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sábado, enero 09, 2010

Librecreadores

Profundizando en lo expuesto en Las guerras del siglo XXI serán las guerras del copyright, ha llegado el momento en que es necesario empezar a "distinguirse del enemigo". La palabra "creador" están tan sobada y manoseada que es necesario empezar a marcar distancias con ella. Así que se me ha ocurrido que, lo mismo que librepensador tiene una connotación distinta y separada de pensador, podríamos crear un término análogo: el librecreador.

El librecreador sería aquél creador que, además de crear, es consciente de que el que recibe una creación necesita de una serie de derechos de libre difusión y reproducción de la misma, derechos explícitamente otorgados por el creador, de forma que le garantice al receptor de la obra que dicha obra creada no va a ser utilizada posteriormente como "arma legal" a través de una denuncia por infracción contra la propiedad intelectual.

El librecreador sabe que sus creaciones necesitan de una licencia de libre distribución (ojo, no he dicho una licencia libre, una licencia libre otorga aun más derechos que la mera libre distribución y yo aquí me refiero en exclusiva a la libre distribución) y consciente de ello, proporciona sus obras bajo un marco jurídico (una licencia) que otorga a los destinatarios de la misma una serie de derechos respecto a la difusión y distribución de la obra, con los que éstos pueden disfrutar de la creación sabiéndose al amparo jurídico de poder hacerlo sin problemas legales posteriores. Un ejemplo bastante bueno puede ser emplear en sus creaciones cualquiera de las licencias Creative Commons (incluyendo las cláusulas "no comercial" y "no derivados"), aunque también me gustaría señalar que las CC no son las únicas licencias que existen con la capacidad de garantizar la libre distribución, sólo una de las posibilidades (aunque por otro lado son las más extendidas).

Ahora mismo, con los paquetes legislativos que los zelotes del copyright están logrando que aprueben los distintos gobiernos e instituciones, la inseguridad jurídica en Internet es total. Caminar por Internet es como caminar por un campo sembrado de minas de "Propiedad Intelectual", esperando a activarse en cuanto un incauto ponga sus pies sobre ellas. Con la nueva legislación en la mano, se pueden dar casos como que poner un enlace a una página web que tenga la claúsula estándard "© Todos los derechos reservados" puede considerarse una infracción de la propiedad intelectual y llevar al cierre del sitio web que proporciona el enlace. Sí, es absurdo, dantesco y desproporcionado, pero es el marco legal que ahora mismo se está construyendo para Internet.

Sin garantías que le salvaguarden y protegan de cualquier arbitrariedad que un creador pueda realizar, cualquier usuario está jurídicamente indefenso ante la trampa del "Extreme Copyright" y en las manos de los creadores. Y aquí es donde los creadores sensibilizados deben posicionarse del lado del indefenso, y acudir en ayuda de los usuarios, proporcionándoles de la seguridad necesaria, de las losetas sobre las que caminar sin que estallen o se hundan a sus pies. Y los usuarios —las personas— deben poder distinguir un tipo de creador de otro. Deben poder distinguir los librecreadores de los que no lo son, para separar el grano de la paja. Empezando por el lenguaje. Empezando por distinguir a los librecreadores de los creadores en general.

La librecreación necesita impulso. Necesita promoción, darse a conocer. Necesita que la gente sepa apreciar la diferencia, y porqué de esa diferencia. Necesita también de canales de distribución fiables, por los que la gente sepa que pueden caminar sin peligro. Es un trabajo ímprobo, largo y difícil, pero necesario. Me gustaría discutirlo. Me gustaría hablarlo con otros que compartan estas inquietudes. Me gustaría lanzar tormentas de ideas acerca de qué se puede hacer para fomentar la cultura libre. Por todas estas razones he abierto un Wave público en Google Wave llamado Librecreadores, en el que me gustaría que participárais si estáis interesados en estos temas. Lo podéis encontrar buscando 'with:public title:librecreadores' (sin las comillas). El enlace al wave es éste, y el wave ID es googlewave.com!w+J9V5T-LrA.

miércoles, enero 06, 2010

Multiverso: Armantia, la reseña

En realidad ésta reseña es sobre toda la Serie Multiverso de Moisés Cabello, formada por las novelas Multiverso: Armantia y Multiverso: Gémini y la antología de relatos final Multiverso: Olimpo. La trama de la saga comienza cuando su protagonista, Marla Enea Benavente, trabajadora de una empresa con oscuros intereses que posee en secreto tecnología multiversal (que le capacita para mandar personas a otros universos alternativos), se ve arrastrada involuntariamente a un extraño universo de corte medieval, cuyos habitantes llaman Armantia. Pero Armantia guarda más de un secreto, y además Marla no ha podido elegir peor momento para llegar, pues está a punto de desatarse una guerra que amenaza el frágil equilibrio de fuerzas entre los reinos de Armantia.

Armantia transcurre a toda velocidad, pues es desde el primer momento una novela de aventuras en la que a la vuelta de cada página te esperan nuevas sorpresas. No es de extrañar que la devorase en poco tiempo, así como su continuación Gémini (pues Armantia termina con un tremendo cliffhanger que te lanza irremisiblemente a continuar las aventuras de Marla en Gémini). Además, ambas son novelas de pocas páginas, no los enormes tochos-tostones que se estilan en la actualidad, y que raramente consiguen mantener la tensión durante todo el libro. Son en cierta manera herederas de la tradición de la "Edad de Oro" de la ciencia-ficción de los 40 y los 50, donde primaba el entretenimiento y el sentido de la maravilla, muy en la línea de la saga original de las Fundaciones o de, por ejemplo —aunque sea más tardía— Mundo Anillo. A todo ésto hay que señalar que el hecho de ambientarla en un mundo medieval no desentona para nada. Por ejemplo la mencionada saga de las Fundaciones, con esos reyes y reinos espaciales de opereta, es en muchos momentos también muy medieval. También hay novelas como Vikingo Espacial, de Beam Pipper o En la arena estelar del propio Asimov que nos sitúan en sociedades futuristas pero muy medievales.

El libro que cierra la trilogía, Olimpo, es un fixup de relatos unidos por un hilo conductor (que no debo revelar), en el que se nos muestran fragmentos de la historia ya relatada en Armantia y Gémini, pero desde el punto de vista de personajes secundarios, o tramas secundarias que originalmente sólo conocemos por referencias. Los relatos amplían la historia principal y rellenan algunos huecos, incluso hay algunas revelaciones inesperadas.

Toda la saga gira alrededor de la capacidad de autodestrucción que tenemos los humanos. ¿Evolucionamos sólo para encontrar nuevas y más refinadas maneras de destruirnos a nosotros mismos? ¿Es posible romper esa dinámica? Estos son temas de fondo que se tratan en la serie multiverso y que vosotros mismos descubriréis si os place aventuraros en sus páginas.

Como podéis ver en los enlaces, podéis bajaros los 3 libros en formato PDF o EPUB para leerlos en vuestro lector de libros electrónicos (o en uno prestado a tal efecto, que es lo que he hecho yo) o podéis adquirirlos mediante impresión bajo demanda (Lulu.com, Bubok). Incluso, si los habéis leído en formato electrónico y os han gustado, podéis adquirir copias en papel para regalárselas a vuestros amigos y recompensar de ésta manera al autor. Es una buena manera de apoyar la cultura libre y premiar a aquellos autores que apuestan por ella (no sé si lo dije, pero las novelas están bajo licencia Creative Commons).

lunes, noviembre 30, 2009

Las guerras del siglo XXI serán las guerras del copyright

El tema del copyright es un tema recurrente en este blog, así que pido disculpas de antemano si me repito o resulto pesado. Si lo soy, es porque el tema tiene una enorme transcendencia e importancia, y el tiempo nos está dando la razón a quienes opinamos así.

Como si se tratara de un plagio del argumento de "El imperio contraataca", en estos momentos los grandes intereses económicos de la mal llamada industria de los contenidos —en todo caso sería la industria de los contenedores— están presionando a través de sus lobbys a los parlamentos, gobiernos e instituciones de todo el mundo y en toda jurisdicción, para establecer leyes, normas y sanciones de todo tipo contra la violación de los que ellos llaman "derechos de autor" —y que en realidad estrictamente hablando son derechos de explotación—. La ofensiva es de tal calado, que han conseguido que se aprueben leyes de los "tres avisos" en países como Francia o Reino Unido, y aspiran a mucho más, envalentonados por sus logros.

En España, la batuta de esta guerra por el bando de los zelotes del copyright la ha tomado la llamada Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, coloquialmente "la Coalición", en la que se agrupan tanto los viejos conocidos de las entidades de gestión o la patronal de la industria musical, como nuevos "viejos negocios" ahora desahuciados por la venida de lo digital (editoriales, libreros, medios de comunicación). Esto es bueno porque por fin tenemos un enemigo definido y uniformado que se ha quitado la careta y presenta un frente claro y abierto. Y porque —lo sé, en el fondo soy un romántico— por fin tienen un nombre de villano ("La Coalición") digno de las organizaciones malvadas de novelas, seriales y películas.

¿Cual es el juego de la Coalición, y del resto de organizaciones equivalentes? Utilizar su dinero e influencia para convencer (o tal vez "convencer") a los legisladores que el copyright es un derecho fundamental, sacrosanto e intocable, que debe ser defendido a toda costa. ¿Por qué? Porque la única manera real de frenar que los contenidos digitalizados fluyan en todas direcciones sin control es nada más y nada menos que socavar un auténtico derecho fundamental, tal y como entendemos las libertades en el mundo occidental: el de la privacidad e intimidad.

En una cultura como la occidental donde los derechos y las libertades individuales son piedra angular desde hace 2.500 años, el hecho de someter a un espionaje contínuo y sistemático nuestras comunicaciones para "comprobar que no hay violaciones de los derechos de autor" no sería nada bien recibido. La capacidad de "cachearnos" digitalmente (nuestros pen drives, tarjetas de memoria, discos duros y cualquier dispositivo de almacenamiento), de monitorizar nuestras actividades en nuestros ordenadores y restos de dispositivos de computación (incluyendo teléfonos, PDAs, consolas, e-readers y quién sabe qué más) y la imposición obligatoria de dispositivos de coherción de derechos digitales (DRM) en los mismos, serían sistemáticamente tumbados judicialmente por nuestros derechos a la intimidad y privacidad, así que su primer objetivo es lógicamente renivelar la balanza a su favor y "sacralizar" sus derechos de explotación como un derecho de primer orden equiparable al de privacidad, y así conseguir sus propósitos, aun a costa de convertir a nuestra sociedad en un remedo de "1984".

Ahora ya sabemos lo que nos jugamos en esta guerra. Nos queda saber cómo combatir en la misma. Hace poco, hablando con Pedro Jorge sobre estos mismos temas, le decía que "las verdaderas batallas se van a librar en sitios que no son los juzgados". Y no, no creo que se libre en los juzgados, principalmente porque si fuera a librarse en los juzgados, hace ya tiempo que a los zelotes del copyright los hubieran puesto en su sitio de una vez por todas. Hay libros enteros[1] con argumentos históricos, jurídicos y de sentido común, que tratan el tema con la suficiente profundidad como para que me extienda aquí repitiendo lo que ya ha sido explicado por expertos en el tema con toda profusión de detalles.

La verdadera batalla se va a librar, por un lado, en los bolsillos de los ciudadanos, que son los auténticos objetivos de todo este movimiento de rapiña. Y que no va a estar por la labor de que les expolien sus maltrechos bolsillos con no se qué excusas "morales" sacadas de la manga. Pero si bien los ciudadanos no se van a dejar desplumar tan fácilmente como los zelotes piensan, esa va a ser una batalla de fondo, una guerra invisible que se librará implacablemente, detrás de la cortina. Mientras tanto, hay una batalla visible que librar, que transcurre en el plano público, y que es de la que realmente me interesa hablar aqui.

En la desobediencia civil de Henry Thoreau, que ha servido de inspiración a movimientos pro-derechos como los liderados por Gandhi o Martin Luther King, subyace la misma idea: emplear las propias herramientas que el sistema nos otorga para luchar desde "la legalidad" contra él. Richard Stallman fue pionero en dar forma a este principio con relación al copyright: fue el primero al que se le ocurrió "circunvalar" el copyright utilizando las propias leyes del copyright. Y esa idea la aplicó a los programas de ordenador, creando la licencia GPL y con ella los conceptos de software libre y "copyleft". Posteriormente, lo que inicialmente fue pensado para el software, se extendió a todo tipo de piezas de información que no fueran necesariamente programas de ordenador: textos, música, imágenes, ... dando con ello nacimiento a un concepto más global que se pasó a denominar cultura libre.

Y la cultura libre es nuestra auténtica arma para ganar las guerras del copyright. Porque allí donde la cultura libre prospere, estrangulará con su exhuberancia la avaricia de los zelotes del copyright. Y todo, desde la más estricta legalidad.

No quiero insistir en los conceptos de la economía de la abundancia y la economía de la atención[2]. Me limitaré a señalar algunas obviedades:

  • Mientras se "consume" cultura libre (si es que la cultura debería ser "consumida", pero eso es otro debate), no se "consume" cultura privativa.
  • La cultura de libre distribución, por su carácter, se expande con más facílidad que la que no lo es.
  • Si no se "consume" cultura privativa, no hay ganancias. Si no hay ganancias, los actores interesados económicamente en la pervivencia de la cultura privativa, dejan de estarlo (ya no es un negocio).

Así que, resumiendo, para defender nuestros derechos y libertades básicas de la amenaza de un control totalitario con la excusa de la salvaguarda de los derechos de copyright, lo que hay que hacer es reventar el interés económico en el copyright, a base de ahogarlo creando y extendiendo obras culturales libres, o al menos de libre distribución.

Es importante entender que no basta con el mero concepto de cultura libre para acabar con la amenaza. Es imprescindible que esa cultura libre exista, y en abundancia; sea real. De la misma manera que el software libre ha obtenido importantes victorias en el campo de las libertades, pero no por el mero hecho de que exista la licencia GPL. No estoy haciendo de menos la obra de Stallman, que además, aparte de la GPL, se ha dejado la salud programando software libre para todos nosotros. Pero es importante entender que el software libre es lo que es, porque muchos programadores lo han comprendido y abrazado sus principios, y han desarrollado infinidad de programas de todo tipo bajo su filosofía, lo que nos permite tener ahora mismo alternativas con las que defendernos de las imposiciones arbitrarias y/o aberrantes con que los agentes del software privativo nos pudieran intentar amenazar (por eso se han pasado al etéreo campo de las patentes, o a la amenaza del cierre de datos de la nube). Así como el software libre nos sirve de trinchera en el campo del software, la cultura libre también debe servirnos de escudo. Alcanzando la misma masa crítica en el resto de las áreas culturales estamos además protegiéndonos de la amenaza de los zelotes del copyright, aparte de contribuir con una cultura universal de verdad, accesible a todos, sana —no adulterada por intereses ajenos—, tal y como debería haber sido siempre.

La buena noticia es que, para lograr este objetivo, no necesitamos cambiar nada de lo que ya estamos haciendo. Porque ya estamos generando todo tipo de obras y material cultural en grandes cantidades y de libre distribución, sin darnos cuenta. Todos los días. Y el asunto es tan preocupante para los zelotes del copyright que, dándose cuenta de su debilidad, arremeten con lo que pueden para tratar de desviar nuestra atención del que debería ser nuestro objetivo: hacer más y más.

Ésta no es una tarea para gigantes o superhéroes. Habrá quien aporte más, un plus especial, porque son buenos en lo suyo. Pero una red es robusta cuando el hecho de que fallen nodos ni se nota, dado que hay muchos otros para reemplazarlos. Y ese es un trabajo de "hormiguitas", no de gigantes, en el que cualquiera puede participar, y participa. Tal vez te parezca que escribir una entrada en tu blog muy de vez en cuando, o hacer y compartir una foto, o un video, o cualquier otra cosa, no vale para nada. Y vale, tal vez su valor sea en muchos casos infinitesimal. Pero la suma de todas esas aportaciones no es infinitesimal. Una entrada en un blog puede no marcar la diferencia, pero las cientos de miles de entradas de blogs que se escriben sobre mil y un temas, todos los días, sí que la marcan. Y lo mismo podría decirse de otras muchas áreas. Y para conseguir ese efecto red en realidad no se necesita ninguna "organización", ni "plan de batalla", ni grandes manifiestos o alharacas. Sólo seguir haciendo lo que ya hacemos todos los días, si cabe con un poquito más de intensidad y convicción.

Yo desde luego lo voy a intentar. ¿Te apuntas? Si es así, bienvenido, amigo, al ejército de hormigas de la cultura libre.

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[1] como "Cultura Libre" de Lawrence Lessig (disponible en español aquí) o "Moral panics and the Copyright Wars" de William Patry.

[2] algunos ejemplos ya han sido tratados aquí en artículos como "¿Está la edición (como industria) obsoleta?" o "Funciona porque es gratis"

sábado, mayo 30, 2009

La creación cultural como impuesto

Supongamos que aceptamos que la cultura es un bien general por el que hay que "pagar". Pero "pagar" automáticamente no tiene por qué significar dinero. Por ejemplo, la defensa es un bien general, y hasta hace bien poco eso significaba que todos los ciudadanos tenían que entregar un periodo de su vida y dedicación al ejército (el servicio militar obligatorio). La "mili" también era un "impuesto" del Estado, sólo que era un impuesto "en especie", no dinerario.

Pues bien, he aquí una propuesta alternativa (y provocativa, espero): si la cultura es un bien general por el que se ha de pagar, que se pague. Pero que se pague en forma de creaciones culturales. Cada ciudadano de éste país entre una franja de edad mínima y máxima (es decir, excluyo a los niños y también a los jubilados) tendría la obligación de entregar anualmente una cierta cantidad de obras culturales (no especifico que tipo de obras) a un fondo común estatal a partir del cual todos los ciudadanos tendrían del derecho no sólo a disfrutar de la obra, sino incluso a realizar obras derivadas de las mismas (formando parte estas mismas obras derivadas automáticamente del mismo fondo*). Sería como una especie de "dominio público", pero sin la posibilidad de sacar cosas de ese dominio público.

De esta forma sí que podríamos hablar de un "patrimonio nacional cultural". O puesto de otra forma, si se quieren convertir las obras intelectuales en "propiedad", entonces habrá que definir claramente cuál es el espacio de la propiedad intelectual pública y cuál el de la propiedad intelectual privada. Porque si no, nos encontraremos aberraciones como que se tome continuamente propiedad intelectual pública y se privatice por la cara.

O dicho en román paladido: o jugamos todos, o la puta al río.

No me voy a meter a discutir como se gestionaría este "impuesto cultural", si sería progresivo (respecto a las creaciones culturales privadas) o igualitario, como se cuantificaría o cualificaría la "tasa" a satisfacer, etc. Eso, si queréis, lo podemos discutir como un ejercicio de prospectiva. Lo que me interesa es hacer ver que si realmente se quiere hacer valer el concepto de "propiedad intelectual", este tiene muchísimas implicaciones que ni siquiera se han esbozado. Implicaciones que en ningún momento han enfrentado o considerado los actuales postulantes de la "propiedad intelectual". Lógico, cuando sólo se está en una postura por el negocio, y en ningún momento se consideran los aspectos éticos, políticos o legales de la misma.

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* Similar a cómo funcionan las licencias libres víricas tipo GPL o CC-SA, vamos.

martes, mayo 13, 2008

Cerveza libre (que no cerveza gratis)

(Vía Slashdot) Una explicación de qué es el software libre siempre empieza (en inglés) con la ya tópica frase "free as in free speech, not in free beer". Free en inglés es polisémica, y significa tanto libre (free speech es libertad de expresión) como gratis (free beer es cerveza gratis). O al menos ese era el significado hasta que en el proyecto 'Cerveza de Fuente Abierta' (Open Source Beer Project) se les ocurrío hacer 'cerveza libre'. Y dicho proyecto acaba de liberar la receta final de su invención para fabricar cerveza.

Si queréis saber más sobre la fabricación de cerveza (que no está de más en los tiempos que corren) pasaros primero por el artículo de wikipedia sobre la cerveza, y después por ejemplo podéis husmear por los foros de Cervezas del Mundo (aunque ellos venden su propio kit para empezar).

domingo, febrero 25, 2007

CC 3.0

Anuncian en Barrapunto la salida de la nueva versión 3.0 de las licencias Creative Commons. Aunque los retoques son menores, es loable que persistan en su esfuerzo de hacer una licencia lo más universal posible, porque como ya comenté en su momento cuando hice una enardecida defensa de las CC, lo importante de estas licencias es que nos permiten construir y mezclar sobre una base común a todos los autores del mundo. Romper el "consenso CC" y volver al "reino de taifas" de licencias de contenido libre previo sería un enorme paso atrás en la difusión de la cultura libre.

martes, abril 12, 2005

Cultura libre

No puedo dejar pasar la ocasión de comentar, si es que alguno vive aun en algún planeta remoto y acaba de descender a la Tierra, que ha aparecido un manifiesto a favor de la cultura libre que podéis leer, e incluso firmar, en culturalibre.org.

Este humilde servidor se ha unido (como no podía ser de otro modo ;-) ) a la campaña:



Les invito a que hagan lo propio.