueda y relación de Internet. Los únicos que pueden competir son monografías muy especializadas, que son precisamente las menos rentables para editar en papel, dada sus pequeñas tiradas. En ese caso, ebooks e PoD (impresión bajo demanda) serían los medios lógicos. En este apartado se incluyen también los diccionarios de todo tipo.
  • Libro técnico: El libro técnico (especialmente en la informática) generó estos últimos años un gran mercado. Mercado que está desapareciendo. Las razones: libros caros, especializados y normalmente de poco tiempo de vida (nuevas versiones, nuevas herramientas, etc los hacen obsoletos rápidamente). El manual de referencia ha sido sustituido por el manual online (mismo efecto que los libros de consulta), y los libros de trucos y consejos, por foros donde se consultan las dudas. Las editoriales técnicas saben que el cliente busca cada vez una formación más personalizada, y están actuando en consecuencia. También es un mercado ideal para el ebook.
  • Mapas y guías de viaje: ¿Alguien dijo GPS? En cuanto a las guías de viaje, aparte que el GPS está avanzando en esa línea, incorporando guías de restaurantes, hoteles, etc, Internet Móvil + geolocalización están a la vuelta de la esquina.
  • Libros de cocina: Me temo que la combinación Internet+impresora hará daño (al fin y al cabo, uno quiere una receta cuando la quiere) aunque es posible que perviva un pequeño nicho de mercado durante un buen tiempo.
  • Libro de autoayuda, libros religiosos: La Biblia, El Corán, y ¿Quién se ha llevado mi queso? se seguirán editando en papel. :-P
Si se os ocurre alguna categoría más, me la decís y la añado.

La novela y el ensayo los he dejado deliberadamente aparte puesto que sobre ellos ya he hablado en muchas ocasiones. Y volveré a hablar. Pero es importante señalar que novela y ensayo no son más que una tarta del pastel editorial, y otros trozos antes jugosos, ahora están seriamente amenazados o directamente en vías de extinción.

lunes, mayo 25, 2009

Reciclaje de propaganda electoral

Ahora con las elecciones, nos llegaran montones de papeles inservibles a casa. Como no está la economía como para ir derrochando, y el papel en cuestión es demasiado áspero como para limpiarse el culo con él, lo mejor es aprovechar las papeletas para hacerse unas cuantos papelitos para tomar notas. El proceso es sencillo, ya que se pueden aprovechar las propias dobleces:

Una vez apiladas en montones que se puedan cortar, no nos queda más que aplicar la tijera por la doblez. Cualquier tijera de papelería nos sirve:


¡Y ya tenemos las notas listas para utilizar!

Este ha sido nuestro briconsejo de hoy.

(Ahora sólo queda encontrar algún uso para los sobres electorales. ¿Alguna propuesta?)

domingo, mayo 24, 2009

Carta de un carretero a Henry Ford

Muy señor mío:

Han llegado noticias a nuestro pequeño pueblo de su pretensión de dotar a cada uno de los ciudadanos de este país de uno de sus llamados "automóviles". Como profesional dedicado al transporte de personas y mercancías durante más de 30 años, me permitiré darle un consejo que le evitará perder, además del tiempo y la ilusión, grandes cantidades de dinero en esa alocada pretensión suya. Porque, permítame informarle, su empresa está abocada al fracaso.


El carro, en sus diferentes encarnaciones, ha sido nuestro compañero de viaje durante millares de años, y no por casualidad. A su fácil construcción y mantenimiento se le une su infinita autonomía. En efecto, con mis animales, sean caballos, mulos o bueyes, puedo recorrer cualquier distancia siempre que las montañas, los ríos, los desiertos o el mar no me impidan pasar. He sido informado que sus "automóviles" usan algo llamado "motor de explosión" (ya de por sí el nombre no dice nada bueno) alimentado por petróleo. Pues bien, mientras mis animales pueden detenerse y pastar prácticamente en cualquier prado, o conseguir forraje en cualquier granja, difícilmente va a lograr usted que en cualquier lugar sus máquinas consigan la sustancia que necesitan para su funcionamiento. A ello hay que añadir que, en caso de avería o problema, no podrán ser fácilmente reparadas, pues permítame dudar que haya suficiente número de gente por todos los rincones del país con la formación necesaria que requiere maquinaria tan compleja, mientras que yo siempre encontraré en cualquier población, aun las más humildes, un herrero con que herrar mis caballos, o un carpintero que me sustituya un eje o una rueda rota.


Pero la razón fundamental por la que su negocio está destinado al fracaso no reside en meras cuestiones prácticas, sino en el corazón de las personas. Dudo mucho que una persona cabal esté dispuesta en montar en una máquina "explosiva". Construida con materiales como el vidrio o el acero. Mis compañeros y yo (y sin duda nuestros clientes) seguiremos prefiriendo la textura de la madera bajo nuestras posaderas, el viento en nuestra cara, la suavidad del cuero de las riendas, o familiar olor de nuestros animales, a esas maquinarias sin alma ni vida que usted pretende que las sustituyan. Máquinas que impiden disfrutar de un tranquilo paisaje o de los hermosos sonidos de la naturaleza de los que uno puede disfrutar en un relajante viaje en carruaje. Maquinaria ruidosa y que expulsa desagradables gases (me aseguran) fruto de las explosiones.


Mis compañeros de profesión saben sin duda como yo que su máquina no contará con el favor popular, y está condenada al fracaso. Por lo tanto, realmente no lo consideramos a usted competencia o un motivo de preocupación para nuestra profesión. Sin embargo, como me apena ver que hombre tan talentoso se esfuerza vananmente en proyecto de tan poco futuro, no he podido resistir el impulso de advertirle de ello.


Sin otro particular, se despide atentamente

El cambio que provoca una tecnología es siempre traumático. Siempre genera un movimiento de reacción rechazándola (de ahí la palabra "reaccionario", como sinónimo de aquel que se opone a los cambios), hasta que llega un punto en que la tecnología es ampliamente adoptada. Mientras tanto, en ese interím, siempre habrá quien use todo tipo de argumentos para tratar de desprestigiar las novedades.

La carta de arriba es totalmente fictícia, pero bien podría haber sido real. Hoy en día, sus argumentos, a la vista de lo ocurrido en el último siglo, nos resultarán seguramente risibles. Sin embargo, hoy en día vemos utilizar argumentos similares en las discusiones entre ebooks (libros electrónicos) y pbooks (libros de papel). Se apela al sentimentalismo ("el olor del papel", "el tacto del papel"*), a la tradición, a que el libro es una tecnología duradera (el papiro y el pergamino también lo fueron), a la facilidad de uso, ... Argumentos similares a los que este hipotético carretero expone al constructor de automóviles. Este texto pretende simplemente que el lector se cuestione cuales de esos argumentos son simplemente prejuicios provenientes de no conocer otra cosa, y cuales encierran el gérmen de lo que será algo a lo que la propia tecnología emergente deberá dar respuesta, ahora o en el futuro.

Sin embargo, el cambio... el cambio es inevitable. Tal vez la transformación no será como nos la imaginamos ahora mismo, pero sin duda será. El progreso se abrirá paso de alguna manera, tal y como ha hecho hasta ahora.

Tiempos interesantes...

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* ¿Por qué no el sabor del papel, ya puestos?