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sábado, agosto 01, 2009

Fin de temporada: El mundo eficiente

Esta temporada de blogueo ha sido bastante más prolífica de lo que era de esperar si nos basásemos en la actividad de periodos pasados. Tal vez espoleado por mi reciente incursión en Twitter (artículo 'Yo y el Twitter'), o porque la crisis en que nos hallamos metidos trae muchos temas interesantes a la palestra (recordad la maldición "ojalá vivas tiempos interesantes"), entre ellos algunos recurrentes en este blog, el caso es que he escrito bastante más de lo habitual, y se me ha ocurrido hacer una especie de resumen de "fin de temporada" donde dar formar a lo que han sido estos últimos meses de blogueo y tuiteo.

El hilo conductor de éste resumen va a ser una de estas ideas locas que se te ocurren un día y luego quedan abandonadas en un cajón (en este caso en un fichero): un texto que tuviera una longitud mayor a la acostumbrada (practicamente un ensayo), cuya base serían artículos del blog, en el que se tratara de escudriñar en el nuevo mundo que nos puede aguardar más allá de la crisis (efectivamente, un ejercicio de pura futurología). Incluso tenía el título escogido: "El mundo eficiente (visiones del futuro que nos aguarda)".

No voy a negar que ésta visión está fuertemente influenciada por las ideas de —entre otros— el economísta Santiago Niño Becerra. Aunque en la reseña que hice de su libro ('Reseña: 'El crash de 2010' de Santiago Niño Becerra') fuí bastante crítico con el mismo, no dejo de estar de acuerdo con sus deprimentes predicciones económicas (las mías pueden leerse en 'Inflación o deflación'). Y me parece tremendamente lúcido su pronóstico de que vamos obligatoriamente hacia un mundo donde lo que primará será la eficiencia, que él resume en su coletilla : "lo necesario será lo importante". Por eso la eficiencia, como factor que prima en un mundo en decrecimiento, subyace como telón de fondo de bastantes de mis blogueos, independientemente del tema específico que trataran.

El hilo conductor de éste resumen será el pequeño e improvisado esbozo que hice (junto a una pequeña linea definitoria) de lo que iban a ser las partes de "El mundo eficiente":

La energía eficiente

«De donde no hay, no se puede sacar.»
Trataría sobre temas como el Peak Oil, la inviabilidad de la energía nuclear y cómo ya se nos está preparando para un mundo donde la eficiencia energética va a ser clave. Dentro de este apartado se clasificarían artículos como 'Los smart grids mataron a la estrella nuclear'. En realidad, no he escrito mucho sobre los aspectos energéticos de esta crisis (habría que remontarse a la temporada anterior para encontrar algunos) aunque sí que tengo innumerables comentarios por ahí esparcidos a los que no he dado forma de artículo de blog. Realmente éste es la piedra maestra de toda la teoría del decrecimiento y de la necesidad de eficiencia, por lo que merecería más espacio, si no fuera porque ya se trata en muchos otros sitios y con mayor conocimiento de causa, así que poco novedoso puedo aportar.

La información eficiente
«Cuando los intermediarios son potencialmente infinitos, y el valor añadido que aportan tiende a ser marginal.»
Dentro de éste apartado entraríamos a hablar tanto de la crísis editorial como la crisis de los medios de comunicación y en general de la crisis de la industria de generación de contenidos. Respecto a la primera, es una vieja conocida nuestra, y artículos como 'A vueltas con los e-libros y la crisis editorial (II)' no son más que recopilaciones de discusiones acerca de la validez de los nuevos medios como el ebook, ideas que también se recogen en 'Carta de un carretero a Henry Ford' (una sátira frente al fetichismo tacto-olfativo de los libros de papel), 'El futuro de los libros' (que reflexiona sobre otro tipo de libros que no son literatura de ficción) o 'El futuro del libro digital (I)'. En éste último lanzo la propuesta de hacer un libro de artículos de opinión sobre éste tema en concreto (artículo que lamentablemente tendré que postponerlo para una siguiente temporada).

Respecto al segundo de los temas, la crisis de los medios de comunicación y el "nuevo periodismo", no voy a decir que sea un tema realmente novedoso (debería repasar mucho archivo para confirmarlo), pero sí que lo es en el sentido de que ya nadie duda que los medios de comunicación se están, literalmente, muriendo, con la prensa de papel a la cabeza. Los artículos 'La crisis (intelectual) del periodismo' y especialmente 'El día que la prensa se declaró derrotada' hacen hincapié en el fracaso de un modelo de información en su día eficiente, pero que ya no lo es.

Finalmente, hay tres artículos que tratan el tema desde un punto de vista general de "eso" que ahora llaman cultura y antes conocíamos como industrial del ocio y el entretenimiento: 'La creación cultural como impuesto' (un ejercicio de catársis mediante la provocación, para contemplar de otra forma la cultura, así como quienes, de qué forma y por qué la crean), 'Funciona, porque es gratis' (reflexiones al hilo del libro 'Free' de Chris Anderson sobre modelos que funcionan no a pesar de sino gracias a la gratuidad) y 'El fiasco del DRM' (donde disecciono el fracaso de lo que es un modelo para el que no hay solución tecnológica cuando se trata de un problema social).

El mundo de la cultura libre (que no es lo mismo que la cultura gratis) es un tema que siempre ha tenido relevancia en este blog, pero como véis estamos inmersos en un proceso más allá de la cultura libre. Nos enfrentamos a la muerte de los monopolios de los canales de información tradicionales, sustituidos por una información omnipresente y tremendamente eficiente —Internet— y por ello barata. Tan barata que roza la gratuidad. Y es algo que en está de rabiosa actualidad, porque está haciendo tambalear verdaderos imperios económicos asentados del establishment.

La política eficiente
«La "democracia directa" indirecta, o cómo la "opinión pública" minoritaria pero activa afecta más a la política real de lo que pensamos.»
No hablo habitualmente de política. Primero, porque es un tema que levanta pasiones encendidas que hacen perder todo atisbo de objetividad y racionalidad en ciertas personas. Segundo, porque realmente a poca gente le interesa la política. Lo que más abunda —hasta la naúsea— es hablar de políticos y de partidos políticos, no de política. He hablado tres veces de política en esta temporada, y una cuarta, a medio caballo entre la política y la economía. La primera, para denunciar el torpedo en toda la línea de flotación de Internet del paquete Telecoms votado en el parlamento europeo. La carta de protesta que envié a los europarlamentarios como parte de la campaña de presión está, para vergüenza y escarnio público, en 'Carta personal al Parlamento Europeo'. La segunda vez en el artículo 'Futuros imaginados, presentes extrapolados' donde repaso algunos futuros imaginados por autores de ciencia-ficción y si podríamos estar dirigiéndonos hacia algo similar a alguno de ellos, incluyendo reflexiones sobre la tecnocracia. Y la tercera ocasión, 'Democracia directa y Gobierno 2.0' trato más directa y profusamente el tema, abordando asuntos como la viabilidad de la democracia directa, la política 2.0 y el gobierno 2.0. Un mundo eficiente necesita ser regido por un gobierno eficiente, algo muy alejado de la parodia de "política" que nos gobierna hoy en día, por lo que deberá obligatoriamente transformarse, aunque ahora mismo esto nos pueda sonar a utopía. En realidad, las primeras piedras del camino ya están colocándose. Y finalmente, el artículo 'Por qué no se rebelan los mileuristas' trata tanto aspectos económicos como aspectos políticos de la crisis (y es que a veces se nos olvida que vivimos en la cara buena del mundo).

El ocio eficiente
«El ocio no es un producto de primera necesidad, así que sólo sobrevivirá aquel que sea asumible, es decir, realmente barato.»
No he tratado mucho éste tema, salvo extensamente lo referido a los libros y los ebooks. En el artículo 'Crea tu propia economía' recojo la opinión de otro bloguero para hacerla mía: cómo Internet es una fuente de ocio y entretemiento prácticamente infinita, muy barata (por las economías de escala asociadas) y por lo tanto muy eficiente. El artículo habla de la web, de las redes sociales específicamente, pero se olvida de otro gran foco de ocio potencialmente barato: los videojuegos. Estas formas tan baratas de ocio están suponiendo un auténtico desafío para la industria del entretenimiento tradicional, comparativamente más caras en coste/tiempo de disfrute, y por lo tanto más ineficientes (y a estas alturas ya nos podemos imaginar que le va a pasar a las industrias ineficientes en un mundo donde prime la eficiencia).

Un ejemplo sobre el que no he escrito, y hubiera estado bien escribir, son los juegos multijugador masivos. En éstos la narrativa se traslada al espectador que se convierte en actor, quedando el trabajo del proveedor reducido a poner el marco (la ambientación). Las propias dinámicas que se crean entre los jugadores, de enfrentamientos, alianzas y traiciones, crean una interacción mucho más adictiva de lo que suelen crear los guiones preestablecidos. Los mundos abiertos de todo tipo, desde los más sencillos hasta los más complejos, sirven como escenario a ficciones interactivas basadas en dinámicas de grupo reales, y los ARGs y la realidad aumentada promete llevar este tipo de ficción virtual también a escenarios del mundo físico.

El mundo eficiente

El mundo eficiente no es el peor de los escenarios posibles, como a algunos les gusta pintarlo. No es una especie de mundo postapocaliptico. Tantos años llevan intelectuales, filósofos, escritores y pensadores criticando el consumismo y el materialismo de nuestra sociedad que realmente sorprende la histeria colectiva por verlo desaparecer. El miedo al cambio es inevitable, porque las transformaciones dejan siempre "bajas colaterales" en forma de gente que lo pasa realmente mal (algunos muy mal). Pero también en ese mundo del lujo y el despilfarro 5/6 partes de la población lo pasaba mal o francamente mal, y no por ello la rueda se paraba. Ahora la rueda gira en otra dirección, y nos toca movernos con ella, lo mismo que hicieron nuestros antepasados, y lo mismo que harán nuestros descendientes.

La sociedad que saldrá de esta transformación (si es que estos vaticinios se cumplen, que no tienen porqué) tendrá ventajas sobre el modelo actual, y también tendrá sus inconvenientes. Algunos hablarán de los "buenos viejos tiempos" y otros en cambio los recordarán con horror. ¡Ni siquiera tenemos todavía claro hacia donde nos dirigimos! Sólo débiles esbozos que apuntan una dirección incierta. Hasta que no lleguemos realmente allí, cosa que llevará su tiempo, no podremos valorar lo que realmente hemos ganado o hemos perdido. Mientras tanto, todos estos ejercicios de futurología son sólo eso, ejercicios con los que algunos nos gusta entrenar —y entretener— nuestro intelecto. Así que tómese cualquier cosa que aquí haya dicho con una pizca de sal.



Fin de temporada

Llega agosto, y es hora de descansar también del blog. En septiembre, o cuando corresponda o me apetezca, si es que hay algo que merezca la pena ser escrito, retornaré para dar buena cuenta de ello. Mientras tanto, disfruten de las vacaciones y descansen, si es que lo necesitan tanto como yo. ;-)

viernes, julio 31, 2009

Inflación o deflación

¿Que pasaría si todo, absolutamente todo lo que esté nominado en euros, por ejemplo, se multiplicara por 10 su valor? Y cuando digo todo, me refiero no sólo a los precios, sino también a los ingresos, ahorros, incluso el valor de los billetes y monedas de curso legal? Desde el punto de vista eminentemente matemático, tendríamos de repente una inflación del 1000%. Sin embargo, la intuición nos dice que en la práctica económica no sucedería ningún cataclismo. De hecho no sucedería absolutamente nada, excepto que utilizamos una moneda con un cero más. Los mileuristas serían diezmileuristas, pero las cañas costarían 12, 13, 15 euros. Y las viviendas millones de euros. Como dice el refranero: "lo comido por lo servido".

Realmente no es que exista una inflación, sólo hay un cambio de unidad de medida. Si hiciéramos el mismo razonamiento pero dividiendo por 10 en vez de multiplicando, tampoco sería real la deflación del 90% matemáticamente obtenida. Eso sí, ya no nos valdría usar 2 decimales (céntimos), sino que nos haría falta un tercer decimal. Históricamente, los países han ido cambiando sus monedas a medida que la inflación hacía que las cifras a manejar fueran absurdamente grandes, para ajustarlas a una banda "psicológicamente" más adecuada. Un caso aberrante es el que sucede actualmente en Zimbabue, pero incluso las monedas europeas, al cambiar al euro, han aprovechado para normalizar su valor.

Con todo esto lo que quiero decir es que la inflación o la deflación en el mundo real no es un tanto un problema de valores absolutos de precios como de cambio entre las relaciones entre los precios y los ingresos*. Pongamos otro ejemplo. Supongamos que en dos países hipotéticos: la República Independiente de Barbate, tienen como moneda el chiquitistaní, y el Reino Unido de Arnor y Gondor, cuya moneda es el elendilí. El sueldo medio de la RIB y del RUAG son 100 chiquitistanís y 100 elendilís respectivamente, y el menú básico de una persona al día es también análogo: de 1 chiquitistaní y 1 elendilí respetivamente. De repente en la RIB hay una inflación galopante que pone los precios del menú básico en 1,50 chiquitistanís (+50%), mientras que el sueldo medio pasa a ser de 125 chiquitistanís (+25%). A la vez, en la RUAG, la deflación campa a sus anchas, y los sueldos han descendido a unos míseros 75 elendilís (-25%), pero el menú básico a base de frutas del bosque y conejo asado con hierbas, cuesta ahora 0,60 (-40%) elendilís. Lo que realmente se ha producido es un reescalado entre los precios y los ingresos: en ambos casos eran 100:1 en el caso de partida, pero tras la inflación en la RIB la relación pasa a ser de 125:1,5 o lo que es lo mismo: 83,3:1, lo que quiere decir que donde antes podía comprarse 100 comidas con el sueldo de 1 mes, ahora sólo se pueden comprar 83,3. En el caso de RUAG, esta relación ha pasado a ser 75:0,60 o lo que es lo mismo: 125:1. En la RUAG, ahora se compran 125 comidas con el sueldo de un mes, así que, a pesar de la deflación aparente, la situación ha mejorado.

Podría haber utilizado un ejemplo en el que la inflación fuera más favorable que la deflación, todo es cuestión de poner las cifras a nuestro gusto para que la relación entre lo que se incrementan los precios y lo que se incrementan los salarios sea favorable al ejemplo que queremos mostrar. Al punto al que quiero llegar es que la inflación o deflación entendida como variación de precios no son ni buenas ni malas en sí, sino que lo son en relación al aumento o la pérdida de poder adquisitivo en el mismo periodo de tiempo. Una deflación no tiene por qué ser mala, si nuestros ingresos se mantienen más o menos y los precios en cambio caen bastante más. A su vez, una inflación donde los precios crecen poco, pero que los sueldos crecen aun menos, es peor porque estamos perdiendo poder adquisitivo a medida que la relación entre precios e ingresos aumenta.

En esta crisis, una de las grandes preguntas que se están debatiendo continuamente es: ¿inflación o deflación? ¿que va a ocurrir? ¿entraremos en una espiral deflacionaria de funestas consecuencias, o se producirá una alta inflación a base de darle a "la máquina de hacer billetes"? Bien pues mi respuesta no solicitada a esta pregunta es que, primero, inevitablemente se va a producir una pérdida de poder adquisitivo, sea por el lado inflacionario o por el deflacionario. Nuestra capacidad para adquirir los productos de "mayor necesidad" se verá erosionada, y por mayor necesidad entiendo los productos básicos (alimentación, vestido, calzado, ...) y sobre todo la energía. Es decir, ganaremos lo mismo para comprar comida y combustible más caro, o ganaremos menos para comprar comida y combustible al mismo precio. O, lo que es más probable, una mezcla de ambas: ganaremos menos para comprar comida y combustible más caros. En la última forma los precios no parece que crezcan tanto, y tampoco hay una deflación nominal (al menos no muy fuerte), "escondiendo" así la relación de pérdida de poder adquisitivo habida (escondiendo hasta cierto punto, porque nadie es tonto).

Y segundo punto: la deflación, al menos por un periodo, es inevitable, a pesar de las "inyecciones de dinero" que se puedan estar haciendo (la famosa metáfora de la "máquina de hacer billetes"). La razón es que la inflación o deflación, a pesar de todas las teorías monetaristas que queráis presentarme, con lo que sí está relacionado más que con la M3 es con el paro.

Se dice que cuando hay inflación, los sueldos suben. La realidad es que cuando se está en una etapa expansiva donde se demanda trabajo y no hay suficiente gente para cubrirlo, la pugna por acaparar el factor trabajo empuja a los sueldos al alza inevitablemente. Pero los sueldos al alza es una respuesta directa a la mayor demanda de empleo, no al aumento del precio de las cosas. Por eso es totalmente lógico que en el caso inverso de gran oferta de empleo y reducción de la demanda (es decir, con una gran tasa de paro), los sueldos, por la propia competencia entre candidatos a ser empleados, se vean forzados a la baja. Y con los sueldos (medios, no casos puntuales) a la baja, los precios (medios) se verán forzados a la baja o, si se mantienen, por la curva de oferta y demanda, se producirá un descenso del consumo de ese producto/servicio que llevará a más despidos, mayor paro, y una nueva vuelta a la espiral deflaccionaria. El resultado final de la espiral incidirá sobre todo productos/servicios superfluos (que desaparecerán o se convertirán en algo extravagante o de lujo) mientras que los productos/servicios de mayor necesidad, de los que es más difícil prescindir, bajarán de precio al ritmo de una mayor optimización, eficiencia, y aumento de la productividad (en este último caso significará habitualmente menos gente para hacer el mismo trabajo, con lo que también se generará más desempleo y nueva realimentación a la espiral deflacionaria, aunque es de suponer que en menor grado). Un tercer grupo, el de los precios que estuvieran artificialmente sobrevalorados, se hundirán irremediablemente.

¿No podría evitarse la deflación aumentando los ingresos aunque no aumenten los sueldos? Bueno, es lo que se ha estado haciendo hasta ahora para ocultar la pérdida de poder adquisitivo de los últimos años: recurrir al crédito para complementar los sueldos. Hasta que el abuso del mecanismo ha estallado. Otra forma puede ser efectivamente, inyectar dinero. El problema realmente es dónde inyectas ese dinero. Mediante qué mecanismo ese dinero llega al bolsillo del que necesita complementar su sueldo, sin que se quede atrapado en la espiral de deudas. El mecanismo Keynesiano es aumentar la demanda de trabajo mediante el gasto público que rompa la espiral. Pero es un mecanismo que el propio Keynes sabía falso, porque no era sostenible a largo plazo ("a largo plazo todos estaremos muertos") por las propias deudas generadas en inversiones no amortizadas. Hizo falta una devastadora guerra, la Segunda Guerra Mundial, para que la combinación de menor mano de obra y una acuciante necesidad de reconstruir infraestructuras e inversiones productivas encarrilaran de nuevo la economía. Hoy en día, cuando China necesita dar trabajo cada año a 25 millones de trabajadores nuevos, en un entorno globalizado donde todos los trabajadores del mundo compiten por que su país/región/ciudad se lleve el poco trabajo que haya, es difícil imaginar que pueda crearse una necesidad de fuerza laboral tal que lleve a 6.600 millones de personas a trabajar, y el "evento de extinción" análogo al 2GM tendría que ser de tal calibre que es mejor ni pensarlo. El futuro no pintaría nada halagüeño, en cualquiera de los dos casos.

Salvo descubrimientos (muchos) improbables, que cambien completamente el tablero de juego, a lo que nos encaminamos es a una lenta pero inevitable depresión con deflación (Escenario 1), salvo que caigamos muy rápidamente para luego recuperar y mantenerse luego en pendiente descendente (Escenario 2). El Escenario 1 es el más lógico, pero el Escenario 2 se adapta más a la psicología humana (fases de negación-ira-negociación-depresión-aceptación).
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* consideraré ingresos no sólamente los sueldos, sino cualquier otra fuente de la que obtener dinero

sábado, julio 25, 2009

Los smart grids mataron a la estrella nuclear

Una de las típicas falacias que se suelen utilizar en el debate energía nuclear-energía renovables es ésta:

La gente no enciende la lavadora cuando sopla el viento.
Pues resulta que ese es el futuro: que la gente ponga la lavadora cuando sopla el viento. O dicho en general, que la gente consuma energía cuando ésta se produce. ¿Cómo se consigue ésto? Mediante lo que se denomina un smart grid.

Podríamos traducir smart grid apropiadamente como "red de distribución inteligente". Por inteligencia se refiere a que en nuestro hogar tenemos un dispositivo (el habitual contador que pasa a ser un smart meter o "contador inteligente") que nos informa en cada momento de a qué precio está la energía que consumimos. No sólo visualmente, sino que informa a través de un protocolo informático. Y además, con los aparatos eléctricos y electrónicos adecuados, permite utilizarlos en los momentos en que éste consumo nos es más favorable, de forma inteligente, con lo que podemos ahorrarnos bastante dinero. Como relata un usuario de ésta tecnología al New York Times:
“I’m saving a ton of money,” said Mr. Kieken, a Web page developer — $900 in the last 14 months. He has discovered that at odd times at night, the utility will pay him to use electricity, a quirk previously obvious only to wholesale customers.
Os estaréis preguntando ¿cómo puede ser posible que en ciertos momentos ¡incluso te paguen por gastar electricidad! ¿No es absurdo? No, no lo es. Para entenderlo, basta con unas pequeñas nociones sobre cómo funciona el sistema eléctrico. Para empezar, podéis echar un vistazo a la curva de demanda eléctrica en Red Eléctrica Española un día cualquiera. Yo voy a fijarme en la del día de escribir este artículo, pero no debería variar mucho:


Como podéis observar, la demanda no es una constante. Hay momentos del día en los cuales consumimos mucha electricidad, y momentos en los que consumimos mucha menos. Y hablo tanto de consumidores particulares (residentes) como de empresas de todos los tamaños. Durante la noche cae mucho para, a las 8 de la mañana, volver a dispararse el consumo. Lo importante de este gráfico, lo que preocupa a los responsables de la generación de energía eléctrica son los picos de consumo y los valles de consumo. Los picos, porque la red debe ser capaces de transportar y suministrar tanta energía como la marcada en ellos. Los valles porque marcan el consumo mínimo, la energía que siempre es necesario disponer.

En las empresas, sobre todo en las grandes empresas, lleva ya tiempo funcionando un sistema de tarificación por demanda. En los momentos en que hay poca demanda, la energía se oferta más barata, y en los que hay mucha demanda, se oferta más cara. Esto provoca que los grandes consumidores de electricidad les interese consumir energía en periodos valle. ¿Habéis oido hablar del 5º equipo? Es un turno para que las fábricas trabajen 24 horas al día, 7 días a la semana. Es un turno bastante polémico, porque los festivos ("fines de semana") te pueden tocar en cualquier momento de la semana (por ejemplo trabajas 8 días en cada turno —mañana, tarde y noche— y libras otros 8 días. En los años 80 hubo bastantes movidas sindicales a cuenta del 5º equipo aquí en Vitoria (especialmente en Michelín), pero al final el modelo se impuso. Y se impuso porque para una empresa con un gasto energético como el de Michelín, el ahorro era enorme. También conozco casos en acería, donde las coladas de fundición se realizan por las noches y los fines de semana.

Bien todo este rollo viene a que éste modelo no es casual. Las empresas tienen ese incentivo para rebajar sus costes energéticos porque lo ideal para la red de distribución es que no haya muchas variaciones entre picos y valles. Cuanto menos sean estas variaciones, y más predecible es el sistema y más fácil de planificar, más barato y eficiente es. El modelo de tarificación en tiempo real lo que pretende es reducir esas diferencias mediante el incentivo económico. Y aunque se aplicó inicialmente a la industria por considerarse la gran consumidora de electricidad, como podéis deducir del gráfico, aun hay muchas diferencias entre el pico y valle diarios (y semanales/mensuales). Por eso el smart grid es una forma de trasladar el mismo principio al consumidor residencial: a nosotros. Segmento en el que con el tiempo ha ido creciendo el consumo de energía eléctrica de forma significativa.

Hay que decir que esto no es realmente una novedad. La tarifa nocturna de electricidad funcionaba hace unos años ya, y de hecho hubo gente que invirtió en calefacción eléctrica mediante acumuladores (almacenaban la energía por la noche, que era más barata, para gastarla por el día en calentar la casa). Gente que luego, con los cambios en el sistema de tarificación, los han dejado con el culo al aire, ya que sus inversiones en acumuladores no van a amortizarse. El problema con ese sistema era que, por mucho que fuera más barato, ello no llevaba a cambios de hábitos de los consumidores. Al menos no con un efecto que lo justificara. El efecto de estabilización conseguido era insignificante comparado con el aumento de la complejidad en la tarificación, y en los buenos años (estos últimos años) del despilfarro, simplemente se dió carpetazo al asunto: ya se pagaría mediante el déficil de tarifa (o como diría Luis XIV, "después de mí, el diluvio").

Pero con la crisis económica y energética, la eficiencia energética vuelve a estar en el candelero. Y las nuevas tecnologías han ofertado su alternativa, que son los smart grids. Para que veáis la proyección que tienen, ahora mismo se han metido en ese mercado, y están desarrollando tecnologías, empresas como Google o Cisco. Incluso Microsof tiene su propio producto/servicio de smart grid llamado Microsoft Hohm. Estos gigantes no están metidos ahí por casualidad, sino porque hay un jugoso mercado naciente.

También hay que decir una cosa: no a todos los consumidores les gusta ésta idea de los smart grids. Los principales reparos vienen por dos vías: quienes están preocupados por su privacidad ("por qué narices me tienen que decir a mí cuando he de poner la lavadora") y los que consideran que es una imposición "para reducir artificialmente nuestro nivel de vida". Con los reparos de los primeros puedo comulgar (aunque hay soluciones técnicas mediante estándares para que no tenga que salir de nuestra casa más información que la absolutamente imprescindible para la planificación del smart grid), pero a los segundos sólo los puedo compadecer si piensan que todo esto es un complot caprichoso, porque como dice el refrán, "más dura va a ser la caída".

"Vale", diréis, "pero ¿que tiene que ver esto con la energia nuclear?". Es verdad, falta de explicar esa parte. Volvamos al modelo eléctrico. Hemos visto como la demanda de la energía varía en el tiempo. Lo que no hemos dicho es que la oferta se tiene que ajustar perfectamente a esa demanda. Es decir, la red eléctrica no puede acumular energía.* Así que, hay que producir la energía que se consume lo más aproximadamente posible, porque el resto de energía, que no puede quedarse en ningún sitio, se va liberando como buenamente puede: en forma de calor. Y eso significa sobretensiones, que queman aparatos, transformadores, y en general provocan averías y problemas. Lo mismo que los consumos excepcionales, por encima de la capacidad de la red, provocan apagones y averías —es típico que pase eso en las olas de calor en verano cuando se dispara el consumo del aire acondicionado— si un día todos decidiéramos apagar el interruptor general de nuestras casas, negocios, empresas, etc, empezaríamos a ver arder transformadores mientras los trabajadores de REE sufrían un pánico total tratando de detener de emergencia todas las fuentes de energías posibles.

Hay fuentes de energía que son fácilmente "detenibles", y otras que no tanto. Por ejemplo, puedes hacer que una turbina de una central hidroeléctrica siga girando pero sin transmitir su movimiento al generador electromagnético si es que no puedes cerrar del todo el flujo del agua por la razón que sea. Pierdes la energía potencial, pero al menos puedes impedir introducir más electricidad en una red saturada. Lo mismo puedes hacer con un panel solar, o con un aerogenerador. Puedes parar una central térmica que funcione con carbón, aunque no es tan inmediata. Sí que es son más rápidas las que funcionan con gas (Ciclo Combinado), y además te ahorras el combustible. Y finalmente, las más costosas de parar son las centrales nucleares, porque siguen consumiendo combustible aunque las desconectes de la red:
  • Renovables: (solar, hidroeléctrica, eólica, …) se pierde la energía al desconectar pero el "combustible" es gratis.
  • Combustibles fósiles: (carbón, gas, petróleo) mientras están paradas, no consumen combustible.
  • Nuclear: el proceso no se pueden parar inmediatamente, el consumo de combustible continúa en caso de desconexión de emergencia. Las paradas deben planificarse a largo plazo y son costosas.
La estabilidad y fiabilidad de la energía nuclear, que normalmente se pone como una de sus ventajas, es en realidad uno de sus inconvenientes. Si la demanda fuera constante, no habría ningún problema de que casi toda la energía fuera de origen nuclear. Pero para evitar la peligrosa sobrecarga de la red, la energía nuclear no puede superar el valor de consumo en los valles, o, cuando se llegara a esos periódos, habría que literalmente tirar la energía por el desagüe. Por eso, en ciertos momentos, a nuestro asombrado entrevistado del NYT le pagaban por consumir electricidad: porque les era más rentable que esa energía se consumiera de alguna forma (que no fuera sobrecargando la red) que el coste de desconectar una central nuclear, que no es inmediato ni fácil, y sobre todo no es barato. De hecho, si preguntáis a un experto en la materia, os confirmará que en el orden de parada, lo primero son las centrales de gas (ahorro de combustible, rápida puesta en marcha), en medio están las renovables, y lo último último, y sólo en caso excepcional, las nucleares.

"¿Pero entonces, no es una contradicción lo que dices? ¿No era el smart grid un intento de hacer más constante el consumo y por lo tanto que evitar en la medida de lo posible nucleares?" Sí, pero hay un pequeño matiz que lo cambia todo. Los smart grids tienden a hacer eficiente el consumo, es decir, a aprovecharse de la energía barata ¡A aprovecharse de la electricidad producida de más! Un modelo muy estacional con muchas nucleares, a nosotros como consumidores nos vendría de perlas, ¡pero a las eléctricas las arruinaría! Producen una electricidad que nos la tienen que vender muy barata, regalar o incluso pagar por ella (de ahí la falsa percepción de que la energía nuclear es barata). El modelo funciona porque esas pérdidas las recuperan en los picos, pero a medida que los picos se suavizan, las pérdidas aumentan hasta que las eléctricas no les compensa tener tantos MW de generación de origen nuclear. Y proceden a apagar, incluso a desmantelar centrales.

En resumen, el hecho de que la energía nuclear sea tan inflexible, junto a un consumo cada vez más irregular propiciado por el uso masivo de smart grids (buscando la eficiencia energética) hace que las propias eléctricas tengan muy poco interés en las centrales nucleares (salvo que el gobierno se las regale, claro), y sí mucha en fuents de energía que se puedan conectar/desconectar con facilidad. De ahí la inversión en Ciclo Combinado (aparte de su precio) estos últimos años como complemento de las energías de origen renovable, cuyo "combustible" es digamos "gratis", y si hay sobreproducción, pueden permitirse "regalar" (o desconectar unos cuantos aerogeneradores para que el precio no caiga por debajo de 0). Si observáis el gráfico de estructura de generación en tiempo real:


veréis como la nuclear suele mantenerse bastante constante, las renovables van a su bola según las condiciones climatológicas, y las de ciclo combinado son las que rellenan el hueco, las flexibles que permiten cubrir la demanda en los picos, y ahorrar en los valles.

La estabilidad de las nucleares, a medida que el consumo general de energía eléctrica baje (fundamentalmente por la subida del precio de la energía en comparación con los ingresos) y sobre todo a medida que el consumo, mediante los smart grids, se vuelva más errático para tratar de aprovechar las condiciones óptimas de producción (picos de renovables) van a jugar en contra de su permanencia a medio y largo plazo en países con un parque de centrales nucleares ya implantado y excesivo. El futuro, por mucho que moleste, no es nuclear.

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* Bueno, en realidad sí acumula energía: la capacidad es la que cabe en un instante dado en todas las líneas y transformadores eléctricos, ya que por muy rápida que sea la electricidad, no es instantánea, y tiene cierto retardo. Pero a efectos prácticos, esa capacidad es bastante pequeña en comparación con la energía total transladada.

Democracia directa y Gobierno 2.0

Una de las utopías planteadas ante la universalización de las redes de comunicación es la de la democracia directa. Por democracia directa se entiende un poder legislativo (parlamento) formado por todos los ciudadanos mayores de edad, que votan por ellos mismos las diferentes propuestas legislativas que se fueran planteando, en vez de votar cada 'x' número de años a unos representantes (políticos) que fueran los encargados de realizar esta labor en su nombre (llamada democracia representativa).

Aunque fuera técnicamente posible, la democracia directa tiene un gran inconveniente, que podría resumirse en esa famosa cita de Homer Simpson: "Si elegimos a los políticos es para no tener que pensar todo el tiempo": el desinterés. Países con fuerte tradición en organizar referendums encuentran que la participación de los ciudadanos es decreciente, salvo en temas especialmente controvertidos. ¿Cómo hacer recaer el peso de tomar muchísimas decisiones, en ocasiones tremendamente complejas, en una mayoría de personas sin información suficiente, tiempo ni ganas para tomarlas? A lo que llevaría un sistema así sería a la demagogia barata, los eslóganes fáciles (pero imposibles de poner en práctica) y a la trivialización de los temas. Que es lo que vemos que ocurre en los nuevos medios de participación masiva mediante el voto (como digg/menéame/etc): un titular llamativo, una proclama, una frase fácil o una perogrullada son votadas masivamente, independientemente de que realmente sea exagerada, sacada de contexto o directamente mentira.

Por otro lado, tenemos el concepto de la web 2.0 aplicado a la política y al gobierno, denominados política 2.0 (que se define como "herramienta para sustentar la participación e interacción de los votantes y los políticos") y el gobierno 2.0 ("proporcionar un proceso más efectivo de los servicios del gobierno a los individuos y empresas mediante el uso de las redes sociales y demás ventajas proporcionadas por herramientas participativas de la web 2.0"). Podríamos hacer una buena distinción definiendo la política 2.0 como la aplicación de la web 2.0 a la democracia representativa (democracia indirecta) mientras que el gobierno 2.0 sería la aplicación de la web 2.0 a la democracia directa. En el primer caso, la política sigue encauzada a través de unos representantes profesionales (los políticos) que se encargan de la tarea de gobernar, pero ahora con un mayor acercamiento e influencia de los representados a los representantes. En el segundo caso, estos representantes profesionales no tienen un papel tan obvio, y no tienen ni siquiera por qué existir (!).

Pero una cosa es la teoría, y otra muy diferente es la práctica. Por mi experiencia en sitios sociales participativos de cierta influencia, me atrevería a decir que lo que está pasando es lo siguiente:

  1. La influencia es ejercida por pequeños grupos muy vocales. Esto se deriva tanto de la regla 90-9-1 de Jacob Nielsen (90% de los usuarios sólo escuchan, nunca participan; 9% de los usuarios paticipan un poco; y el 1% de los usuarios son los que llevan el peso de la participación) como del efecto "scratching a developer's itch"* por el cual sólo participan en los debates aquellos que están interesados en el tema en cuestión, mientras el resto de los usuarios o bien se dedican a mirar, o bien simplemente pasan del tema a otros de su interés. Esto lleva a que en la política 2.0, pequeños grupos tengan una fuerte influencia sobre los políticos, ya que sus opiniones son apercibidas como mayoritarias (cuando no tiene por qué ser así).
  2. Debido al punto 1, se establecen fuertes luchas entre grupos de intereses contrapuestos, que son los que pueden dedicar tiempo y recursos (y están fuertemente motivados) a defender su influencia en los temas que les tocan.
  3. La partitocracia entra también en este juego, ya que la influencia puede utilizarse como arma propagandística y electoral. Y no sólo se limitan a crear sus "fuerzas de choque", sino que "reclutan" otros grupos de intereses para su causa (a veces sin que éstos se den cuenta, o que simplemente les dé igual que se les utilice, mientras reciban más apoyos para su causa).
Parafraseando a Von Clausewitz, la política 2.0 se convierte en la continuación de la política por otros medios. Y en este caso estoy usando 'política' en un sentido peyorativo: como todas aquellas prácticas y actitudes que están convirtiendo a los políticos actuales en las figuras más denostadas de todas las existentes en una sociedad moderna. No me refiero sólo a la corrupción, el nepotismo, el enchufismo o la megalomanía, sino a poner los intereses electoralistas, partidistas y de adquisición de poder por encima de los intereses de los propios representados, fuente y origen de todos los males anteriores y algunos más.

En este sentido el gobierno 2.0 y el "open goverment" transcienden a la política 2.0. Lo que se pretende con el gobierno 2.0 es que los ciudadanos participen en la tarea de gobernar, es decir, en la toma de decisiones ejecutivas, no en las legislativas. Y para ello necesitan:
  • Información, datos, sobre los que tomar las decisiones. Y estos datos no pueden estar manipulados, por eso la base del gobierno 2.0 es la transparencia (es la única forma de luchar contra las campañas de desinformación que van a tratar de realizar siempre los lobbys y grupos con intereses en esas decisiones).
  • Herramientas que les permitan visualizar, tratar y ayudar a extraer decisiones eficientes de los datos crudos anteriores. Estas herramientas también deben ser abiertas y transparentes, además de modificables para que cualquiera que lo desee pueda extenderlas o ampliarlas a su gusto.
Todo esto que puede sonar a ciencia-ficción, en realidad se está empezando a hacer ya en Estados Unidos, con iniciativas como data.gov, un sitio que pretende servir de plataforma de todos los datos de las agencias gubernamentales sobre los que construir aplicaciones, o recovery.gov, que sirve como punto de control (transparencia) de dónde y cómo se están gastando los fondos del programa de recuperación económica iniciado por el gobierno Obama. Recientemente la FCC ha lanzado el sitio web broadband.gov para que los estadounidenses participen en el proceso de creación de un programa que lleve la banda ancha a todo el país. Y no son sólo es EE.UU., también Canadá ha anunciado que consultará a sus ciudadanos a través de un sitio web sobre la reforma de las leyes del Copyright, iniciativa a la que los ciudadanos ya se han sumado con sus propios proyectos participativos.

Las iniciativas de gobierno 2.0 tampoco están exentas de la regla 90-9-1 o el efecto "scratching one's itch", así que es muy probable que los ciudadanos que participen activamente sean minoría, y los que lo hagan sea en lo que entre dentro del área de sus intereses o de la que sea "experto". Que por otro lado, van a ser los que mejor van a poder usar la información disponible para llegar a los resultados más óptimos. En cierta manera, se estaría formando una especie de tecnocrácia o gobierno real de los técnicos (ya hablamos tangencialmente por aquí sobre si era posible un gobierno de tecnócratas) que son los que podrían debatir y presentar propuestas informadas y basadas en los datos, y no en soflamas fáciles y demagogia de salón. En ese sentido, el papel de los políticos como gobernantes profesionales que no saben de nada excepto de la guerra ideológica quedarían bastante en entredicho, ya que las decisiones estarían basadas en cuestiones pragmáticas más que ideológicas, y su rol obsoleto. No digo que no existieran políticos, sino que la política en un área sería una actividad más que llevarían las personas que se encuentran en ese área, y sólo cuando hubiera que coordinar intereses contrapuestos entre diversas áreas entrarían en funcionamiento corrientes de opinión más generales.

Claro que eso más que democracia, sería la República de Platón, el gobierno de la "aristocracia" (aristos = los mejores, los más cualificados). Claro que, tampoco se puede decir que lo que tengamos ahora sea realmente una democracia. Ni siquiera que la democracia sea el gobierno ideal. Como decía Winston Churchill, la democracia sólo es el menos malo de los formas de gobierno que conocemos.

Si te interesa profundizar en los conceptos de gobierno 2.0 y open goverment, una buen punto de entrada puede ser los hashtags de Twitter #gov20 y #opengov. También el twitter de Tim O'Reilly que está muy interesado e implicado en ello, puede servir de buen punto introductorio.

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* una expresión que usa Eric S. Raymond en sus escritos sobre software libre, y que se refiere a que un programador"se rasca lo que le pica", es decir, programa según sus necesidades y motivaciones personales.

martes, julio 21, 2009

Crea tu propia economía

Cuando alguien lo expresa mucho mejor (y más brevemente) que tú... ¿para qué añadir nada?

Online, puedes literalmente crear tu propia economía. Con esto quiero decir que puedes construir un conjunto metódico de oportunidades de prosperidad y placer, análogas a las de la economía tradicional pero que residen en tu cabeza. No hay una transacción monetaria explícita, pero estás usando tus limitados recursos para maximizar el trato —la auténtica esencia de la economía. De hecho, "economía" viene de la antigua palabra griega oikonomia, usada para referirse a la gestión doméstica, y la práctica moderna de la economía está volviendo a esa idea.

El medidor tradicional del éxito económico es el beneficio, pero dentro de un tiempo encontraremos que estadísticas tales como el PIB nos dicen cada vez menos sobre los amplios esfuerzos por mejorar el bienestar humano. Una buena parte del valor de la Web se experimenta a nivel personal, y no se muestra a través de valores de productividad. Comprar plátanos por valor de $2 aumenta el PIB; tener diversión en la Web por valor de $20 no. Y su efecto es mayor. Cada día se produce un mayor disfrute, una mejor conexión social y, en definitiva, una mayor contemplación en la Web de la que podíamos siquiera imaginar hace 10 años. Pero ¿como se miden esas cosas?

Esa pregunta —y no tengo aun una respuesta completa— refleja el estado contínuo de cambio en el que nos encontramos hoy en día. Vamos a transitar a través de un montón de ajustes, y no sólo en los bienes inmuebles o las finanzas. El material gratuito presente en la Web ha hecho más severo esta recesión económica. Para muchos de nosotros, la Web es realmente más divertida que ir de tiendas, lo que nos hace más fácil recortar nuestros gastos. Aunque el iPhone haya hecho ganar mucho dinero a Apple, nuestros gastos en bienes de alta tecnología no compensa la caída de la demanda de todo el resto. Un PC y una línea de banda ancha cuestan algo, pero para esos millones de personas que ya lo han pagado, a partir de ese punto la navegación es esencialmente gratis.

Tampoco la mayoría de las actividades Web generan trabajos e ingresos al ritmo que vimos con las maravillas tecnológicas del pasado. Cuando Ford estaba creciendo a principios del siglo XX, creaba millones de trabajos y ayudaba a convertir Detroid en una ciudad de primera línea. Hoy en día, Facebook crea montones de placer voyerístico, pero gran parte del trabajo es realizado por software y servers, y la firma no ha transformado Palo Alto. La Web 2.0 no está manteniendo las estructuras del gobierno o manteniendo muchas familias —y pudiera estar dañando a algunas (pregunta por ejemplo a un reportero de un periódico). Todo el mundo en la Web ha oído hablar de Twitter, pero a pesar de ello, menos de 50 personas trabajan allí.

Todo esto suena atemorizante, pero existe una parte buena; la llamaré el "dividendo en capital humano". La relocalización del tiempo de consumo en el "sector gratuito" de la Web liberará los esfuerzos de muchos productores e intermediarios, de la misma manera que el advenimiento del automóvil desplazó a muchos trabajadores de hacer sillas de montar para caballos. De hecho, es un milagro económico que Twitter pueda mantenerse únicamente con 50 empleados. No es que sea una máquina del movimiento perpetuo, pero si otras partes de la economía fueran igual de eficientes, estaríamos nadando en un mar de cosas gratuitas o semi-gratuitas.

La segunda parte del dividendo del capital humano viene por nuestra productividad como consumidores Web. Miles de millones de personas adquiriendo un mayor conocimiento y estando mejor conectadas unas con otras. La autoenseñanza nunca fue tan divertida, y esto es debido porque controlamos el proceso como nunca antes fue posible.

[...]

Algún dia tendremos herramientas para medir todos estos nuevos beneficios. El valor de Twitter no reside en su eventual valor bursátil sino en las conexiones humanas que crea. Mi feed de Twitter es una sala de reuniones con economistas, trabajadores sociales, empresarios, amas de casa, famosos o simples amigos de toda la vida. La Web une a millones de individuos diferentes, que interactúan y a veces incluso se reunen o se casan. El mundo posee ahora un montón más de estas conexiones, y nos queda aun por ver todas sus implicaciones —incluyendo las que tienen que ver con las finanzas tradicionales de nuevos negocios, empleo e ingresos. Y puede sonar contraintuitivo, pero cuanto más tiempo pasas delante de tu pantalla, mayor será el dividendo del capital humano.
Thought-provoking era la expresión que usaba Tim O'Reilly al tuitear este artículo. Provocador. Probablemente, controvertido (sobre todo dependiendo de quién lo lea, claro, un lector habitual de este blog probablemente no le sorprenda tanto*). Pero creo que merece la pena echarle una pensada. No porque tenga que tener razón en todo lo que cuenta, sino por el cambio de... enfoque.

Si estamos en medio de una transformación hacia una nueva sociedad, y la crisis es su punto de ruptura, no podemos atisbar hacia donde nos dirigimos usando los gastados railes del modo de pensar de la "antigua" sociedad. También hay que innovar en el pensamiento. Y eso sólo se consigue poniendo uno por uno en duda los pilares de nuestro antiguo armazón social, y preguntándonos "¿y si...?".

En realidad, no estaríamos haciendo nada distinto de lo que muchos escritores de ciencia-ficción han hecho ya (ni siquiera el planteamiento de ésta persona se puede decir que sea radical u original en el contexto de la CF...).

Actualización: por poner el punto de contraste, recojo de los apuntes de Santiago Niño Becerra de hace una semana:
MySpace va a realizar una barrida en su plantilla: el 30% en USA y el 60% fuera de USA. ¿Cómo es eso?, ¿no decían que la web 2.0 era el presente y que las redes sociales iban a ser la base de la sociedad futura?. Véanlo de otra manera: colgar fotitos de las vacaciones en las Mauricio, ¿es necesario?; más aún, ¿lo es ir de vacaciones a las Mauricio?. Recuerden: no lo olviden: lo necesario es lo importante.
¿Se entiende ahora mejor por qué fuí tan duro en mi crítica sobre su análisis de la crisis en su libro? SNB está haciendo un análisis puramente clásico, sin cuestionarse siquiera el valor que puedan representar (podría extenderme aquí sobre hablando de Open Gov, Open Data, etc). Y de todas formas, MySpace no es que sea precisamente una red social de moda actualmente (y en la web 2.0, el devenir de las modas manda).

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* o al menos pienso yo que no debería. :-D

domingo, julio 12, 2009

Reseña: 'El crash de 2010' de Santiago Niño Becerra

Aviso: despues de escribirlo, me he dado cuenta que la lectura de ésta entrada puede resultar un tostón infumable. Léase con moderación, y sólo si se dispone de tiempo libre que perder con cualquier cosa. En caso de duda, consulte con su farmaceútico. Puede provocar somnolencia.
El catedrático de economía Santiago Niño Becerra se ha convertido en uno de los Cuervos Seldones de la Gran Crisis económica que nos afecta. Admirado por algunos, denostado por algunos más, e ignorado hasta hace bien poco por la mayoría, su recientemente publicado libro 'El crash de 2010' le ha hecho saltar al escenario mediático por lo que se consideran sus "catastrofistas predicciones". Predicciones que viene haciendo periódicamente desde el año 2006 en su columna diaria en La Carta de la Bolsa, y de las cuales podéis encontrar un enormemente largo hilo recopilatorio en burbuja.info (el buscador de La Carta de la Bolsa apesta y no hay manera de hacer un enlace directo al conjunto de sus artículos).

Refiriéndome estrictamente al libro, he de decir que es bastante diferente enfrentarse al mismo como lector habituado a las columnas de SNB, que como neófito que llega por primera vez a sus teorías. Para el neófito, el shock me imagino que puede ser tremendo, y dejarlo un tanto desorientado. Pero los "iniciados" nos encontramos con un texto que no sólo no nos descubre nada nuevo, sino que se queda tremendamente corto respecto a lo que el propio autor suele desentrañar, cuando quiere, en sus artículos. Y también refleja algunas de sus contradicciones.

Tal vez sea este el aspecto que me resulta más frustrante. Evidentemente, no me esperaba un estudio técnico económico de la crisis, un tratado que estaría sólo al alcance de los especialistas en la materia. Es una obra de propósito divulgativo, y como tal tiene, por fuerza, sus esclavitudes. Pero aun así, me ha sabido a poco. A bastante poco. En unas 163 páginas de texto (menos, hay unas cuantas en blanco) y otras 60 de anexos (incluyendo gráficas, notas al pie y biblografía) se despacha toda la explicación de su teoría del crash de 2010. Pero que en realidad, lo que es realmente el meollo del asunto, se reduce a un capítulo central, titulado 'La crisis de 2010', de unas 40 páginas, que se me antoja tremendamente sintetizado, siendo el resto pura preparación (y alguna que otra divagación).

Supongo que en este caso hay que aplicar la regla del Martillo de Oro ("para aquel que tiene un martillo, todos los problemas son clavos"). Para un profesor de Estructura de la Economía, su visión tiende mucho a centrarse en la historia y el análisis de los sistemas económicos, sobre todo desde un punto de vista macroeconómico. Por eso de su insistencia a lo largo de libro en la teoría de las crisis cíclicas, aunque en su caso emplee ciclos incluso mayores que los de Kondratieff, de 250 años de media*, que es lo que vendría a durar un modelo económico (el último cambio correspondería a la década de 1810, donde se transicionaría del modelo mercantilista al modelo capitalista) y su empeño de clasificar esta crísis dentro del apartado de las crísis sistémicas sufridas por el capitalismo —sería la tercera tras la de 1870 y la de 1930— y por lo tanto postponer el fin del mismo a los alrededores del 2060.

Sin embargo, en el capítulo mencionado de 'La crisis del 2010' el autor comienza haciendo referencia a la teoría del Peak Oil de Hubbert y cita las previsiones de ASPO del congreso de Barcelona de 2008, que lo sitúan en 2012. No es el momento ni el lugar para ponernos a discutir sobre la teoría del peak oil, decir simplemente que yo estoy de acuerdo con ella. Luego está el asunto de ponerle fecha, que es bastante más complejo (hay desde quien defiende que ya se produjo en 2005, hasta quien lo sitúa en 2018 o incluso más allá). Pero, sea cual sea la fecha elegida, lo que está claro es que el peak oil es, desde el punto de vista de la teoría económica, un hecho totalmente fortuito, que en nada puede relacionarse con ciclos económicos estacionarios.

El peak oil podrá haber pasado, o pasar dentro de 10 o 20 años, pero creo que es difícil poner en duda que sus efectos son lo suficientemente devastadores como para provocar un cambio de modelo económico. Lo que haya después del peak oil no será capitalismo. Se le llamará postcapitalismo o se le llamará como sea, pero no se caracterizará por las bases que sustentan al modelo económico actual, al que llamamos capitalismo. Y es ahí por donde empieza a hacer aguas el argumento de su predicción en base a los ciclos de 250 años. Puedes aferrarte a la interpretación del "tocar techo" asociada al peak oil, y la posterior fase de decrecimiento, o puedes hacerlo a la teoría de los ciclos económicos, pero no puedes hacerlo a ambas a la vez, porque estás dando por hecho que las fuentes de energía tienen una duración concreta para que se ajusten a tus "ciclos", algo racionalmente imposible de creer.

Estoy de acuerdo en que a esta crísis se ha llegado por una exacerbación del modelo crédito-consumo (o como le gusta denominar a SNB, una situación de hipercrédito e hiperconsumo). Estoy de acuerdo que tiene que ver en parte con el peak oil, y digo en parte porque el peak oil es sólo una manifestación en el campo de la energía (campo por otro lado fundamental) de un fenómeno mayor, que es el modelo de crecimiento exponencial desbocado, que está produciendo un agotamiento de todo tipo de recursos, no sólo de la principal fuente de energía. Como en el documental Aritmética, Población y Energía nos recuerdan, simplemente somos demasiados consumiendo cada vez más de todo. Y en el mundo real, el crecimiento infinito no existe porque todo tiene un límite físico que no podemos sobrepasar. Es este aumento de la demanda de los recursos, de las commodities —que llaman los economistas— las que han empujado los precios de las mismas al alza para regular su demanda a la baja, o para aumentar su eficiencia a través de su precio. Y es la negativa de los distintos gobiernos y autoridades económicos a reconocer y enfrentarse a éste error de base del sistema, la que ha llevado a la huída hacia adelante de recurrir al dinero del futuro. Al crédito, en definitiva.

Y también estoy de acuerdo plenamente con SNB que el crédito es también un recurso, una commodity como pueda ser el petróleo, el arroz, el agua, o los caladeros de peces, y que como tal tiene un límite. Un límite definido, probablemente, por la edad vital y laboral, ya que hemos llegado a un punto de endeudamiento en el que la única manera de generar más deuda, la única huída hacia adelante que le queda al sistema sería que las deudas las heredasen las siguientes generaciones. Algo que es, simplemente, impracticable puesto que nadie puede asegurar que las nuevas generaciones estén dispuestas a aceptar deudas "de nacimiento", y por lo tanto, son de muy dudoso cobro. Y los créditos de muy dudoso cobro directamente no se conceden. Con lo que queda bien a las claras que el crédito es un recurso escaso, y encima menguante, con lo que a partir de ahora habrá que racionarlo a quienes verdareramente lo necesiten.

Coincidiendo con SNB (o SNB conmigo) en este análisis de la situación, lo que no comprendo es por qué, con todos las piezas de montar el puzzle, no llega a la conclusión lógica, que no puede ser otra que la de fin de ciclo económico. Tal vez porque lo de "fin del capitalismo" suena demasiado a marxista trasnochado. En realidad, por mucho que insista en su obra, los ciclos económicos más allá del paso del mercantilismo al capitalismo pueden datarse en periodos de 250 años. ¿Qué hay de la revolución neolítica? El nomadismo paleolítico duró miles de años. La protocivilización sumeria sedentaria tardó cientos si no miles de años en asentarse y transmitirse a otras zonas, como Egipto. No parece que el modelo esclavista de la antigüedad sufriera muchas variaciones (incluso con la introducción de la acuñación de moneda o la contabilidad) hasta el surgimiento del cristianismo y la desmembración de los valores del viejo Imperio Romano. Simplemente, tratar de dividir los avances político-económico-sociales en intervalos regulares suena a tratar de obtener un patrón del ruido blanco. Si pruebas muchas combinaciones, y te fijas en una ventana de tiempo concreta, tal vez te parezca ver ahí un patrón, pero en realidad eso no prueba que el patrón exista, sino que has adaptado los parámetros del experimento hasta llegar al resultado que te convenía. Con el esquema cíclico de SNB me pasa algo parecido.

En cambio, si tomamos como parámetro fundamental la capacidad para propagar los cambios y las novedades, sería mucho más lógico pensar que en el pasado remoto del paleolítico, cuando los cambios se transmitían a pie, y de generación en generación, éstos duraran grandes periodos de tiempo en acaecer. Mientras que en un estadio actual de "aldea global hiperconectada", los cambios y las crisis se sucederían a un ritmo mucho mayor. No digo que ésta sea la verdad, pero sí que es un esquema que racionalmente, encaja intuitivamente mejor con lo que conocemos, y por lo tanto, podríamos estar perfectamente en cualquier estadio no conocido de gravedad de una crisis, desde una pasajera (lo dudo) hasta a una mayor que cualquiera de las que ha existido hasta ahora.

Por eso, toda la perspectiva histórica que expone el autor en los primeros capítulos, aunque es interesante en sí, para saber de dónde venimos y porqué ciertas economías presentan un retraso endémico frente a otras, realmente no es una base sobre la que sostener que exista una crísis porque sí, porque "es lo que toca". Existe una crísis porque se han hecho mal las cosas, o mejor dicho, no se han querido rectificar las políticas en su debido momento porque "eran impopulares". Se ha optado por el pan para hoy, y el hambre para mañana, sólo que ayer ya nos comimos el pan, y es hoy cuando toca pasar hambre. Tampoco hay una garantía de que la crisis desembocará en un nuevo estadio capitalista, con unos parámetros distintos a los conocidos, y simplemente seguiremos adelante tras pasar unos años malos. Simplemente, no sabemos lo que va a ocurrir, y si lo que va a ocurrir es bueno o malo dependerá de donde desemboquen las soluciones que tomemos ahora . Y no de un devenir histórico cíclico y "planificado", que me recuerda a la psicohistoria de Hari Seldon de la saga 'Fundación' de Isaac Asimov.

Y es eso precisamente, las conclusiones, las que más hecho a faltar en el libro. Las líneas generales las conocemos de sus columnas: "ir-a-menos", eficiencia y productividad, desempleo creciente de los "factores productivos" de baja cualificación, salvo para casos puntuales, y establecimiento de un "subsidio de subsistencia" para cortar cualquier brote violento de grupos llevados a una situación desesperada. Racionamiento de los recursos naturales y demás commodities y dedicación de los mismos a lo que sea "absolutamente necesario". Todo esto no tiene nada de novedoso, encaja como un guante con los postulados de la teoría del decrecimiento. Pero a partir de ahí, SNB no se atreve mucho más. A decir que tal o cual país lo va a pasar peor o mejor, por su capacidad de adaptación, algo tremendamente dudoso, puesto que si no sabes a qué debes adaptarte, no sabes que punto de partida será el más ventajoso para ello. Por ejemplo, en un escenario de decrecimiento, los países con poca población, buena tierra, fértil, buen clima, y que conserven las técnicas de cultivo ancestrales probablemente lo pasen mucho mejor que una atestada e industrializada Gran Bretaña. O tal vez no. Pero sin saber los cambios que se avecinan, es difícil, muy difícil saberlo.

Tal vez SNB haya huído de querer incluir predicciones como la que hizo en una columna sobre la desaparición de las plantas ensambladoras de automóviles de España para el 2013. Predicciones "apocalípticas" muy llamativas, pero que lo vuelven blanco del escepticismo. Pero no hubiera estado de más que hubiera echado mano a lo que los propios CEOs de las grandes automovilísticas han reconocido en público: que el sector está sobredimensionado en probablemente un 50% a nivel mundial. Y no por una cuestión de derrotismo, sino por simples números.

Pero tal vez lo que más se echa en falta es tal vez una referencia a lo que la revolución de las TIC han traído consigo. SNB habla de las dos revoluciones industriales (la primera de la máquina de vapor, y la segunda del petróleo y la organización industrial tayloriana), pero haya obviado hablar de la llamada tercera revolución industrial, que podríamos llamar de la electrónica, o incluso de la información. Una revolución que está afectando gravemente a sectores enteros que hasta ahora parecían intocables (por aquí hemos hablado profusamente de la crisis editorial, incluso a la crisis de los grandes medios, pero podríamos extenderlo a muchos más campos) y que sin embargo no son ni mencionados, ni analizados. La crisis es cambio, desaparición de viejas estructuras y sustitución por nuevas. Pero es un cambio abrupto, puesto que las viejas estructuras, con el apoyo de la costumbre, se resisten a morir y dejar paso a las nuevas formas. En esa tesitura, es de lo más normal y esperable que las situaciones en cada uno de los sectores en retrocesos hayan ido paulatinamiento volviéndose deteriorándose, hasta alcanzar la traca final de una gran crisis generalizada que se expande como un incendio lo hace sobre las hojas secas, las ramas caídas y los troncos podridos de un bosque viejo y enfermo.

Todo este análisis simplemente no existe en el libro, y sin este análisis, para mí particularmente, es como si me estuvieran contando otra recesión distinta de otra época (p. ej. la de los 80 del petróleo), pero no la actual. Y si no podemos fijar exactamente las crisis que tenemos en marcha, no podemos saber adonde dirigirmos, establecer un modelo de futuro que sea plausible, y establecer los pasos de la transición hacia ese modelo. En definitiva, un libro que lo único que aporta es un grito de aviso de que las cosas van mal, y que van a ir a peor, pero que se queda ahí.

Desde un punto de vista más prosaico, también hay que quejarse de que el libro de SNB peca de los males que expone: más de 21 euros por un libro de 250 páginas, sólo por el hecho de elegir un método de distribución tan ineficiente como el papel, no encaja con el futuro de la eficiencia que predica. Existen copias digitales de su libro en la Red, que es un medio de distribución bastante más eficiente. Algunos dirán que es muy poco ético por mi parte fomentar la —mal llamada— piratería, pero no está de más que el propio SNB pruebe un poco de la crisis del 2010 (o 2009, o 2008) en sus carnes. Esto, también es una cara más de la crisis, y de la transformación que nos aguarda.

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* afortunadamente en el libro matiza lo de "de media", porque en algunas de sus intervenciones suele soltar lo de "250 años" a secas, lo que le da una impresión de futurólogo nada apropiada.

martes, junio 02, 2009

Futuros imaginados, presentes extrapolados

Inspirándome en esta magnífica serie de viñetas que comparan los futuros imaginados por Huxley (Un Mundo Feliz) y Orwell (1984) con la realidad actual, voy a enlazarlo con el artículo que mencionaba ayer, y entresacar algunos trozos:

La sociedad que surge es menos estable y, como denunciábamos, potencialmente más atraída por las alarmas políticas reaccionarias capaces de intercambiar mayor bienestar por menos democracia. También es una sociedad sin una clara identidad de valores compartidos, por lo tanto, es oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo", señalan los autores [del libro El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste, el periodista Massimo Gaggi y del economista Eduardo Narduzzi]
Esta visión coincide tanto con la de Orwell (políticas reaccionarias, intercambiar bienestar por democracia) como on Huxley ("oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo"). Incluso, si se quiere hacer un mix, podría encajar mejor en la Inglaterra de V de Vendetta, como fusión de ambas visiones.

Pero sigamos adelante, y veamos la visión de Santiago Niño Becerra:
En esa línea, Santiago Niño Becerra considera que hoy por hoy "la ideología prácticamente ha muerto", y gradualmente, evolucionaremos hacia un sistema político en el que un grupo de técnicos tomará las decisiones y "la gente, la población, cada vez tendrá menos protagonismo.

"Conceptos como funcionarios, jubilados, desempleados, subempleados, mileuristas, undermileuristas irán perdiendo significado. Con bastante aceleración se irá formando un grupo de personas necesarias que contribuirán a la generación de un PIB cuyo volumen total decrecerá en relación al momento actual, personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración (razón por la cual su PIB per cápita será mucho más elevado que el actual), y el resto, un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia (el nombre poco importa) que cubra sus necesidades mínimas a fin de complementar sus ingresos laborales. La recuperación vendrá por el lado de la productividad, de la eficiencia, de la tecnología necesaria; pero en ese trinomio muy poco factor trabajo es preciso. Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders: de quienes son necesarios para generar PIB y de quienes son complementarios o innecesarios".
Y aquí me vienen dos analogías de futuros imaginados por la ciencia-ficción. La primera es la del clásico de H. G. Wells La máquina del tiempo. En esta novela, el viajero hacia el futuro se encuentra con una sociedad dividida en dos castas: los Morlocks y los Eloi. Mientras los primeros han evolucionado en unos seres ocultos bajo tierra y que hacen funcionar la maquinaria que mantiene el mundo, los segundos son un grupo de ociosos que prácticamente han perdido todo conocimiento y consciencia que no sea la de los placeres más básicos (comer, beber, dormir y follar), y cuya único motivo de existencia es satisfacer a los apetitos de los Morlock, que son los que en realidad los alimentan y mantienen con vida.

Wells era un socialista fabiano, y en las dos degeneraciones de los humanos que presenta, tiene un interés político claro. Mientras los Morlock serían los descendientes de la clase trabajadora, los Eloi representarían a los descendientes de las clases pudientes. Sin embargo, si retomamos el párrafo de SNB, podríamos encontrar una analogía que encaja mejor: los Morlocks ("personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración"), que son los técnicos y tecnócratas, y a los Eloi ("un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia"), mantenidos por los primeros porque son necesarios para ellos.

¿Estoy siendo demasiado atrevido? Bien, vamos ahora a por otra frase de SNB: "Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders". En realidad, la frase de por sí no es suficiente, pero aquí estoy yo para explicar que una de sus predicciones es que sólo sobrevivirán las grandes megacorporaciones, capaces de aglutinar muchísimos sectores de forma que se pueda explotar la eficiencia de las economías de escala hasta el límite, y las micropymes (o autónomos), capaces de sobrevivir por su alto grado de adaptabilidad en cada momento a las necesidades del momento. Es decir, los freelancers. ¿Y en qué futuro imaginado conviven el titánico poder de las megacorporaciones de cultura monolítica con los freelancers y los outsiders? Efectivamente, en el cyberpunk más ortodoxo.

Si recuerdan algunos de los relatos de Gibson, los vaqueros y otros grupos marginales especializados (generalmente en el crimen) —es decir, outsiders— se dedican a hacer "extracciones": sacar importantes científicos o técnicos —los más valiosos insiders— de las megacorporaciones donde han vivido siempre para llevarlas con nuevos dueños. Y digo bien, dueños, porque las megacorporaciones se erigen en los verdaderos "estados" que rigen los destinos de sus "ciudadanos" (empleados) desde el nacimiento hasta la muerte, siempre dentro de la megacorporación. Incluso en la novela Jennifer Gobierno (de clara inspiración cyberpunk) las personas llevaban como apellido el nombre de la empresa donde trabajan.

La ciencia-ficción tiende a llevar las ideas a los extremos, con el objetivo de provocar la mayor reacción posible en el lector. Esto no significa que sus ideas no sean válidas, sino que hay que interpretarlas. Así como es difícil imaginar una sociedad donde todo el mundo entregara hasta la última gota de su privacidad al gobierno, o que se lanzara totalmente en manos del hedonismo, también es dudoso que se permitiera que su apellido fuera el de la empresa en la que trabaja. Y sin embargo, ya hoy, trabajar en la empresa XXX (sobre todo si XXX es una empresa con una marca conocida) puede que no sea un apellido pero sí es algo que se usa para etiquetar. En Vitoria, trabajar en Mercedes o en Michelín representa ya un estátus de por sí. Significa (o significaba) un trabajo estable, fijo, bien remunerado, al que aspiraban muchos. Y otro tanto se pueden decir de otras fábricas en otros lugares del mundo.

¿Los Morlocks —perdón, los técnicos— irán por ahí alimentándose de Elois? Lo dudo mucho. Sin embargo, los tecnócratas serán la nueva y escasa clase media, y seguro que podrán elegir el sitio de sus sueños donde vivir, la pareja con la que procrear, y un sinfín de lujos más que para la mayoría estarán vedados. Mayoría a la que se apaciguará con la inmortal fórmula del Pan et Circenses. ¿Tan difícil es de imaginar? Yo diría que no sólo es fácil de imaginar, sino que ya está con nosotros.

miércoles, mayo 27, 2009

El futuro de los libros

Cuando se habla del futuro de los libros, se obvia el hecho que el libro es un "contenedor" que sirve a muchos propósitos diferentes. No es lo mismo una guía de viajes que un libro de texto, aunque ambos sean técnicamente libros. Así que para analizar el futuro del libro, hay que hacerlo caso a caso, viendo las particularidades que se pueden presentar:

  • Libros de texto: son los primeros que tienen todas las papeletas para desaparecer. No hay más que recordar la última propuesta política de dotar a cada alumno de un portátil para entender por donde van los tiros. Para empezar, porque el objetivo es la enseñanza, y el libro de texto no era más que una herramienta más. Ahora que la educación requiere cada vez formas más complejas de transmitir el conocimiento (p. ej. formatos audiovisuales, animaciones), más interactividad (autoevaluación, clases más allá de la clase -física-), contenidos cambiantes, personalizables (adaptar la enseñanza a cada tipo de alumno), etc está claro que el libro de texto tradicional es una herramienta tremendamente limitada -y cara- para lo que está requiriendo la enseñanza actual.
  • Libros de consulta: ¿Realmente hace falta explicar por qué las enciclopedias de papel no tienen futuro? (de hecho, no tienen presente ¿cuando fue la última vez que se presentó en su casa un vendedor de enciclopedias?). El libro de consulta simplemente no puede competir con el volumen de información y la potencia de búsqueda y relación de Internet. Los únicos que pueden competir son monografías muy especializadas, que son precisamente las menos rentables para editar en papel, dada sus pequeñas tiradas. En ese caso, ebooks e PoD (impresión bajo demanda) serían los medios lógicos. En este apartado se incluyen también los diccionarios de todo tipo.
  • Libro técnico: El libro técnico (especialmente en la informática) generó estos últimos años un gran mercado. Mercado que está desapareciendo. Las razones: libros caros, especializados y normalmente de poco tiempo de vida (nuevas versiones, nuevas herramientas, etc los hacen obsoletos rápidamente). El manual de referencia ha sido sustituido por el manual online (mismo efecto que los libros de consulta), y los libros de trucos y consejos, por foros donde se consultan las dudas. Las editoriales técnicas saben que el cliente busca cada vez una formación más personalizada, y están actuando en consecuencia. También es un mercado ideal para el ebook.
  • Mapas y guías de viaje: ¿Alguien dijo GPS? En cuanto a las guías de viaje, aparte que el GPS está avanzando en esa línea, incorporando guías de restaurantes, hoteles, etc, Internet Móvil + geolocalización están a la vuelta de la esquina.
  • Libros de cocina: Me temo que la combinación Internet+impresora hará daño (al fin y al cabo, uno quiere una receta cuando la quiere) aunque es posible que perviva un pequeño nicho de mercado durante un buen tiempo.
  • Libro de autoayuda, libros religiosos: La Biblia, El Corán, y ¿Quién se ha llevado mi queso? se seguirán editando en papel. :-P
Si se os ocurre alguna categoría más, me la decís y la añado.

La novela y el ensayo los he dejado deliberadamente aparte puesto que sobre ellos ya he hablado en muchas ocasiones. Y volveré a hablar. Pero es importante señalar que novela y ensayo no son más que una tarta del pastel editorial, y otros trozos antes jugosos, ahora están seriamente amenazados o directamente en vías de extinción.

jueves, enero 24, 2008

Yo también quiero un libro electrónico

Algo como esto:



Sacado de El futuro ¿posible o probable? del libro